martes, marzo 26, 2013

Añoranzas y realidad



La ciudad de calles pequeñas, de andar en bicicleta con poca ropa, como me gusta. El lugar de tanta libertad tan rica y acalorada a veces. Donde me deshice en lágrimas porque no entendía. Y no era la ciudad la razón de que no entendiera. Bien dicen que a dónde va uno sin uno mismo. Y es así.
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Me gustan éstos, mis últimos días con amigos y aventuras que a veces dejo de lado por vivir al lado del Dragón. Cintain de fuego bien me da la vida misma en sus manos y rodeadas por copos de algodón –y en crudo total también me la da–, pero se siente bien jugar a solas. Poner las manos en el fogón y saber que puedo, si quiero, irle a llenar de lodo cuando quiero. 

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Del otro lado supongo que la vida sigue, la gente camina por Argentona, Escorial o Verdi como si nada. Les llueve, porque es primavera. Les sopla un viento frío y delicioso. La vida sigue también de este lado y aprendo cada día que es así. Sueño superhéroes que regurgitan un ácido que derrite manos y piel, sueño casas enormes y atacantes de azotea en fraccionamientos inaccesibles y lejanos. La vida sigue, es así.

FOTICOS: Un mapa barcelones que me acompaña. No miro las calles. Miro el conjunto. Miro y recuerdo la vida sin recordarla y pensando cómo conseguir eso tan solo, esa felicidadcilla efímera y tangible al mismo tiempo. Añoranzas de mierda.

miércoles, marzo 20, 2013

Cagarla o morir




Vivo en una ciudad donde los aviones pasan tan cerca del concreto que es posible memorizar sus trayectos. Sorprende cuando te los topas yendo en contra de la ruta habitual: No buscan aterrizar aquí —aleluya—, sino que buscan salir o llegar a otro sitio que no es DF, lo cual, tengo que aceptar, sí me impacta. Alguna vez desde el terrado del edificio donde viví en el barrio de Gràcia, Barcelona, conté el tiempo a los aviones por aterrizar en El Prat; pasaban cada 15 minutos en promedio. Acá los intervalos no son de más de 10 minutos cuando mucho. Y vienen las preguntas obligadas: ¿A dónde va toda esa gente que aterriza en DF? ¿Qué vienen a hacer aquí? ¡Puaf! No logro comprender —perdón, perdón— qué vienen a hacer a esta puñetera ciudad de locos. Así que cuando me los topo de salida y no de entrada me sorprenden tanto como cuando alguien es amable en la calle, en el súper o en tu propia casa luego de ensuciar el piso de tu baño tras cambiar unos empaques en la ducha, porque es dura esta ciudad, es malacara, malparida y marica al mismo tiempo. Es algo así como que tiene las ventajas de una capital con los contras del tercer mundo.  Así de simple y siempre quise vivir aquí, siempre y creo que está bien cumplir el sueño, comprobar que no hay nada más que envidiar o esperar antes de partir y seguir de frente a otro lado. 

Todo esto pasa por mi cabeza, por mi corazón, por mí al tiempo que siento que es tiempo de romper la coraza y hacer algo de una puñetera vez. Ir y cagarla si eso. Ir y hacer. Ir y accionar el botón de inicio. O algo.

INSTANTÁNEAS: De los vuelos, de la azotea de esta covacha que es mi casa. Pequeñita y cálida, pequeñita y suficiente. Bueno, no, porque me urgen vistas y cielo. Una planta baja da para no fatigarse con escaleras, pero lo mío, lo mío, son las vistas monumentales o de menos las que permitan creer que hay otros cielos, otros mundos, otras vidas y así.


viernes, marzo 15, 2013

Aquí, es así: Bitácora de #soloenDF



Me levanto, hago mi meditación (15 minutos de pie apenas, que voy aprendiendo). Siento el frío que ha caído en DF desde hace unos días y que me recuerda que es todavía invierno: No puedo cantar de alegría, a la primavera le costará llegar así como vamos. Desayuno y me sigo congratulando del frío sabiendo por qué, quedándomelo para mí sola (¡anda dinos! Y no, que no digo nada). 

Todavía me sabe rara la vida en esta ciudad. Una ciudad demasiado herida. Se siente el dolor aquí y allá. El dolor de la pobreza, de la incultura, del no saber. Siento que todos asumen que así es la vida. La gran mayoría, he de corregir, y es así porque no tienen punto de comparación: La vida es así y punto, el cotidiano incluye ríos de gente en el metro, que no respetan tu espacio vital y que les importa una mierda si te están clavando el codo o la lata de refresco yendo en metro o microbús, porque es así la puta vida y punto.

Me da tristeza, pero lo entiendo todo. Entiendo al pobre ignorante que tiene que montarse el tinglado en plena banqueta para vender lo que sea: Tiene que comer. Y el hambre está cabrona. Eso yo lo aprendí en un contexto bien distinto. Me costaba 1 euro ver las caras de otros pobres que, como yo, éramos fieles asiduos al Lidl. Pero aquí es así. Y aquí no soy tan pobre, aunque sí. Casi que prefiero no venir a escribir esto, porque es mi país y es mi gente. Casi que mejor no hablo, ni respiro ni existo. Casi, pero no.

FELIZ: Al mal tiempo, buena cara. Total, si tengo qué calzar y qué comer y a quién amar, ¿qué más podría importar? Vaya reflexiones de tercer mundo.

martes, marzo 12, 2013

F de follón




Proyecto cómo salir del tedio y el hastío: Cambios quiero y pido, cambios para estar mejor. No importa si deba tirar balas y ser toda pasión. No importa, me puedo dar el gusto, darme el gasto. Armarlo. 

Adiós modo avión. Hola, urdimbre.

INSTANTES: De la casa de los padres. En un San Luis próximo, cercano.

jueves, marzo 07, 2013

Aromas y dragoncitos



Supongo que sí es cosa del DF que vaya la vida tan de prisa y se tenga esa sensación de que no se está viviendo nada: Sólo trabajar para una empresa que no da un duro por ti, pero que quiere tu sangre y vísceras. Es la pata de la que cojea el trabajo que no es brainless job. Y tengo de dónde comparar. A veces se me antoja hacer las maletas e irme a una ciudad con playa, porque extraño muchísimo vivir en un sitio con mar y arena. Otras, simplemente se me antoja hacer maletas y dejar tanto smog, además de ese sutil olor a mierda que a veces plaga todo el ambiente. Es literal: Hay días que el DF huele a mierda. Dios y los chilangos me perdonen por tener esta nariz. 

Por otra parte, San Luis Potosí me coquetea mucho. Me hace ojitos y me dice ven. Por qué no, yo digo. Pero lo cierto es que este año lo termino acá. Sea como sea, hay cositas por explorar todavía en DF y sí, tienen que ver con mi chamba.

Después de chorrocientos años logré averiguar cuál es mi Afore y cuánto llevo "ahorrado" para mi retiro. Si los empleadores no fueran tan hijoeputas tendría más, supongo, pero da igual, eso no va a cambiar. Yo sí. De ciudad, por ejemplo, juar. 

FOTÓGRAFO: Los amaneceres inundada de besos y abrazos, de mimos y caricias, esos me dicen ven y yo quiero, quiero tenerlos siempre. Estoy enamoradísima. Lo más bonito es que soy correspondidísima. O qué, ¿hermoso dragón? Mi dragón mola mogollón.