domingo, diciembre 30, 2012

La vida que pasa


Hay una ciudad que espera; otra, me tiene. Tengo sueño, sueños y tiempo para descansar. A nada, el final de un año que me gustó, a pesar de los golpes y los tragos amargos. 

Yo no soy de las que desea que el año se acabe ya, ni cuando pudo haber parecido que me fue de lo peor. No creo que el final de un año marque el final de un ciclo. Esos, van y vienen a placer. Así que no, no deseo que el 2012 se vaya a la verga, ni quiero que el 2013 esté aquí ya mismo. Todo a su tiempo.

Y no me detengo ni me congelo. Y me guardo el miedo de a poco. 

GRAFFITTI: La Atlántida en la Barceloneta una noche de verano del 2011. Me despido de este año con otra postal catalana. Desempolvar o morir. Eso hacemos que no queda de ostra.


1 comentario:

el7palabras dijo...

El miedo, como dice usted bien, querida Mariana, se guarda como el paracaídas, de a poco y doblando bien los recovecos y pliegues y seguros para que no haya sorpresas cuando se despliega de nueva cuenta.

Porque el miedo ayuda –casi como el paracaídas– a no darse en la madre.

Bueno, pinchi aborto de analogía pedorra, mejor queda ahí, como aquel lejanísimo 2012, que dios tenga en su gloria.

Que viva(mos) el 2013.
Con todo.