domingo, diciembre 30, 2012

La vida que pasa


Hay una ciudad que espera; otra, me tiene. Tengo sueño, sueños y tiempo para descansar. A nada, el final de un año que me gustó, a pesar de los golpes y los tragos amargos. 

Yo no soy de las que desea que el año se acabe ya, ni cuando pudo haber parecido que me fue de lo peor. No creo que el final de un año marque el final de un ciclo. Esos, van y vienen a placer. Así que no, no deseo que el 2012 se vaya a la verga, ni quiero que el 2013 esté aquí ya mismo. Todo a su tiempo.

Y no me detengo ni me congelo. Y me guardo el miedo de a poco. 

GRAFFITTI: La Atlántida en la Barceloneta una noche de verano del 2011. Me despido de este año con otra postal catalana. Desempolvar o morir. Eso hacemos que no queda de ostra.


miércoles, diciembre 26, 2012

Decembrero

Es diciembre y los días transcurren lentos: pasaron las navidades, pero las vacaciones persisten y nos recuerdan que existe el tiempo para procrastinar cualquier tema laboral para ocuparnos de ello en enero si acaso.

Me gusta esa languidez de los días, me encanta que el decorado permanezca casi igual, pero haya menos coches transitando por las calles, persianas cerradas y un calma casi total. Me encanta que sea tan difícil encontrar un taxi por las mañanas, que pueda ir en el colectivo al laburo, que no tenga que correr ni sentir estrés ninguno.

Diciembre se me resbala y casi se va. Me abre las puertas a mi cierre de ciclo, mi cierre personal. Me regala el asueto unos días, me deja, se va.

ANUNCIO: El hombre detrás del agua. Casi de casualidad y luego de un atracón de comida japonesa. Así las cosas por aquestos lares. Bien y de buenas, jo.

martes, diciembre 25, 2012

nostálgica.com



Hoy extrañé mucho a mi gran familia mexicano barcelonesa. Los eché mucho de menos haciendo piña en torno a una mesa llena de buenas viandas por el puro gusto de disfrutarnos, porque era así, reíamos, llorábamos, echábamos chal, mentábamos madres y refunfuñábamos en torno a nuestros hospederos catalanes a quienes queremos ya tanto.

Pasé una segunda Navidad en mi nueva ciudad y estuve rodeada de familia (no la mía, pero familia al fin), pero extrañé la familiaridad de esa gente que yo elegí para que fueran mis acompañantes en la vida, mis seres queridos por elección propia. Me sentí un pelín sola y sin recalentado navideño, pero agradecí a los dioses haber podido comer el más delicioso bacalao de los últimos tiempos. 

Elegí sacrificar las navidades con mi familia en el ranchito amado para poder disfrutar del último día del año con un chico de cabellos largos y besos de fuego que llegó a mi vida hace no mucho y me está pegando una revolcada emocional que no vean. Bueno, también en la cama, como el mejor de los amantes, lo cual me tiene contenta. Es así. Ya qué hace una.

Cuando conocí al chico éste supe casi de inmediato que se convertiría en alguien que cambiaría mi vida. No sabía cómo ni cuándo, pero sentí que no pasaría sin pena ni gloria. Me gusta mucho y no se parece en nada a mi prototipo de hombre: es moreno y lleva el cabello largo, pero me encanta que sea barbado y excéntrico para vestir. Único en su tipo, eso me encanta. Suspiros me arranca el hombre que, aunque casi de mi edad, se ve maduro, hombre pues. Me está enseñando un universo que no conocía y jamas me había ni siquiera preocupado por cuestionar. Eso me encanta: empezar a cuestionar costumbres y requerimentos sociales establecidos cuando pude creer que no había más nada que cuestionar en el camino del amor.

Intenso y hermoso, innovador y lleno de valentía, este hombre no podía pasar desapercibido. Tengo tanto que agradecerle a la vida.

Ya luego de este momento inspiracional total les vengo a contar cómo me fue en mi primer temascal. Ajá, Mariana va a temascales ahora. Y no, no soy hippie ni hostias, sólo esto un pelín enamorada y abierta a nuevas maneras de concebir la vida y así.

FLICKS: En el Boadas, en la Galería CMTV y en casa de Lulú, la última de las navidades catalanas. Los extraño, los quiero y añoro. Mi reino por pasar una temporada decembrina más en la bella Cataluña. Qué feliz era y qué feliz de tener todo eso vivido. Grandes, grandes amigos del alma.

miércoles, diciembre 19, 2012

Cul-de-sac


La mitad de las veces que siento que me topo con un callejón sin salida, no es así: tengo las mil y un posibilidades enfrente y a veces, como anoche, apesar del mal genio patrocinado por un premenstrual de mierda, salgo airosa porque elijo no sufrir.

Ha pasado demasiado en el último año, pero en positivo: amé vivir sola (y lo sigo amando); sobreviví la vuelta a una oficina y a la vida laboral ejerciendo mi profesión (y me sigue encantando), además de haber decidido no volver jamas nunca a repetir el horrible patrón de la dependencia emocional (y sí, sigo dando lata con el tema) y lo corono como uno de mis más grandes logros en mi experiencia de vida.

Usted, querido lector, también diga no a la dependencia emocional y emancípese de sus demonios, así como de usted mismo.

No hay callejones sin salida, sólo mucho miedo, pero hay más vida ;)

Y luego del momento Aplijsa, me voy a cenar con alguien muy, pero que muy especial al Mog (inserte aquí suspiros si gusta y llámeme una cursi de mierda). Creo que estoy algo así como un pelín enamorada.

LASTYEAR: Hace un año cenaba pozole sola en cualquier fonda. Hay cambios, ya no ceno sola, pero también me entraron ganitas de embarrarme de la mierda y lodo que flotan en el ambiente del DF. Ajá.

miércoles, diciembre 12, 2012

Misión: Salvaguardar el pellejo


Me es muy difícil trazar límites. Más difícil me es aún que las personas comprendan por qué lo hago, sin que esto quiera decir que no las quiero. Pero se traza límites para salvar la vida un poco, porque así como es necesario a veces ir y darse baños de pueblo, a veces no es cosa de dios permitirle al otro traspasar las fronteras del espacio vital.

El fin de semana fui al centro de un gran dolor, porque al delimitar mi territorio lastimé a alguien a quien quiero mucho, pero todo el tiempo tuve claro que no iba a poder ser de otra manera: siempre termino en el lugar en el que pedir respeto por mi espacio era mi única salvación. Esto no quiere decir nunca que no me haya dolido enormidades haber lastimado a mi paso. Y es un asunto que todavía tengo que resolver.

Siento que algo similar me está volviendo a suceder. A veces, la confianza, como bien dicen, apesta, porque nos lleva a transgredir espacios, límites, nos lleva a pensar que el otro necesita nuestro juicio de valor. Y es válido, por qué no, ir y decirle al otro qué opinamos de su vida, pero también es válido no aceptar ese rol de juez en el amigo, cuando sólo se está buscando alguien en quien confiar, alguien que te pueda escuchar, porque quizá ni una misma se entiende.

Siento mucho, pero mucho ser una intolerante de mierda y no aceptar según qué juicios y según qué chantajes. Pero es así: en esta casa no aceptamos hacernos responsables de los caprichos emocionales de nadie, incluyendo a los amigos, familiares y mascotas. Ahora sí que cada quien con su pan se lo coma y lave su ropita sucia en casa. 

El amor que se le tiene a la pareja, a los amigos, a la familia no es pase automático para aguantar cargas emocionales que no son de una. Yo ya me hago cargo de la mía. Y me está saliendo caro. Supongo que me estoy convirtiendo en algo así como una egoísta por conveniencia: quiero salvaguardar mi pellejo, porque si bien ya no estoy en el extranjero, en tierra propia bien se puede dormir muy cerca del enemigo. 

PIC: El estacionamiento de la Cineteca renovada. Ojalá un día pronto pueda encontrar boletos y entrar a sus bellas salas, como cuando fui estudiante becada acá en el DF, allá por el 2000, y me metía para ser la mejor procrastinadora del universo.

domingo, diciembre 09, 2012

Casi que viva


No tengo que hacer nada que no quiera, pero no estaría mal ensuciarme un poco de la ciudad que habito. Dejar la puta burbuja y vivir.

Llegué hasta esta conclusión luego de poder ver el encierro al que me he confinado voluntariamente, uno con muro de doble piel que hace las veces de escudo y lleva ahí mucho tiempo. Barcelona tiene todo qué ver, aunque la obra lleve mi firma al calce. No me niego.

Ensuciarme, salir, patear las calles, encontrar mi sitio. Y no lo hago, no lo he hecho en poco más de un año. Estoy quieta, tan quieta desde hace tanto, con miedo y dolor. He llegado a sentir que estoy como muerta en vida: casi que no siento, casi que nada me sorprende y casi que no me muevo. Algunas veces llegué a sentir que me iba quedando sin aliento hasta dejar casi de respirar. El casi me salva y ya es tiempo de que sea yo quien me salve por completo. O casi.

No sé cuánto tiempo más viva el duelo por cambiar de ciudad, por dejar toda mi vida catalana: se llega a querer mucho a los refugios también, como a los captores se les puede querer a veces.

Poco a poco voy haciendo: ya amo con locura y pasión comer nopales y cecina de Yecapixtla. Supongo que cuenta como avance, ¿no? Y, en particular, me gusta mucho un hombre del DF. Cero y van tres.

FLICK: A las afueras del Metro División del Norte y de mi caminata entre la estación Parque de los Venados, de la flamante Línea Dorada, y mi casa. Ésta naciente línea me transportó a un sitio en particular y me recordó a Barcelona. Pensé en irme a deambular por sus estaciones de sentirme nostálgica. ¡Los vagones son igualitos a los de allá! Jum.