martes, noviembre 06, 2012

Menguar


Hoy compré una nueva almohada de plumas en el súper. Cociné un par de bisteces en poco menos de un litro de agua. Aparte, las verduras: espinaca, champiñones, brócolis. Maté un total de 3 cucarachas y sacudí la parte superior del refrigerador para evitar su presencia. Bailé, canté, me tomé la foto que acompaña este post y creí que era invencible, que el sueño no me alcanzaría, hasta que lo hizo. Leí un poco de Los Enamorados, de Javier Marías, el libro por el cual rechazó un importante premio acompañado de una importante cantidad de dinero. Pensé en mi tío, en por qué no lo he podido ver. Recordé mi vida en Barcelona. Visualicé el piso del carrer de Sors y a María, la vegetariana loca que no supe comprender en su momento. Tuve claro, al pensar en ella, que nunca podría dejar de comer carne o huevos o algún producto proveniente de un ser con ojos, pero la recordé flaquísima por hacer desintoxicaciones y curaciones del cuerpo dejando de comer según qué alimentos, tal y como hago ahora: no lácteos, no trigo, no azúcar, no alcohol, no café ni estimulantes. Llevo mes y medio; me quedan poco menos de 2 meses. Empecé con 66 kilos, ya voy en 61. Y faltan un pelín más yo creo. Extrañé eso que he perdido y sentí su ausencia en los shorts que vestía. Una talla o así he menguado. Menguar. Dejar pasar. Soltar. Eso es la libertad. No querer controlar, no querer poseer, no querer asfixiar o aplastar como a un tomate que sostienes con la mano. No depender ni de tus vicios, antojos o de tu respectivo en turno.

I[ZOMBIE]YOU: Acorde con las festividades, con la moda de los muertos vivientes. No soy fan de estas criaturas, pero sí de la zombie ésta en Tiffany's. Qué muera esa imagen puesta en mi cabeza. Qué muera el deseo por el anillo. Y no sé, lo dudo. Mi deseo por la cárcel, por el contrato, aflora con demasiada frecuencia. Procesos que le dicen. Aprendizajes que hacen falta completar.

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