jueves, noviembre 22, 2012

Manías, como el amor



El amor, esa manía. Mientras tanto, me duele el cuerpo, las entrañas. Como si de nomás desear engendrar, me viniera el cólico más hijoeputa para recordarme que los hijos duelen todo el puñetero camino. 

Y es que en mi eterna procrastinación se me ocurren cosas como agujerear un preservativo y darlo por bueno a la hora de follar. ¿Cómo para qué, se preguntará usted, amable lector? Pues son de las 25,500 pendejadas que se me ocurren por hora.  Pero es así, a veces pienso en cómo sería tener un hijo o hija: si saldría feo, roto, descompuesto o hippie, aunque entonces ya no quiero. 

En otras banalidades, estoy dejando las gafas por las lentillas y me he gastado demasiada pasta en demasiadas cosas que no tenía, pero me quiero gastar más en cosas que aún me hacen falta, así como para completar un episodio más de mujer, casos de la vida real.

También: soñé que Tomás se moría y en mi casa era su velorio. Todo terminaba con un ataque de ansiedad en el que casi no podía respirar. Y fue tema de terapia. Pienso mucho en él últimamente y me encantaría topármelo por la calle o en un mail que jamas nunca llegará ni de ida, ni de vuelta. El resto será soñado y nada más. Él sí que ya tiene la hija y la esposa en quienes pensar.

LUCES: Se mueven como yo quisiera. Esto viviendo uno de los capítulos más extraños de "Mariana en la ciudad", con cambios en el cuerpo, con constantes cuestionamientos, con nuevos conocidos, con viejos ex amantes y una vuelta de tuerca a la antigua usanza de lo que vienen siendo la típica relación. Soltar y no poseer son dos de las cosas más difíciles, pero lo sigo intentando. Ash. 

No hay comentarios.: