miércoles, noviembre 28, 2012

Compañero de viaje


Va y viene. En los últimos días vino demasiado. Soñé su muerte y lo soñé embelezado por mi. Pero también sueño con su esposa y también recuerdo los tragos más amargos. El próximo enero serán 7 años desde que se fue casi para siempre, así que supongo que es ya demasiado tiempo como para guardarlo con tanto cuidado ahí adentro. Es y será parte de mi vida: buen bailador, cocinero, excelente relaciones públicas y aunque por instantes pararme en su recuerdo me lleve casi al llanto, entiendo por qué no está aquí. No podía ser de otra forma y está bien así. Sólo me pregunto por qué no lo dejo de extrañar tanto algunas veces. En terapia es fácil entender que lo utilicé casi desde el principio y cómo decidí que sería mi derrotero porque no tenía más ganas de hacer yo sola mi vida y él tenía muchas ganas de convertirme en la reina de su castillo. En fin, los colores de la codependencia también pintan las paredes de las más "bonitas" historias de amor. 

Se ve que se ha quedado casi sin pelo y que está entregado a ser padre. ¿Seguirá oliendo a lo mismo? Y sus manos pequeñas, sus pies perfectos. El tatuaje de la espalda. Todo está ahí, en algún sitio. En mi memoria está parcialmente desdibujado. Sus besos tan perfectos, su manera de hacerme ir. Todo eso estuvo ahí. ¿Por qué lo dejé por Barcelona? Porque tenía que ser así: ya lo había dejado tantas veces antes y por quién y por qué, porque sólo lo estaba utilizando. Tendrían que dar panfletos en la calle acerca de cómo la codependencia se paga tan caro.

Es terminar siempre en el mismo lugar, por más explicaciones que quiera encontrarle a la triste historia de cómo perdí al mejor de los partidos. No quiero ser codependencia de nadie, pero tampoco quiero una para mí. No quiero que cambien de país para estar conmigo, ni que mientan diciendo que aguardarán mi regreso del extranjero un año después. Así que lloramos si todo eso quedó tan lejos, pero estamos mejor así. Y equipamos la nevera. Ya si llega alguien especial a querernos acompañar en el camino de aprendizaje, será bienvenido. Nada más.

HOTEL: Sobre San Luis Potosí con un nublado fenomenal y con mejor compañía aún. Y más libre que nunca.

martes, noviembre 27, 2012

Credo



Cuando se trata de amor, no sé en qué creer. Tanto tiempo viviendo en la codependencia total, me hace dudar mucho de que es y qué no es amor. A la primera de cambios brinco, porque me da miedo que eso que veladamente parecería un cariñoso gesto, pueda ser la más sutil de las manipulaciones, patrocinio directo de mi ex, Alejandro. Y yo, a mi vez, no quiero ser codependencia de nadie. Quiero ser libre, pero también quiero pensar en poder construir de verdad un vínculo, si no permanente, sí duradero. Creo que antes que se abra la puerta de una relación de dos, para que sean tres o cuatro, tienen que estar bien plantados los cimientos. Creo también que el amor se debe sentir y debe ser más fuerte que la sensación de cualquier egoísmo natural en las personas. Creo en mi intuición y por eso me voy con tanto cuidado buscando las pistas que me indiquen si puedo creer y confiar. Y voy a seguir las indicaciones de esa alerta, porque no puede estar equivocada. Casi que nunca lo ha estado. Que yo no haya querido aceptar que las cosas han sido así, es otra cosa.

Quiero también que se trate de amor y quiero sentirme amada. Quiero sentir eso por lo menos una vez más, porque lo he visto en algunos ojos y he creído que lo sentía yo también. Y quiero no extrañar eso, sino sentir sólo lo que haya en el presente.  

Y después de estas fuertes declaraciones, me quedo más tranquila. ¡Ah! Tampoco voy a ser satélite de nadie ni me voy a subir al tren de otros. Yo ya no hago eso, porque estoy segura que los que se han de encontrar, andarán en caminos muy similares.

PIEL: Dicen que estoy desarrollando una dependencia con mi terapeuta. Yo digo que bendito dios que está ahí alguien que lo tiene un poco claro y me puede aclarar cuando pierdo a todas luces el norte. No me va a salir más caro el remedio que la enfermedad, eso seguro. Ya qué le hacemos.

jueves, noviembre 22, 2012

Manías, como el amor



El amor, esa manía. Mientras tanto, me duele el cuerpo, las entrañas. Como si de nomás desear engendrar, me viniera el cólico más hijoeputa para recordarme que los hijos duelen todo el puñetero camino. 

Y es que en mi eterna procrastinación se me ocurren cosas como agujerear un preservativo y darlo por bueno a la hora de follar. ¿Cómo para qué, se preguntará usted, amable lector? Pues son de las 25,500 pendejadas que se me ocurren por hora.  Pero es así, a veces pienso en cómo sería tener un hijo o hija: si saldría feo, roto, descompuesto o hippie, aunque entonces ya no quiero. 

En otras banalidades, estoy dejando las gafas por las lentillas y me he gastado demasiada pasta en demasiadas cosas que no tenía, pero me quiero gastar más en cosas que aún me hacen falta, así como para completar un episodio más de mujer, casos de la vida real.

También: soñé que Tomás se moría y en mi casa era su velorio. Todo terminaba con un ataque de ansiedad en el que casi no podía respirar. Y fue tema de terapia. Pienso mucho en él últimamente y me encantaría topármelo por la calle o en un mail que jamas nunca llegará ni de ida, ni de vuelta. El resto será soñado y nada más. Él sí que ya tiene la hija y la esposa en quienes pensar.

LUCES: Se mueven como yo quisiera. Esto viviendo uno de los capítulos más extraños de "Mariana en la ciudad", con cambios en el cuerpo, con constantes cuestionamientos, con nuevos conocidos, con viejos ex amantes y una vuelta de tuerca a la antigua usanza de lo que vienen siendo la típica relación. Soltar y no poseer son dos de las cosas más difíciles, pero lo sigo intentando. Ash. 

martes, noviembre 20, 2012

Agallas



No es que piense que es una pérdida de tiempo, pero a veces me pasa que siento que venir y escribir aquí es una tomadura de pelo básicamente porque me he vuelto una aburrida que apenas puede balbucear entre líneas lo que le pasa. Temo la cercanía con algo que considero demasiado y que es la opinión de los demás. Entonces vengo y me hago tonta y no hablo de cosas que realmente podrían ser divertidas hasta el cansancio como maldecir a según quién de la oficina y detallar el sinnúmero de razones por las que me parece la persona más hijoeputa del universo, además del mal gusto que tiene para vestir y del mal aliento que porta. Es así: me importa que venga un día por aquí y lea lo que pienso de ella. Soy una marica.

También me he vuelto una marica para venir y contar lo que realmente creo y pienso de los vínculos afectivos que he establecido en el último año. Vamos, siempre ha existido ese miedo a que el significant other en turno venga y constate lo que puedo llegar a pensar de él -o ella en su caso-, lo cual sí, es ridículo pero me importa. Me cago en todo.

Así que no vengo, no escribo. No alimento algo que tanta felicidad me ha dado, tanta satisfacción, tantos nuevos vínculos, tantas ilusiones. Vaya tela.

Extraño ese, mi estátus de anónima y completa desconocida ahora mismo, cuando apenas estoy logrando afianzar algunos buenos vínculos amistosos y/o románticos alrededor mío, lo cual también me importa, necesito tener amigos y gente en la que pueda confiar. Ni que fuera de palo.

Y así la vida en esta isla. No sabemos yo y todas las Marianas que habitan este mundo qué será lo que vendrá. Si venga y espepite un día todo lo que se cuece en mi interior o si le siga haciendo al marica y me esconda detrás de palabras bonitas e historias de antaño o en mis logros terapeúticos y blah, blah, blah.

A ver. Hagan sus apuestas, que en el fondo, tengo de marica lo que tengo de varón.

CINE: De la noche en la que ilusamente creí que encontraría un boleto para una de las funciones más demandadas en la muestra internacional en la Cineteca. Venga, que somos 12 millones en esta puta ciudad Mariana ¬¬

martes, noviembre 13, 2012

Las historias y el té


Tengo historias en el tintero del alma que no me gustaría ni imaginar para que sí fueran ciertas. Aguanto el aire para el buceo de esta noche, antes de conciliar el sueño. Luego me pasa que fantaseo con lugares y gente que se llevan a vivir ahí a sus esposas y nunca a mí. No quiero ser "esposa", pero sí la protagonista de mi propia historia. Ése, mi ego, quiere el script para él solito, aunque se trate de un té para tres o cuatro.

RAYAS: En homenaje a la Pablo, que con sus fotos me ha cautivado. Ese misterio da a pensar si uno se la ha topado o no en la calle. 

martes, noviembre 06, 2012

Menguar


Hoy compré una nueva almohada de plumas en el súper. Cociné un par de bisteces en poco menos de un litro de agua. Aparte, las verduras: espinaca, champiñones, brócolis. Maté un total de 3 cucarachas y sacudí la parte superior del refrigerador para evitar su presencia. Bailé, canté, me tomé la foto que acompaña este post y creí que era invencible, que el sueño no me alcanzaría, hasta que lo hizo. Leí un poco de Los Enamorados, de Javier Marías, el libro por el cual rechazó un importante premio acompañado de una importante cantidad de dinero. Pensé en mi tío, en por qué no lo he podido ver. Recordé mi vida en Barcelona. Visualicé el piso del carrer de Sors y a María, la vegetariana loca que no supe comprender en su momento. Tuve claro, al pensar en ella, que nunca podría dejar de comer carne o huevos o algún producto proveniente de un ser con ojos, pero la recordé flaquísima por hacer desintoxicaciones y curaciones del cuerpo dejando de comer según qué alimentos, tal y como hago ahora: no lácteos, no trigo, no azúcar, no alcohol, no café ni estimulantes. Llevo mes y medio; me quedan poco menos de 2 meses. Empecé con 66 kilos, ya voy en 61. Y faltan un pelín más yo creo. Extrañé eso que he perdido y sentí su ausencia en los shorts que vestía. Una talla o así he menguado. Menguar. Dejar pasar. Soltar. Eso es la libertad. No querer controlar, no querer poseer, no querer asfixiar o aplastar como a un tomate que sostienes con la mano. No depender ni de tus vicios, antojos o de tu respectivo en turno.

I[ZOMBIE]YOU: Acorde con las festividades, con la moda de los muertos vivientes. No soy fan de estas criaturas, pero sí de la zombie ésta en Tiffany's. Qué muera esa imagen puesta en mi cabeza. Qué muera el deseo por el anillo. Y no sé, lo dudo. Mi deseo por la cárcel, por el contrato, aflora con demasiada frecuencia. Procesos que le dicen. Aprendizajes que hacen falta completar.