sábado, septiembre 08, 2012

Página blanca


Me subí a un Clío azul marino y recordé exactamente el momento y el lugar: el Bar Calavera en pleno 2004. Vivía en un edificio gris en la esquina de Morelos y Atenas, a sólo una cuadra del más típico lugar de encuentro. Compartía el departamento con Lulú y casi no teníamos muebles, pero sí energía para irnos al bar cada jueves sin fallar, como si nos fueran a poner falta. Podías ir en miércoles, pero estaba semi desierto. Aún así me lo podía encontrar, bebiendo ron con Mario o Katia yendo yo acompañada de algún ligue del momento con quien me sentía segura porque no tenía que follar. Y así se lo decía y así me ponía los ojos de plato y así pasaba a despedirse de mí con un besazo en la mejilla. Hacía cosas que yo no entendí hasta mucho tiempo después como el cortejo que eran, uno demasiado ténue, quizá, o suficiente para que terminara todo como terminó.

Llegué a topármelo con su actual esposa y logré arrebatárselo entonces, por un rato, sin importar que yo fuera con el causante de muchas de mis lágrimas que su hombro bebió. Con ese lío, ni cómo.

Y todo por subirme a un Clío azul marino ayer y porque la noche de este sábado fue la última de El Calavera después de 12 años de servicio.

Y no, no tenía que haber estado ahí para ponerle candado a los recuerdos que ya sólo están ahí acompañando. Es raro saberlo así, pero me alegro: por fin la paz, por fin pasear por la calle de Querétaro o Nicolás San Juan y sólo repasar sin machacarme más no haber sido la mujer, la esposa.

Cómo es que no existen pasadores de página a domicilio, tanto que me hubiera ahorrado.

BANGS: El flequillo éste que tanto me encanta, una mierda de flequillo para mantener. Sobre todo si te trasquilan y cobran 280 pesos por una "obra de arte" que no le deseas ni a tu peor enemigo. ¡Me cago en tó!

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