jueves, septiembre 27, 2012

Barcelona, mi amor


La crisis en España me duele, por la gente querida que dejé ahí. Y porque al prestarme casa por algunos años en Barcelona se ganó mi cariño y un montón de sentimientos más, encontrados muchos de ellos, pero como sea, tiene un cacho de mi corazón. Gracias a dios, al cielo, a la conciencia de quién soy y en dónde estoy parada (además de toneladas de terapia que no tienen para cuándo terminar) y al tiempo, que veloz pasa, no tengo particularmente presentes los últimos días que por angas (llámese Alejandro) o  por mangas (la incertidumbre de aquellos momentos) no fueron del todo gratos. 

Ahí estaba hace un año justo haciendo maletas, peleándome con los kilos extras del equipaje, despidiéndome de los bocatas de jamón serrano o jamón dulce con queso semi seco con pan tomaquet, de mis amigos que fueron (y son) familia esos largos años de autoexilio.

Gracioso es que hoy, como hace un año, no voy a poder beber una gota de alcohol (mentira podrida, el año pasado burlé a la "autoridad" y me tomé unas buenas cañas) para celebrar el aniversario del cambio, de mis primeros 365 días de sobrevivir al DF; entonces porque mi ex me lo prohibió sutilmente, ahora porque he emprendido un programa de desintoxicación para equilibrar el metabolismo de mi cuerpo.

Y ahí está, Barcelona, haciendo palpitar mi corazón desde lejos. Me duele, porque sé que sufre una crisis despiadada, porque tiene hambre de justicia. 

Acá no es que sea un lecho de rosas. Al mes que aterricé tuve trabajo, un mes más tarde ya vivía sola. Pero hoy tengo un presidente "electo" que no me hace ni puta gracia y una propuesta de reforma laboral que suena más a perjuicio de los trabajadores que a otra cosa.

En otros asuntos, me enteré que Alejandro tiene novia y lo lamenté muchísimo, me dieron ganas de correr y decirle "huye, cuídate, protégete de él", pero qué puto caso me haría a mí (nadie escarmienta en cabeza ajena), a quien seguro han pintado como una ex novia ardida o dolida o algo (bajita la mano). Pero qué va. Pobrecita y que no digan que no dije que aguas o que al menos lo intenté.

Vaya enganche y vaya tela. Alguien alguna vez me dijo que los "barquitos" salían caros, porque te cobraban el doble el remolque. Y así es: por ser puta veleta, me ha costado casi la vida, en los diferentes casos, librar las experiencias.

Eso sí, háganle como quieran: sigo viva.

POSTAL: Desde el Park Güell, hasta la Barceloneta. Con su cuadrado Eixample o su rebuscado barrio de Gràcia. A Barcelona la bella la extraño. Un año, y contando, sin ti.

4 comentarios:

¡Oh nena! dijo...

Al final no todas fueron pérdidas,está el aprendizaje, y como bien dices, sigues de pie.
Miles de abrazos Mariana.

JULY dijo...

ooooooh hace un año ya, duele el corazón y dolerá creo que siempre, la nostalgia está cabrona.
Y entiendo perfectamente el querer salvaguardar la entereza de otra víctima, entiéndase como protección de género, pero como dices, uno quedaría como el más ardido y metiche. Te quiero Marianita, ya quiero verte... besos

mariana m* dijo...

De pie, caída, como sea, sigo tirando. Pero ya no quiero tirar pa'lante, quiero ir segura y directa a donde quiera ir. He ahí el problema, a dónde ir: el compromiso por sostenerse, en eso trabajo hoy día.

Chicas, gracias por pasarse por aquí. No sé por qué siento que desde que emigré de nuevo a la patria, se me ha quedado tan solo este lugar. En fin. Yo sigo ;)

JULY dijo...

Jo! yo he sentido igualito con mi blog. Como que siento que en Barcelonita bella una tenía más aventuras... o como que yo veía como magnífico algo tan común.. y ahora veo como aburrido lo común. No sé.