martes, agosto 07, 2012

Verdugo


Siempre lo he sabido: se es tapete hasta que uno quiere.  El problema, o no, de ser tapete es que te pueden beber, tirar, levantar, golpear hasta que caes de nuevo, hacer sanar tus heridas, amarte hasta que vuelves a creer... sólo para hacer todo otra vez.

Llegué al punto en que pensé que jamas volvería a ser eso. También llegué al punto en el que tengo la certeza de cuándo estoy a punto de serlo. Y no sé qué va a suceder. En verdad, no sé. No tengo ni idea si el siguiente paso será escupirme por la borda o tomarme por sopresa. No sé. Me estoy quedando de espectadora viendo al cazador hacer esa especie de acto dulce de cacería, plagado de sutiles halagos, de mortíferos dardos al ego que también sé tirar muy bien.

Ignoro si voy a jugar, si ya estoy jugando. No podría saber si es en sí un juego o la más inocente treta de la vida haciéndome dudar por el puro gusto de hacer saltar mi encefalograma plano.

Ni acabar de decir "yo no lo pedí, no es mío", para desear todo eso de lo que vengo huyendo desde hace tantos años. 

Parece que si no es un patrón, es el otro, pero en todos el verdugo soy yo misma.

SOUP: Miso, para el alma de esta pobre chica que peca de monja porque necesita urgentemente una actualización. Venga, que la vida sea buena y se la dé, que las técnicas y perversiones 2.0 la tienen muy abandonada.

2 comentarios:

¡Oh nena! dijo...

Muy fuerte eso de aceptar que uno mismo es su propio verdugo. Nunca antes lo vi así, gracias Mariana, me ha caído un 20.

mariana m* dijo...

Pues no sé si sea lo correcto, pero sí creo que uno, es su propio límite. Ni hablar, a aprender y a aplicar los cambios tras lo aprendido.