sábado, junio 23, 2012

Verano que viene


En resumidas cuentas: los machines deberían enviar flores como sms o mails quejosos. No sé, les voy a escribir una guía de "Cómo ligar en tiempos modernos" o algo así. 

Luego, hablando de quejosos, me señaló la señorita de NTQVCA que yo parezco una. Y pensé: quizá sí, pero no está tan mal la cosa. 

Si bien considero la acción de quejarse como un deporte, hay días y días. Quienes me viven a diario, lo saben. Un día puedo trinar de alegría, otros no tanto. Incluso me he llegado a llamar "quejosiraptor", no tengo empacho en admitirlo. Lo que sí es inevitable es la eterna comparación y reflexión de la ciudad como escenario, como espacio: la de México, me van a disculpar, pero es de a tiro rejega, difícil para vivirla plenamente, para disfrutarla, pero me queda claro que son cuestiones del tercer mundo que hay que trabajar mucho para cambiar. Al igual que la educación vial. Como peatón, lucho día a día porque me respeten los automovilistas rabiosos, porque no quiero ser una transeúnte rabiosa y malhumorada. 

Podría escribir un tratado al respecto, pero mejor, me lo guardo, porque calladita me veo más bonita.

Con el inicio del verano (hoy se festejó el Sant Joan en Cataluña), que no es más el verano que viví los últimos 6 años -lleno de sol, playa, festividad, humedad, cañas y tapeo-, me doy cuenta que me encanta esta ciudad en la que ahora elegí vivir. Siempre, desde muy niña, quise volver y hacerla mi casa. Me encantan los días lluviosos, los charcos en el camino, los cables como metáfora de las complicaciones en la vida. 

Sin la experiencia chilanga, mi vida ya no sería la misma, he dicho.

CHARCA: Fascinantes estos espejos callejeros. Sueño con tomar una foto preciosa del mundo reflejado en un charco. 

2 comentarios:

el7palabras dijo...

Aitá su foto. Namás creo que es muy exigente.

Y ditto, ya nos hallaremos en un pecero. ¿O es pesero?

Eve*kamikaze* dijo...

Mujer, yo también me echo siempre un tirito con los automovilistas, esos animales. Hace no mucho apliqué la de aventarle tomates a los que se pasaban los altos. Unos se me pusieron bien pederos, otros ni se inmutaban, otros pidieron disculpas. Me encantaría decir que es parte del encanto de esta ciudad, pero la verdad, es un escenario nefasto.

En otro temas, creo que ya te había comentado que tus fotos de reflejos sobre el asfalto me rayan. Y de ese sueño que tienes; la foto puede ser bella sin que lo que ella refleja también lo sea. Total, el mundo no es más que una ilusión. Y me parece que tú sólo percibirías figuras bellas, puesto que son lo que persigues, lo que configuras en tu cabecita.
Un abrazo grande.