martes, junio 12, 2012

Gracias, pero no gracias





Y al filo del abismo, encontrar la palabra que es remanso y continuar. Callada o parlanchina, pero así, adelante. Con ganas de decir que sí, aunque sea de vez en cuando voy y miro en qué anda Alejandro, que sé que corre triatlones igual que hizo Tomás cuando lo dejamos. Ya saben: ¿quieren correr triatlones? Pónganse y déjenlo conmigo. Que no me meto a averiguar de Tomás, porque se vuelve rey de mis sueños; con todo y la esposa va y se convierte en tema del psicoanálisis. Es demasiada pasta como para ir y pensar en por qué aún se mete ahí, así que para qué ir a verlo onlinemente, ya con pasar por Yucatán cada tanto, tengo. 

Así las ganas. Ganas de decir: sí, me he topado con un norteño, de Mexicalli, pero norteño, que está de paso por la ciudad y me hizo muy feliz. No más. Porque no hay más y porque sí quiero más: justo lo que ahí no hay. Lo que quiero está un poco lejos y, si bien es probable que no sea como lo imagino, por lo poco que lo "conozco", la ilusión gana. Como aquello de "verbo mata carita".

Pero como para qué tanto decir o no. Si al final me encanta la paz ésta que reposa en mí. Ya me volví una viejorra que es más feliz en paz que penando por amor. Así que no, no voy y me enamoro de quien no se puede. Ya paredes viví muchas. Las quise saltar y así. Y agradezco, pero no gracias. Ni con las canas o la sonrisa me hacen como para babear gratuitamente. 

Cuando estar sola se vuelve demasiado bello que da miedo.

VÍDEO: Y no, no hay que rendirse. La mayoría de las veces pareciera que tendría que ser así; no sé por qué ahora no luce como una catástrofe. No es temor, es resguardo, cuidado. La dificultad que se avisora de encontrar las piezas de refacción cuando se es modelo 77. Eso más que nada.

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