miércoles, mayo 30, 2012

Jabata




Luego de una INTENSA semana en la que me lloviera en la chamba, de resistir cual jabata, apenas un día de tregua total me sirvió para sentirme medio relajada, cómoda, a gusto. No es que no quiera dar detalles, porque ME ENCANTARÍA darlos todos, pero la prudencia toca a mi puerta. Sólo voy a decir tres cosas: 

1) Trabajar con según qué mujeres, es muy, pero muy difícil a veces. En mi experiencia laboral en el hostal, me tocó tener que lidiar con alguna fémina ya entrada en el cuarto piso, con la frustración a flor de piel porque nadie la contrataba en ninguna empresa por más aplicaciones que hacía (era la hermana de uno de los socios, por eso estaba ahí) y no la contrataban básicamente porque estaba como una cabra. Lo más seguro es que cuando le hacían los exámenes psicológicos o las entrevistas en recursos humanos veían que tenían en frente a una persona por demás difícil de tratar, con problemas de comunicación, asertividad nula y con un carácter de mierda: el sexo era aquella promesa incumplida por la puta vida. Hagan cuentas. 

 2) Los ambientes que se generan a partir de berrinches o rabietas de este tipo de personajes son densos, si no es que lo que sigue. Son especialistas en patrocinar dolores de cabeza con esa linda tensión que crean a su alrededor, la cual podría cortarse con hacha apenas. 

3) El problema es que, por lo menos a mí, me bajan la pila y la moral, entre otras cosas. Creo que son como la gente pasivo-agresiva: un cáncer que se te va metiendo sin que te des cuenta hasta acabar contigo, con la felicidad, con las cosas buenas y positivas. Sí, estoy pecando de exagerada, pero una tiene que cuidarse el doble y practicar un kendo de actitudes, para sobrevivir, para que no nos cargue la chingada. 

Empero, conmigo, la vida es buena. Si bien no me da un muchacho, me pone en la senda del trabajo, de la dedicación, ajá. Es buena, a secas. Así las cosas. Yo, bien y de buenas y manteniendo el espíritu en alto. Ajá. ¡Las pinches viejas! ¡Me cago en tó!

CIELO: Ahí arriba estaba ese precioso panorama aborregado, extendido, justo antes de llegar a la puta oficina y escuchar algo más que ladridos.

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