lunes, diciembre 19, 2011

Objetos perdidos



Alejandro alguna vez me dijo que no era normal estar rodeado de pura gente que bebía o se drogaba como algo cotidiano. Yo pensaba que lo que no podía ser normal era estar al lado de alguien capaz de herir a su paso, como si el uso de la violencia psicológica fuera natural incluso. Me pregunto qué y cómo creció Alejandro para ser lo que es. Vamos, que yo sé qué y cómo crecí, sé de qué pie cojeo y me dispongo a entenderlo más y mejor yendo a terapia antes de siquiera volverme a relacionar con nadie. Y me pregunto esas cosas sólo porque no puedo concebir su manera de llevar el duelo de la relación. No la entiendo, pero lo respeto. Ya nos tiró algo más que un decálogo de reglas (qué raro que tire reglas al mundo el señor), qué es lo que tiene que hacer o no hacer aquella que quiera probar sus mieles. Leí mucha misoginia, sentí horrible, como una afrenta y no, no es que me lo tome personal, es que me sorprende saber que estuve ahí, con él, soportando mi propio decálogo, sobrellevándolo como si fuera algo normal y cotidiano. 

Pienso mucho en Alejandro, pienso mucho en Tomás. Pienso en los leggins negros que no encuentro por ninguna parte. Pienso en las paqui beer. Pienso en la comodidad y paz del Putxet. Pienso en la vida que no tuve con Tomás. Pienso en el anillo que nunca me dio. Pienso en volver desesperadamente a Barcelona. Pienso en el pijama de invierno que eché en el contenedor y no entiendo por qué lo hice si ahora hace tanto frío.

Hay días que pienso en escribirle a Alejandro una carta, así como pienso marcarle a Tomás para decirle que estoy viviendo en el DF. Totalmente innecesario. De enviarle la misiva, diría algo así como "siento mucho no haberte amado, no haber correspondido el sentimiento. Te agradezco mucho todo lo que hiciste por mí, sin tu apoyo económico, no habría podido sobrevivir el último año en Barcelona". O algo así. A Tomás no voy a marcarle nunca, que no cunda el pánico. Sólo lo voy a soñar hasta cansarme, hasta resolver el conflicto o hasta no sentirme tan sola en esta ciudad.

FLICKY: En mi camino al trabajo, el nuevo camino al trabajo, me encuentro con un arbusto pleno de flores rojizas. Ya no más iglesia del señor de brazos abiertos. Extraño ese otro camino, así que de repente me paso por el puente peatonal para verlo otra vez. Estamos de luto, estamos atravesando el espinoso camino de readaptarse al viejo mundo, que es el nuevo, ironías de la vida. Hoy creí lo que dice Mandarina, hay que matar a veces para seguir adelante. Aunque matar Barcelona me parece todavía algo muy cruel.

NOTA: Por cierto, qué bonita puede parecer una mariposa gris cerca de algo tan radiante y bello. Increíble. Otra vez, pensando en Alejandro.

miércoles, diciembre 14, 2011

Pobre en la ciudad




























Estaría muerta si fuera usuaria frecuente de los medios de transporte del DF, porque no es lo mismo morirse de hambre en Barcelona que aquí. Vamos, que tuve que pillar el Metrobús para llegar a un puto Coppel, no me pregunten por qué, y se me ocurrió, valiente inocencia, hacerlo al filo de las 18:30 horas. Pasaron, fácil, unos 25 metrobuses, uno tras otro desfilaron ante mi, vacíos los que no me servían, porque no iban para Indios Verdes, esos iban para Tepalcates, así que opté por cambiar la ruta. Iba con mi tostador bajo el brazo, porque ¡si! ¡Gané un tostador en la rifa de la chamba! Así que peor, con tostador en mano, fue peor que muerte anunciada. 

Para cuando llegué a mi destino, me temblaba el brazo, la mano, el ojo, más tarde me tembló el alma, porque los idiotas de Coppel, como era de esperarse, se rehusaron a darme un dinero que sí me correspondía, porque faltaba uno de mis nombres en su sistema. Salí, casi, casi llorando. Temblaba y deseaba sentarme a llorar. Respiré hondo y pensé, de menos ya no me toca Metrobús, nomás Metro. Me envalentoné y llegué a casa, esta vez no tocó ir como en lata de sardinas, nomás medio camino lidiando con el vaivén, con la gente, puta gente, con su puta mala educación y gamberrismo. Amé llegar a casa. Me comí la comida que no comí al medio día, porque sí, hoy me hicieron el día. Empecé tempranito, para luego derrapar en errores de tags y en no reparar que OTRA PUTA VEZ Peña Nieto la cagó, OTRA PUÑETERA VEZ. Porque cada vez que este idiota la caga todo el mundo se regodea de su idiotez en Twitter. Yo lloro, porque si como hoy, estaba yo con los muertos en Chilpancingo, los de la Normal de Ayotzinapa y no me entero, qué cagadero.

Y ya.

MEDIA LUZ: No es lo mismo. En Barcelona con 1 eurito me compraba algo pa' tragar, verdad de dios. Acá, con 1 pesito, quedará hacerse rico, digo, acariciarse o así, como decía mi verde ex, pero nada más. Por cierto, qué gordito me cae mi ex éste ligando babosamente con la Pablo del alma, la que escribe bonito, toma fotos bonitas y así. Pero no voy a decir más. Él sabe exactamente lo que significa. Y sí, cómo me cae gordo. Las palmas en pasivo-agresividad, las palmas total. Pero la vida es la vida y nos pone a todos en nuestro lugar.

sábado, diciembre 10, 2011

@Df


Que no le digan, que no le cuenten, vayan a El Marrakech para que sepa lo que es ver bailar a un hombre desnudo sobre la barra con la macana totalmente erguida.

En otros asuntos, que sepan que sin querer, sin esperarlo, me siento lo que sigue de estar en casa.

Tener un trabajo, que en él hagan la típica comida navideña, diversificar con los compañeros del curro, no tiene precio. Neto. Ya hasta besé a uno. Bueno, ese uno me besó, vamos, besaba a todas, estaba pedo. No me gustó, pero bueno, un beso por ahí, tampoco es que esté mal. No por eso específicamente, pero estoy lo que sigue de agradecida. Eso sí, no le entré al karaoke, pero me bailaron y quité una camisa, todo por ganar pasta para la subasta de premios. De ley, me toca en la rifa una de vino espumoso, digo, mínimamente.

AGUADA: No es que seamos muy católicos por aquí, pero se ve que en la chamba sí y pos yo nomás registrando los hechos. Coincidencia total que pronto sea su día. Más que coincidencia que empezáramos algo temprano el tradicional Guadalupe_Reyes.

domingo, diciembre 04, 2011

Barranca

Siempre que escucho Kids me acuerdo de una noche feliz por allá del 2008 en el Chico Chango y siento mariposas en el pecho. Esa es una certeza, al menos, de que he sido dichosa: estaba con buenos amigos y sonreíamos a pesar de que en nuestras vidas no todo estaba bien. 

En muchas ocasiones, con la mirada nublada por el calor del momento, he creído estar enamorada o algo así. Anoche lo vi y estuve segura: he querido estar enamorada, pero la belleza y el deseo más sublimes son otra cosa. Lo vi, sonriente, entre destellos y fuga. Es un niño en demasiados sentidos, no es lo que busco, pero es hermoso. Es uno de los hombres que más me han gustado en mi vida y, lo presiento, nunca voy a tenerlo como yo quiero. Y sí, quiero, lo deseo y me podría encantar demasiado estar ahí.



TORITOS: Tremenda la estampida que se armó la noche del viernes en el Covadonga. Fue la "bacanal" y primera, de muchas, noches en compañía de la banda del curro. Deliciosa la comida, el mejor pulpo gallego que pude haber probado y el Sangre de Toro, qué buen vino.

jueves, diciembre 01, 2011

Bien y de buenas



En realidad la ciudad no me parece fea, porque no la he pateado entera. Hoy, nomás de caminar un ratito, odié con todo mi corazón los pinches puestos horrorosos que en algunos tramos se comen la banqueta. Hay que sortear a la bola de nacos que atiende y la otra bola de nacos que se para a ver qué se le antoja comprar. ¡Pamplinas! Yo sólo quiero un refrigerador señora, no me chingue con que si quiero taquitos o monederitos o su puta madre.

Me harté a la verga y regresé a casa en taxi sin refrigerador, pero con un juego de platos nuevo. No sé para qué chingados, si ni cocinar puedo. 

En el DF no eres nadie sin coche y yo me empeño por ser alguien. Me encantaría recuperar mi poderío de peatón tal y como lo tenía en Barcelona, pero es como luchar contra el gigante: nadie da un peso por el pobre imbécil que camina e intenta cruzar las calles y avenidas que apenas lucen un desteñidísimo paso de zebra, vamos, una puta broma eso de los señalamientos, eso de la educación vial. Si no fuera porque soy sólo de carne y hueso, me les echaba encima a los cabros al volante.

Digamos, entonces, que soy medianamente feliz, porque sigo viviendo a 20 minutos del trabajo, aunque no patee la ciudad ni tenga gas ni muebles y me acueste cada noche en un colchón inflable (flamable le llamo mejor). 

Paciencia, que emputada no voy a lograr mucho más. Pero ¡a qué pinche ciudad más fea!

BOMBSHELL: Ya quisiera yo, pero es mi blog y me puedo dar el lujito de decirlo. En fin, que me está llegando el hastío a los aparejos, ocupo un achuchón o algo. Si fuera de hule, pero como no. ¡Achuchón! ¡Diversión! ¡Algo!