viernes, octubre 14, 2011

Cuando la sal no sala




Hay historias que duelen, aunque se encuentren ya enterradas en el pasado o no sean nada mío. Duelen porque de alguna manera extraña nos suenan de algo. No es que decida sufrir gratuitamente el dolor ajeno: es sólo que soy un ser humano sensible, capaz de sorprenderse enormidades ante los torcidos caminos de la vida. Es todo.

A escasos 2 días de cumplir un año en la vida de alguien más, me abrieron la puerta, me pidieron partir. Comprendí por fin aquella trillada frase que exalta las diferencias irreconciliables: hay cosas que son insalvables y lo extraño es que entre más nos empeñamos en salvarlas, más nos desgastamos. Ni el hecho de minimizarte hasta casi desaparecer puede hacerte feliz a ti o al otro. Y hasta ahí. 

Llevo 14 días en mi nueva ciudad y siento, poco a poco, lo que significa pertenecer. Cuando las cosas te hacen sentido y no tienes ni que esforzarte porque así suceda. Estoy contenta. Ya se puso bien. 

PÁSELE A LA FOTO: Los colores de la tierra. En un abrir y cerrar de ojitos en el tianguis me encontré tomates verdes, cebollas y jitomates. El mercadillo abriéndose de flor en flor ahí nomás, abajo de casa de mi amiga Gemma, donde resido temporalmente.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Welcome to Tijuana... :)

mariana m* dijo...

...Tequila, sexo y marihuana. Yeah!!!!!