jueves, septiembre 08, 2011

Vivir donde el pijerío


Ahora resulta que la oleada de mordaces mosquitos es única y exclusivamente un asunto de la zona alta de Barcelona ciudad, que lejos de ser territorio comanche -como bien sería L'Hospitalet del Llobregat- o tierra de hippies -como podría identificarse a un barrio como Gràcia-, es un lugar característicamente poblado por lo que vamos a denominar como "el pijerío".

El pijerío es un conglomerado de personas más bien pudientes, gente con dinero y/o linaje, alcurnia que le dicen. Vamos, que lo del abolengo es opcional, pero lo de la lana viene de cajón: pura casita o atiquito reformados; señoras perfumadísimas con mascada, alpargatas y Louis Vuitton auténtico al hombro que un domingo cualquiera se van a hacer el súper al Opencore, porque se les acabaron las galletas de animalito o la leche para alimentar a sus criaturas; club de tenis con 8 mil canchas para socializar con más pares pudientes, donde puro ñor ataviado con top sailers sin calcetines, bermudita blanca y polo Lacoste departe con toda la cara bronceada por los UVA del gimnasio; niñeras filipinas o latinas que apenas hablan acarreando a dos o tres críos rubicundos u ojiazules. 

Característico es que sean amables entre ellos, que desprecien a los que les han de servir. Me resultan vomitivos y les soporto, pero me saca ronchas su actitud, ronchas tan grandes y contundentes como la de estos moscos tigre del demonio. Sinceramente, prefiero a los pijipis de Gràcia con sus rastas nauseabundas. Pero, en este particular caso, como diría Cristina Pacheco, aquí me tocó vivir.

FLICK: Con las manos, el cielo. No se crean que es tan, pero tan malo vivir entre el pijerío. Como son clase privilegiada, se goza de la quietud de los parques, púlmones citadinos, que rodean sus caseríos. Además, las vistas resultan un regalo para la vista. Pero es el decorado, vamos, el aliciente. Los recursos humanos están pal perro, digo yo.

2 comentarios:

JULY dijo...

mi primer trabajo en Carcelona fue pasear perros de esos que viven por donde el pijerío. Toda la semana subía 2 veces por día e iba por ellos. Era bonito, me jalaban la correa con su fuerza monumental por todas las calles mientras yo las disfrutaba. Está chido vivir por el pijerío, pienso yo.

mariana m* dijo...

Hija, ¿dónde conseguías esos curros? Está chido sí, está nice y así, pero ya ni lo nice me hace. Ocupo antidepresivos ya.