miércoles, agosto 03, 2011

La cosa nostra


Así como que no quiere la cosa viene un día malo luego de un par de infierno. Ya me gustaría reírme, pero todavía no puedo. O sólo un poco. Y mientras pienso en cómo he cambiado, deduzco: la vida en pareja es como los hijos, una cosa que te cambia para siempre. La única diferencia es que si la cosa va muy mal, siempre te puedes separar, vamos, que lo otro sí es para siempre se quiera o no.

La cuestión es que ya soy otra y me estoy dando cuenta. Me encuentro tan cambiada de lo que apenas fui, por ejemplo, el año pasado. Mi resistencia al cambio es impresionante y no necesariamente buena. Y para ser honestos, cada vez me cuesta un poco más cerrar los ojos y tirarme sin pensarlo. Aún así, he llegado lejos.

PCTR: Ramajes captados en las inmediaciones del IKEA de L'Hospitalet a donde acudí ayer con mi sacrosanto novio a por un rolling ping para que dé rienda suelta a su curiosidad y talento culinario. Ya hubo pay de calabaza, de limón, de pera; pastel de plátano, de chocolate. Con tanto dulce, ¿cómo no me va a tener en las nubes? Pero es así, talacha diaria y mira que un día me caigo al precipicio como chivito y otro no tanto, tiene su coco la cosa.


2 comentarios:

Mandarina C. dijo...

Yo estoy convencida de que uno de los retos más profundos que tiene el ser humano es el de aprender a vivir en pareja, es tan difícil que independientemente del amor que exista de por medio, yo aun me cuestiono si vale la pena. Yo también cambié mucho desde que me fui a vivir con mi novio, como que me fisioné extrañamente y aopenitas me estoy separando para recuperar mi lucecita, porque la casa y los roles comen a una que da miedo.

mariana m* dijo...

Supongo que mi actual situación de desempleo no ayuda en nada. EN NADA. Mi ánimo está 3 metros bajo tierra y dudo de todo, de todos, de mi. Es increíble lo sola que una se puede llegar a sentir así en pareja. En fin, gajes del oficio. Requiere mucho esfuerzo, tanto como amor. Y en esas andamos ;-)