jueves, julio 28, 2011

Atavismos que le llaman



Entré a los vestidores del deportivo para dejar los artilugios de nado, tomar mi kit de limpieza e higiene y dirigirme hacía las duchas. Ahí estaba a quien denominaremos Helga. Coincidentemente sus pasos se unieron a los míos en pos de las regaderas. Supe que debí cambiar la ruta y optar por una ducha con puerta, pero soy animal de costumbres, me gusta ducharme en aquellas que carecen de ella, ya que su ausencia me ofrece una mayor amplitud y al estar al final de la fila es difícil encontrarse con alguien. Apareció la corazonada y lo supe, Helga iría para donde mismo, tal y como sucedió. No me quedó otra que bañarme casi enfrente de Helga, en pelotas en frente de Helga en pelotas.

Tengo que reconocer que no pude bañarme a mis anchas, mi comportamiento se vio modificado: me incomodaba la posibilidad de Helga viendo mis partes. O me incomodaban las partes de Helga moviéndose con toda libertad frente mío. Como sea, no fue sino hasta que desapareció la mujer que volví a ser, digamos, yo misma.

Ni los casi seis años fuera de casa me van a quitar lo ranchera pues'n.




COGOLLOS: Ahora resulta que la conocida CasacAsia es linda, pero que como iba a diario y a currar no me enteraba. Ya sin obligación de por medio, la he valorado tanto *snif*.

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