lunes, junio 13, 2011

Oda al taco


Este lunes de segunda pascua (o sea, de estos festivos que los catalanes, me parece, se sacan de la manga) fuimos a comer a La Taquería. Me sorprendí más tarde oliéndome la mano impregnada del más puro olor a taco: quería llorar de la felicidad. Me pasa que cuando revivo olores y sabores de la comida de mi tierra, me vienen los recuerdos a granel de otras temporadas de mi existencia. Vuelven momentos que disfruté entrándole a los tacos de asada de Lob, por ejemplo, antes o después de una buena fiesta. Qué decir de los de lengua, maciza, carnaza o pastor del puesto de en frente. La cultura del taco que tanto se extraña desde el exilio.

Así que en la excursión culinaria del día de hoy, me eché un poco de sopa de tortilla (le faltaban huevitos, pero Alejandro tuvo a bien comentarlo a uno de los dueños con el mejor afán), unos tacos al pastor, unos de lengua (estilo DF, o sea, la carne estaba asada a diferencia de los tapatíos), unos de huitlacoche (no me encantaron, pero estaban cumplidores), probé uno de nopal con queso (bien, pero la verdad nunca le encontrado el chiste al nopal, se aceptan abucheos), agua de guayaba (flojita, pero igual, cumplidora y más buena que la de tamarindo) y de postre guayabas en almíbar con crema (deli, deli).

Lo que tiene llevar poco más de un lustro fuera de casa es que se valora la buena manufactura de la comida que se jacta de ser mexicana y si bien nunca de los nuncas será igual que en el lugar donde se originó, el esfuerzo de sus hacedores por recrearla a tantos kilómetros de distancia y de manera fidedigna es, como diría Arabella, un puto poema que nos comemos a bocados.

Hasta me dan ganas de chillar pues.

Luego agarramos e hicimos el café, para terminar el día en Montjuic haciendo fotos y agarrar camino a casa, meaning, treparse a la bici y subir la montaña. Llegué echando el bofe. No entiendo, si ya llevo un mes haciendo natación en toda regla. Una sacrificando la cabellera por el ejercicio y nada, que aún no rinde frutos. Bueno, un poco, ya me noté los bíceps más portentosos que antaño. Pero mi pelo, mi hermoso pelo rojo se ha ido al garete, ya no fumo, no bebo, no me reconozco. Lo que tiene sentar cabeza, dirían algunos y bien.

FOTICO: En las aguas de la Fuente Mágica de Montjuic. Junio sabe a que se hará turismo, vamos, a que se pisarán lugares comunes, siempre por una buena causa.

3 comentarios:

JULY dijo...

snif, tu post de echar de menos la comida mexicana me ha hecho echar de menos Barcelona a montones... de verdad. Lagrimita y todo.

Anónimo dijo...

la natación rinde frutos a largo plazo, en la tonicidad y elasticidad muscular, pero no en la resistencia.
Si puedes mezclarlo un poco con la carrera complementaras muy favorablemente y en mucho menor tiempo.
saludos.

mariana m* dijo...

Ya me había comentado mi entrenador que tenía que hacer cardio, pero todavía no he llegado a eso :-P

July, no inventes, las tapas y la mayoría de las delicias catalanas bien te las puedes manufacturar allende en Mexicalpan de las Garnachas o donde te encuentres. Además, uno de mis platos favoritos es el lechazo oriundo de Galicia, así que...ya pues, es que me da envidia que estás en el paraíso del taco. No chille, aguanta como los meros machos.