lunes, febrero 14, 2011

Pamplinas y aixo


Yo es que no entiendo cómo entre más tiempo paso en Barcelona, menos es el contacto con los locales tengo. Es triste. O no, porque entre menor interacción no hay desavenencias y punto. Justo era algo que reflexionaba tras hablar con una amiga que me contaba de sus múltiples cuitas en catalán. Que si te ven feo en el metro, que si te contestan ásperamente cuando les pides direcciones de algo. Hueva. No entiendo cuándo van a aceptar que su puñetera urbe es multicultural y punto. Por eso no hablo con nadie en la calle, me ahorro el disgusto.

El punto es que esto me lleva a pensar por qué me quiero quedar y claro que por más vueltas que le doy al asunto llego a donde mismo: los puñeteros papeles y Alejandro. Pero no, no es linda la situación. Recuerdo los tiempos en los que estaba medianamente integrada en la comunidad catalana e inmediatamente surgen tanto buenos recuerdos, como lamentables encuentros. El punto es: por uno a veces pierden todos y es un hecho que más de una persona maldiga a los mexicanos por mi culpa. Como bien dicen acá, es lo que pinche hay.

Seguiré pues comprando en la frutería china, en el Lidl donde casi todos los empleados son latinos, me formaré en la caja que atiende la dominicana del Consum y así. Se evita uno muchos malos tratos. Lo que sí, es que no es vida vivir así. Lo gracioso: no deseo ni tantito que ningún catalán reivindique a su pueblo conmigo. Así estoy bien, gracias.

PIC: Una grata sorpresa y el más hermoso de los detalles. El hecho de que estuviera en Londres no le iba impedir a Alejandro hacerme llegar un par de docenas de rosas rojas. Flipo en colores. Nunca había recibido flores de esta forma, este día y que me diera tanta emoción el hecho. Es mirarlas y sentirlo ahí. Que no todo es negro pues.

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