lunes, enero 31, 2011

La nave del amor








Tiempos difíciles para la nave del amor y no porque se extinga el sentimiento: al contrario, crece, se extiende y ramifica, pero es extraña la infinita gama de sentimientos que conlleva esta constante evolución. En definitiva: odio los períodos de separación, ya que las despedidas, si bien siempre son temporales, representan la llegada de días extraños con cambios de ánimo, subidas, bajadas, derrapes, arranques y demás. Me acompaña un vómito constante e imaginario, un desasosiego incandescente, un tanto salvaje, que me destaza lento hasta que logro encontrar el antídoto en mi valija de remedios contra el mal de amor y el chupacabras.

No hay que sufrir por amor cuando se tiene. Es sólo que en estos modernos tiempos, es imperativo cuidar que la red social no nos patrocine el catarro de la semana o la angina de pecho del copón, vamos, que el amor existe única y exclusivamente en un "en vivo y en directo". Lo demás, pues son mamadas. Hay que luchar, compadre, porque es bien raro: cuando tengo al novio de pantalla, no me gusta ni tantito. Si a esto añadimos el stand by en el área laboral, gulp.

FLICKYS: El lugar donde escuché por primera vez, de la boca de Alejandra Mizrahi, que la limpieza puede ser concebida como una experiencia estética. Me enamoró el concepto, lo llevo a cabo cada que puedo.

3 comentarios:

NTQVCA dijo...

Pues mire usted Mariana Forever, que pasa que cuando uno dura un buen rato sin sentir de verdad eso que se llama amor, se nos olvida la vertiginosa rueda de la fortuna que es el ser feliz y sufrir nomás por serlo.

mariana m* dijo...

Eso me gusta, "la vertiginosa rueda de la fortuna que es el ser feliz y sufrir nomás por serlo". ¿Se vale, no?

RoS dijo...

(SUSPIRO JOTOSO)