lunes, junio 14, 2010

La arquitectura del amor



Tendrá qué ver con que viejos ex se vuelvan nuevos novios, pero me parece más certero apuntar hacia la lluvia, al fresco que se posan en la ciudad. Sin embargo, estoy covencida a partir de una buena amistad, pueden nacer los mejores amantes. Esos que ya conocen cada esquina y recoveco, pero no sólo los del cuerpo y el placer, los que te saben dar la mano y la sonrisa, los que aprietan el paso cuando vas lento hacia un objetivo que pareces ya no ver, que te abrazan cuando dices que no pasa nada y tiemblas por dentro, los que te enseñan a ver sólo personas diferentes en todos tus enemigos inventados, los que se muestran tal cual son, con quienes puedes meterte hasta la cocina, porque ellos también quieren estar ahí a tu lado.

Llueve, incluso. Gotas muy finas perlan las calles y yo sin chaqueta alguna. Así que intentaré llegar hasta el siguiente puerto con el calor interno.

En el amor, se vale de todo, pero me parece que siempre será mucho mejor saber dónde estamos pisando y no confundir el destello primario con un futuro prometedor. Tras el velamen inicial que permite a la embarcación navegar, bien podría soplar un viento caprichoso de nafragios. Conocerse, ser amigos, luego amantes, amarse los defectos, sortear difícultades, quizá ahí esté el amor y con él, el tiempo de permanencia.



FOTOS: El Guggenheim de Bilbao y la Ciudad de las Ciencias y las Artes de Valencia. Arquitecturas caprichosas, como ese sentimiento conocido, o no, por todos.


8 comentarios:

Yunuén dijo...

Que me ha gustado mucho!

Mariana M* dijo...

Ya sabes, para eso estamos ;) Gracias :)

RoS dijo...

justo a esos caprichos me dedico, aunque en el título obviaron la palabra "capricho"
;)

tu post es delicioso, frejsquito!

Natalia dijo...

D E F I N I T I V O

Mariana M* dijo...

¡Natalia! ¡Te extraño! ¡Ya me quiero volver a México!

denke dijo...

Es curiosi que hayas elegido JUSTAMENTE esos dos edificios. Dos cascarones, estéticos y poco funcionales. Y hables del amor. Ahora me viene a la cabeza esa frase de, a los 30 ya no nos enamoramos como a los 20. Y pienso en esos edificios... y recuerdo la frase, y... bueno ya me entiendes ;)
(me ha encantado el pulso del texto!)

Mariana M* dijo...

Como si de un regalo se tratase, las lecturas que hacen los demás de la unión de fotos y texto me sorprende mucho. Porque quizá no hubiéra yo tenido esa visión. Y sí, te entiendo ;)

denke dijo...

=)