jueves, abril 22, 2010

De fusiles imaginarios


La luz entra por las ventanas, por todas y cada una de ellas. El palacio prestado me conforta. Quiero uno así de iluminado. E intento descifrar si sirvo para vivir sola o si es sólo una sobre-egocentricidad la que me impide amar a mis compañeros de piso por sobre todas las cosas. En todo caso soy yo y sólo yo la culpable, pero lo sea o no, me encantaría dejar las armas para una verdadera batalla en lugar de cargar con la escopeta a todas partes, a todos lados. Me duele la espalda de llevarla al hombro, incluso vislumbro una pequeña llaga ya.

Dejar las armas, algo así como levar anclas y flotar. Difícil, pero no imposible.

PIC: La roja ésta de espaldas. Todavía no sabe a qué dar la cara. Intenta dársela a ella misma, por lo menos. Y a quien de buena gana lo pida, también se la da. ¡Ah! Este estado defensivo tan propio del caracter de extranjero.

2 comentarios:

incandescente dijo...

TIENES UN TALENTO,,,,,,,,YA ES HORA DE QUE TE DES CUENTA,,,,,,,,,,,,LAS PERSONAS COMO TU VIVIMOS DE QUE NOS PAGUEN POR PENSAR, SOLO HAZLO

Anónimo dijo...

A veces no nos damos cuenta que ya terminó la guerra y otras nos creemos extranjeros hasta en nuestra propia tierra.... sugiero inventarse una granada de mano, o un super poder "pedorrero que marea" y recomiendo no cargar más el pinche rifle, dar la cara al espejo y construir un palacio con las ventanas abiertas.

Ja
Felicidades, Esta re-Chido el post¡