miércoles, marzo 24, 2010

Cabrísimamente: Mariana


No me tomé ningún calmante, pero bien que lo necesitaba. Tampoco bebí alcohol como un cosaco, ni siquiera lo deseé. Sólo deseé un marido, hijos, una casa que limpiar y al decir esto sí que me estoy colocando la soga al cuello. La verdad no peca, pero incomoda. Ora si que tarde, pero han llegado esos derroteros que tanto había deseado y que pensaba nunca iban a llegar.

Me jalé los pelos, odié al mundo, maldije mi día, me revolqué en el suelo. Teñí la colada entera de rosita, lo volví a hacer dos días después y para reparar la falla, sumergí en lejía un vestido sin siquiera estrenar, sólo para ver minutos más tarde que las flores negras eran algo así como flores naranjas y soltar la carcajada que casi mata al dolor, ese que crece ahora que sé lo que quiero, porque temo sea tan tarde como todo en mi vida, tarde para emprender ese camino y merecer de una vez por todas.

Siempre que decimos eso de más vale solas, que mal acompañadas, puede ser que nos mordamos el labio pensando que más vale pájaro en mano...

Puede ser.

Pero una, que no está hecha de permanencias conformistas, ¿qué? Sale la cabra al ruedo y no puedo quedarme nomás ahí haciéndole la chaqueta a nadie.

Maldita mi estampa, maldito el día en que me inscribieron en un puto colegio Montessori. Porque a gran parte del universo no.

Y entono el último sollozo. Se acabó. Viene la siguiente carcajada.

FOTUELA: De los carnavales pasados, en plena calle Ferran, que no puedo entender, y a los que no voy ni aunque me paguen. Ni cagando leches que son en pleno invierno.

2 comentarios:

fruitman dijo...

buenísima la foto!

peyote dijo...

Es así undía luego revientas el mundo. Mañana recoges un nuevo aliento. Me gusto el pulso del texto.

Saludos.