sábado, febrero 27, 2010

La alegría del calçot



Las estrellas: los calçots. El responsable de que los comiera: mi querido Perino. Y no, no es que con poquito pinole me ahogue, la cosa es que salir de la ciudad para variar es realmente reconfortante.

Hay días que pienso que tengo bien pocos amigos acá. Y no, no es drama barato, pero a veces pasa que mis amigos están trabajando y simplemente no coincidimos. Otras pasa que me da por practicar el ostracismo y me recluyo en mis aposentos. No hay poder humano que me saque. Así pasa, de manera que salir al campo un domingo a comer unos fenomenales calçots en tan buena compañía pueden ser sin duda alguna el highlight de la semana. Eso y la peli más cursi, llena de melcocha que Robert Redford pueda haber protagonizado y no, no estoy hablando de Una Propuesta Indecorosa, por decir algo, las hay peores. El Redford éste es como el rey del dramedy. Rey total. Sólo hasta hace una semana me di cuenta o lo estuve haciendo a lo largo de ella.

Así las cosas cuando llueve por momentos en la ciudad condal.

FOTICO: Calçots, tienen su truco. Hay que quitar esa fea y negruzca piel para sumergirlos en la salsa romesco, levantarlos y engullir. Me van a disculpar, pero la verdad es que me parece un poco fálica esta acción. Cosas de una. Y no, no tengo la foto empinándole al calçot, me entró el pudor de repente. Se las debo.

2 comentarios:

fruitman dijo...

me gusta el concepto "dramedy". pobre robert. la verdad es que lo tenía mitificado hasta que se te ocurrió encontrar íntimo y personal en mi videoteca particular. hay que ver el golpe y dejarse de kleenex :)

Mariana M* dijo...

Veámoslo pueggggh. Lo digo como si estuviera llorando.