viernes, diciembre 04, 2009

Sprout in Seattle

Sí, pasa: viajes con finales felices. Es lo mejor que le puede pasar a alguien que no se lo toma en serio y que, como cereza del pastel, viaja para toparse duro y directo con las cosas que dejó medio abiertas, medio cerradas años atrás. También pasa: los viajes con finales felices suceden dentro del viaje que nació para recordarme que no vine a este mundo enteramente a gozar. Así las cosas. Lo aprendí hace tiempo ya.

Seattle me dio muchas cosas, entre ellas, la enorme satisfacción de volver a llegar a Guadalajara, de tener una segunda llegada mucho menos abrupta que la primera. Además, claro, de la oportunidad de ver a una entrañable amiga. Es una ciudad hermosa, aunque, según sé, con un alto índice de suicidios: el clima es una mierda y que llueva la mayor parte del año no es un aliciente para la salud emocional de algunas personas. Me incluyo y lo pensé de vivir ahí. Tiene mar, tiene naturaleza, pero si el frío va a congelar mi trasero la mayor parte del año, tendría que estar al lado del amor de mi vida. Ese calor compensaría la ausencia de sol, las capas de nubes, el viento helado. Y entonces entro a un terreno peligroso, peliagudo. Como un sintagma el campo incluye al amor en mi vida, al compromiso que conlleva el amor y a mis hermosos actos de escapismo.

Alguien un día me llamo Runaway Bride. Y no, no se trata de ningún chiste. Acabo de recordar que alguna vez ese alguien mencionó la posibilidad de tener hijos, de formar una familia, sólo para que unos días después yo decidiera ir a Barcelona a "estudiar". Anoche recordé el hecho al charlar con una vieja conocida. Lo llevo todo el día rumiando. Por ende: no tengo claro si ya me perdoné del todo el no haberme convertido en una esposa, una madre. El tema me supera. ¿Existen los trenes que si no se toman se pierden para siempre? ¿Si se pierde uno, si se pierde lo que se consideró "el tren", hay otro que reinvidique la fe en el amor? ¿Hay una fidedigna segunda o tercera oportunidad para mí ahí, en alguna parte?

No sé si sea Guadalajara en sí, no sé si sea que no he ventilado el tema con la persona correcta, por temor a enfrentar al fantasma por antonomasia en mi vida, pero hay un maldito nombre flotando en el ambiente, el nombre de una persona con la que no coincido para nada. Cuando lo supe simplemente pensé que la puta vida no lo tiene en mi camino y que era mejor así. Pero cada paso que voy dando, me hace creer que no lo es. Mejor no significa seguir siendo una negadora profesional.

Tiemblo como el asesino primerizo que empuña el fusil.

Si de verdad existe un dios aquí, que me ayude, que me guíe. Insisto, yo sólo quiero ser feliz.

PCTRS: En un lugar llamado Seattle, donde me topé con Starbucks que realmente sirven el café hasta arriba del vaso (a ver, si pagas más es por algo), no como en Barcelona, roce con mis labios las mieles del gabacho y disfruté de los dólares que, como gano en euros, rindieron mucho. No por nada me rompí el trasero el último año trabajando. Altamente recomendable un viaje así. En esta vida, no deje de visitar Seattle.











6 comentarios:

Jaime Rivera dijo...

Se me antojó el sushi.

La+Ln=ii dijo...

Tu estilo siempre se me ha hecho muy Carrie Bradshow, me encata. Deberías tener tu propia columna...Jijijíii.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo contigo, Seattle es maravillosa... yo me iria a vivir ahi de mil amores

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo contigo, Seattle es maravillosa... yo me iria a vivir ahi de mil amores

Mariana M* dijo...

Está requete bien bonita, lo malo es el clima, neta, ta cabrón. Pero una se acostumbra, eso sí.

Anónimo dijo...

Sip.... para esos que dicen que duermen encuerados y con la puerta abierta..... que le caigan un día de estos....