lunes, diciembre 14, 2009

La típica fiesta tapatía (resaca incluida)



Las muchachas se arreglaron y salieron a comerse unos taquitos de adobada, lengua y carnasa. Ya no quedaban de cabeza. Luego el conciertito, algo (bastante) de ron, música, mucha gente y después nada de ella. La noche que se hizo de día y Blanca Nieves salió a pasear por la ciudad. Llegar a El Negro con un abrigo en la mano no era la onda, sobre todo sin lentes de sol, pero era lo único que la reinita tenía en mente: litros y litros de agua de Tlacote como la gran salvación. Y entre trago y trago, carcajadas que por momentos permitían a los presentes reseñar la gran velada.

Pero tanto trago, tanta comida condimentada, grasosa y picante sólo podían convertirse en el típico malestar que quita una buscapina. Malestar agravado por la incertidumbre de qué hacer.

Ni de aquí ni de allá o acullá. ¿De dónde? ¿Vida de bajo perfil relajada y europea contra vida sobre expuesta alterada en tercer mundo? Lo único que una de esas muchachas puede decir es que no va a ser fácil cambiar de escenario como de sombrero sin haber sufrido primero (Calamaro sic.).

PICTOPICS: La mana y la mana, que se visten de negro y se quitan el sombrero. Porque son valientes y guardan, adentro suyo, el mejor de los secretos. ¡Salú!


1 comentario:

Gemma dijo...

Lo que pasó en el campo en el campo se queda! Así dice el refrán del pueblo