jueves, diciembre 10, 2009

Guadalajarita mil


No había pensado lo rídiculo que resulta que en Barcelona tengo ¡2 aparatos de telefonía celular! Mientras que aquí apenas pude conseguir uno para estar comunicada. Realmente patético. Eso y que pinche Telcel te cobra la vida por comunicarte porque no tengo plan y la onda con recarga es lo que sigue de caro. Pero llámenme mil: 33 12 21 96 01. Sí, me urge que me llamen. Mañana la noche pinta bonito.

Llega Gemma a la ciudad y es su cumpleaños este jueves. La vamos a pasar de antología.

Anoche pasé por un lugar donde se supone que iremos ostra vez mañana y me asusté de ver tanta gente, tanto artista. No fui sólo yo la que le sacó al parche de entrar, pero ciertamente no estaba lista para algunos encuentros y preferí alegar que estaba hasta su madre y que ahí no se podía beber a gusto.

Pero así es la cosa en Guadalajara, un lugar donde me da, básicamente, pánico cruzar según que calles porque no existe el puto paso de zebra. El crucero del peatón es algo que se borra en la ignominia de la gente. La banda de a pie una vez que se monta en su vehículo parece olvidar que hay que respetar a los que siguen a patín recorriendo la ciudad. Y así. De miedo mi recorrido en el 626 de Plaza del Sol hasta el Morgana. Iba toda tensa protegiendo mi integridad física. Hasta eso nadie intentó agarrarme las nalgas. Toda una aventura que tenía años sin vivir. Y con el tiempo se pierde callo.

Siguen ganando: los afectos. No hay como estar en casa.

De perder: el coraje de toparme con inteligentísimas personas que no puedo tan seguido ver, como yo quisiera claro. Cerebro mata carita digo yo y flipo en colores con esta peculiar situación para mí.

PIC: "Ordencito por favor". Qué no, que aquí no se puede. Ni modo. Algunas veces así son las cosas. MIER-DA.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ASi es.... y ahora que se sienten narcos, peor. La última casi me atropellan en chapultepec y vidrio por darse una vuelta a la derecha... mientras yo cruzando "muy campante" (diría mi madre) y que le doy un puñetazo al carro que casi me rebanaba, se bajó un tipo "indignado¡¡¡¡" a querer madrearme, lo bueno es que resulto ser un "excompañero¡¡¡¡" y terminó avergonzado. Pero de no ser así me hubieran golpeado...... como bien dices: ganan los afectos... y la esperanza (quizá idiota) de que mejore. Pero mientras... ahorrando para bici... y carro¡

Mariana M* dijo...

Yo amo mi bicicleta, transportarme en ella allá en las Barcelonas. Pero quiero estar cerca de los míos. Así que se me hace que le ando diciendo adéu al decorado bonito para venirle a chingar acá. Gran decisión, pero a futuro, ganancia segura, por lo menos en el comfort emcional digo yo.

Hay que luchar por la educación de la banda, porque se respete al peatón, al conductor, al ciclista. El respeto es una cuestión de ida y vuelta, si no, nada va a cambiar. Hay que poner de nuestra parte.

Abrazo ;)