lunes, agosto 03, 2009

Reinventando a la princesa

De vuelta a la gris Barcelona. Las calles meadas, chorreadas, raídas. La gente agria, áspera, ensimismada: gran capital. Los "sintecho" en los cajeros, a las puertas de la estación. En cinco días, seis noches, se puede olvidar lo desdibujada y aburrida que también puede ser la ciudad que te acoge por ahora, y sólo por ahora, no porque no todo sea color de rosa o el sueño europeo, oropel y corceles montados por los guerreros que te salvarán, sino porque la misión se cumple, está a punto de cumplirse minuto a minuto: una gran reconstrucción sobre las ruinas, nuevas expectativas, nuevos horizontes. Abrirse al norte. Abrir otra puerta, otra piel, ojos nuevos para practicar que hay anomalías del corazón que todavía no curamos. Hola... Soy Mariana en un tiempo nuevo, aunque no sea la nueva Mariana en este tiempo aún.





*Hola, no me quiero casar contigo, así que no te cases conmigo que no va a ser nunca así.






*Hola, me equivoqué al decir "follémos ya", en realidad quería decir "abrázame, me encanta que me trates bien, que me cuides, me mimes, me acaricies así".






*Hola, dejo puertas abiertas para huir, pero no quiero necesariamente huir o que no me tomes en serio, es sólo que tengo todavía mucho miedo, ¿por qué?, la última vez dolió mucho, se me cayó el mundo encima, sí, estoy reconstruyendo aquí, sí, también me doy cuenta que sólo soy yo cuando se trata de ser, no, no vuelvo a creer ni tantito que el otro me salvará, pero ¿sabes?, sí que necesito el abrazo, los cuidados, la seguridad, la mano fuerte.






*Hola, no sé exactamente cuándo terminará esta fase, pero no, ya no soy la misma y me encanta, aunque haya tenido que dejar tanta sangre, tantas vísceras, tanto llanto y tanta distancia entre lo que fui y lo que voy a ser en cualquier momento a partir de ahora.






Ya no soy la misma, aunque parezca que es así. Por lo tanto, Barcelona ya no es lo mismo, aunque todo siga igual ahí fuera. Ya no me da lo que me dio un día, cuando llegué perdida buscando tranquilidad, queriendo comprender por qué la persona a la que tanto quise no fue para darme sino un ramo de flores el último día que viví en Guadalajara con una nota que decía "gracias por enseñarme lo que es el amor" o algo así. ¿Gracias? ¿Un gracias por tanto pinche sufrir? ¿Un puto gracias luego de quitarme tanta vida? Llegaba con un amor perdido y otro amor que quería ser el amor de mi vida y que sólo era remedo de eso que llamé amor en alguna época. Me salvó y me pasó la factura, me cobró todos y cada uno de los centavos que invirtió en la futura esposa que nunca fui: el guerrero me destrozó, porque esos guerreros que tanto me encantan, que pueden amar y cuidar a la princesa del castillo, pelean por ella y pelean con ella para salvarse después. Así que ni princesa ni esclava. Quizá más allá que acá. Más princesa que otra cosa, medio puta a veces, medio cabra, medio bruja infernal, amante de los buenos amantes, irreal, abismal y cazadora de placeres sin cesar. Algo así, todavía no acabamos de confeccionar.


ASTROPIC: La princesa y la maga de paseo por otros reinos. Hermosos y maravillosos estos reinos me dejaron como saliendo del spa para el alma. Los viajes reconfortan mucho a veces. Tanto, como miles de besos tirados en frente del Cantábrico justo al amanecer y con muchas expectativas entrando en la nueva historia, la historia de siempre y nunca, la de "a practicar de ha dicho".

1 comentario:

Celestina Terciopelo dijo...

Soy una experta en tu equivocación del "follemos ya". A veces me pregunto qué tan inconsciente es mi pronunciación de ese sintagma, imperativo en la superficie, inofensivo y dócil en su estructura más profunda: onda Noam Chomsky.

Saludos, princesa.