jueves, agosto 20, 2009

Chuchulucos power








Iba como más power, más feliz que de costumbre, en tranquilidad total y disfrutando del paseo, primero en bicicleta, luego en metro y a patín para llegar hasta el Razzmatazz que no, no me encanta, pero bueno, por los tacubos podía hacer una excepción de las grandes, porque sí señores, íbamos a reir, cantar y casi chillar de la emoción al escuchar rolas de hoy y siempre, de esas que llegan al corazón, de las que te transportan lejos, a una carretera por ejemplo, por ahí del 90, cuando tu padre conectaba el discman en el reproductor de cassette del coche y ponía a todo lo que da a Café Tacvba y se abría así a nuevos sonidos, junto contigo y a tus hermanos, junto a tu madre y todos cantando deshebrábamos la propuesta que nacía entonces.

Más que puntualitos, suertudos: nomás entrar los acordes de Pinche Juan y el pinche Cone Cahuitl ya estaba entronizado por la audiencia. Qué rizos que se carga, her-mo-so, nomás que ya de cerquita, la neta, a mí me dió pena, no es lo mesmo tener a tu ídolo frente tuyo que ahí lejotes en el escenario, seré ranchera pues. Total, que cantar mucho, disfrutar de la música, gritarle al pendejo de la badera mexicana que quitara su bandera pendeja que no dejaba ver cómo se despedían los tacubos y, acto seguido, querernos hacer güeyes para que no nos sacaran del Razz y poder así quedarnos a bailotear sin tener que pagar el cover de 15 euros. De repente pasa un tipo, me da lo que yo pienso que es un flyer y pos ándale, que resulta que era el pase pal backstage, porque sí, a los tacubos les organizan una manada de figurantes que les hagan borlote y fiesta luego del toquín o por lo menos sucedió así ahora. La monada de Cone Cahuitl es una pirruñita de nada, pero precioso, sonríe todo el tiempo sostenga o no el porro, pero sonríe el muchacho; Joselo, más bien apartado, en su pedo, con sus amigos cotorreando; Emmanuel, con las muchachas, igual que Quique, a la caza de todo lo que se mueva y les resulte sabroso, ansioso de hincar el diente. No daba crédito, flipé y flipé, en colores, o sea, estaba ahí con los tacubos, frente a frente, nos tomábamos fotos, tomábamos chelas ahí, con ellos. Suerte de principiante, de la que no se baña.

No la seguí a la cena, no sé, preferí quedarme con mis amigos. Un par de días después fui a la Estación de Sants por los boletos para el tren a San Sebastián y lo volvía a ver. Preferí mirarlo de lejos, ver qué hacía (que no era mucho: esperaba serio su turno en la cola eterna para comprar su boleto a alguna parte, ignoro cúal), sin importunar. No soy de las que aborda a los famosos o los atosiga, no me gusta y no puedo; pecaré de recatada quizá, de mensa que no aprovecha la ocasión. Dos veces en Barcelona me tope al hermoso Cone Cahuilt y me doy de santos. Ya estaba de dios.

FOTOS: Ahí medio piterillas, lo que el móvil dió. La última, que nomás llegar a San Sebastián, nos topamos con una marabunta afuera del hotel María Cristina y restulta que era por el mísmisimo The Boss, nos tocó ver su salida triunfal rumbo al aeropuerto. A mí me dio risa, ay sí, mucho roce estellar. Uy.

1 comentario:

suculento moluxco dijo...

son la onda esos chicos

es bueno disfrutarles atrás de escenario, sin tanto borlote


saluditos