martes, julio 07, 2009

Finitud, bendito tesoro

Como me siento hoy, que últimamente no es como pocos días, como feliz, pero no chirriante, como relajada sin caer en ninguna laxitud, como intensa, total. Quisiera no tener que admitirlo, pero hay besos, caricias y abrazos. Y eso le da un tinte especial a cualquier cotidiano. Las caricias del amigo que no quiere rollos ni relaciones, nada que empiece o acabe. Los besos del amigo al que no le he pedido que se case conmigo, al que no le he saltado al cuello, al que no persigo ni acoso. El amigo al que no conozco lo suficiente como para saber si querría iniciar algo que tenga que terminar, aunque para mi gusto las amistades también son relaciones y terminan algún día si se cree necesario.

Y es que no quiero lamentarme por la cualidad de finitud de las relaciones, cualquiera que sea; de momento no me da la gana tener miedo a los finales, muchos tan necesarios que se les agradece la llegada, porque se les intuyó por mucho tiempo y, quizá, se les negó como al demonio que todos tenemos dentro en detrimento de la salud mental y emocional de uno.

Hoy no estoy en finales, pero el dolor aprensivo que nos acaba cuando sentimos perder eso que quisimos tanto, es uno de los peores dolores internos. Nos saca de toda jugada, nos elimina de toda vida. Y duele perder, aunque sea a veces necesario. Es lo que toca cuando toca y si bien cuesta más que lágrimas salir de una de esas, estoy casi segura que es la única manera de forjar un corazón valiente. Con todo, valiente y todo, quiero más besos, abrazos y caricias bañadas de mucho sudor de verano. Terminen o no las cosas, inicien o se queden a medias.

FOTO: "Aquí y ahora". Saber cuándo cerrar, cuando acabar capítulo, pasar página, seguir adelante son cosas que deberíamos traer insertadas en el chip nomás nacer. Hay que joderse y aprender a punta de los golpes de la vida. Ja, ja. Y armarse kits de supervivencia.




5 comentarios:

NTQVCA dijo...

Lo peor de las finitudes es la ansiedad que me provoca saber su terrible llegada.

Buen la foto como siempre.

textonauta dijo...

La sensación de que el mundo pronto se esfumará (junto con novias, esposas, hermanas, amigos; gatos y perros de mascota) me quita el sueño por las noches. Pero también me anima a creer que cada día, cada instante, es la gota de un elixir invaluable que jamás retornará a nuestra boca, y por tanto hay que saborearlo hasta que su sabor se diluya, igual que todo. Así comenzar de nuevo.
Saludos desde México. Buen blog.

Mariana M* dijo...

No hay terapias para sobrellevar la finitud. Es como subirse a la montaña rusa, sabes que viene un descenso cabrón y sólo hay que apretar los dientes y el cuerpo un rato. No se muere de eso, digo, no a menos que sea un caso extremo.

Y vivir así, disfrutando mil, es lo que queda.

Disfrutemos mil. Sólo queda guardar bajo la cama el pensamiento de "esto se va a acabar", eso jode y mucho.

Así es la vida ;)

El Fhercho dijo...

que buena textura la de la foto.. (tenia que decirlo)...


no lo habia pensado, que no hay finales si no se inicia algo en especifico... me gusta tu filosofia... Salute...

Anónimo dijo...

¿Finitud?

Ya hacía rato que no visitaba tu blog, hoy, cuando tengo un chingo de cosas qué hacer de manera urgente, aquí estoy. Creo que ha de ser la finitud que representa el hacer las cosas que tengo que hacer... porque luego de que las haga ¿en qué se ocupará mi desesperación?

Lo mejor de todo es que me dio gusto de nuevo encontrar una foto de tus tetas... ¡Qué bien! Así, como quiera, que vayan y vengan finitudes...

Y bueno, José Alfredo es José Alfredo...

Saludos.