jueves, julio 16, 2009

Camisa de fuerza


Arriba, abajo o donde hace tiempo no has estado. En el pico más alto, en tu mejor momento.

Si tan siquiera odiara tanto a alguien, pero no, soy como una descafeinada versión de mí misma últimamente. Tibia y aburrida. Anodina y superflua. Declaro la guerra total a toda estrategia que tenga que llevarse a cabo. Aunque odie confesarlo, quiero volver a ser la de ayer, porque es más fácil remitirse a lo que ya existió, más fácil que reinventarse aquí y ahora.

Extraño el piso de Grácia, extraño algunos de los momentos que viví ahí. Mi vieja habitación, pequeña, pero no tanto, pero confortable, mía. Me gustaba. Supongo que todavía no hago mía la que habito ahora. Aunque me encanta el balcón.

Hay algo que me mantiene inquieta. Algo que me lleva al desvelo continuo de domingo a miércoles. Es como la sensación de ser y estar, pero con una camisa de fuerza que constriñe mis deseos por pedirte que me abraces por la espalda, que beses mi cuello, mientras enumeras lo que te gusta de mí. ¿He dicho antes que odio las despedidas? ¿Que odio llegar al final del libro, de la película?

Cobarde y ambigua como siempre, me revuelco en la mediocridad de ser Mariana ahora.

PIC: "Vaso medio lleno". En mi estúpida obstinación por verlo todo positivo, decaigo, pero sigo siento estúpidamente positiva. Algo bueno tenía que tener aún estando premenstrual. ¡Aaaargh!

4 comentarios:

NTQVCA dijo...

Que tal ser una perfecta depresiva, lujuriosa y sucia mujer...?
A la mejor algo se esta cocinando adentro de Mariana.

EL BATO dijo...

mua!

Mariana M* dijo...

Lo que se cocina es que estoy enamorada. Y eso apesta cuando no lo puedes decir, sobre todo, decir al implicado en eso contigo. Por eso me siento mediocre. Y no sé si decir o no decir.

La+Ln=ii dijo...

Pues creo que sí tienes que decirle, así ya todo el mundo toma sus providencias ¿no? Hablar al chile rockea en estos casos, yo pienso, pues.