viernes, mayo 08, 2009

Te amo Calamaro



Empezó con Flaca. Yo empecé con Honestidad Brutal. Quizá en mis juventudes le escuché eso de "la otra noche te esperé bajo la lluvia, dos horas, mil horas, como un perro" (aunque esto inicialmente era de Los Abuelos de la Nada), pero mamé entero, al derecho y al revés, eso de "mi vida fuimos a volar con un sólo paracaídas, uno solo va a quedar volando a la deriva". Para ser mi segundo concierto en menos de un mes, luego de una larga, casi eterna sequía por no tener dinero o tiempo o la ocasión, fue muy bueno. Estaba nerviosa sin darme cuenta; cuando llegué al lugar pensé por un momento en vender mi boleto y salir corriendo, como no queriendo enfrentar a los fantasmas, a las viejas melodías, a los tiempos cuando la moneda cayó del lado de la soledad, porque, además de ídolo de multitudes, Calamaro fue mi compañero de noches solitarias, tristes y largas. Como a Cerati, dejé de escucharlo porque llegó a ser demasiado dolorosa la referencia. Claro que cuando abrieron las puertas del Auditori para poder tomar mi asiento corrí toda emocionada: por fin vería una actuación suya, casi que nomás lo conozco de fotos y creo que lo he visto poquísimas veces sin esas gafas de sol, menos hablando, era todo un acontecimiento.

Así que sí, con "Crímenes perfectos", "Estadio Azteca" y "Media Verónica" casi lloré. ¿Cómo hace este tipo para aprenderse tantas palabras que dicen tanto, que hablan de alguien que siente en nombre de los demás? ¿Por qué se mueve como si fuera parapléjico? Vaya que es raro este tío. Y aunque su mueca me remite a cierta estampa típica de argentino, por la cual no me pierdo nadita, lo adoro, me encanta. Le perdono todo, que diga amén.

Básicamente flipé porque el cabrón, además de darle a cuanto estilo musical se le ponga en frente, rockea bien y bonito, él al centro, el bajista Candy Caramelo, el guitarrista Diego García, no me pregunten por los nombres de los demás que no me acuerdo, nomás que al baterista le dicen The Kid por chaparrito, total, que ahí la alineación de los sieto musicazos, poniéndole bonito a sus guitarras.

Llorar, llorar ya no existe, pensé, cómo va a existir llorar con un cabrón como este cantando. Si casi llego al llanto es porque gocé escuchar en vivo la música, luego de escucharla hasta el cansancio y más allá en un triste ordenador. Cuando la música se vuelve viva, me quedo sin palabras, perpleja, disfrutando. Te amo Calamaro. A ti también Cerati, pero todavía no te puedo ni reproducir ni escuchar en vivo, todavía deseo un poco que te lleve la chingada, nomás un pelín.

FOTAZA: Ya sé, no es la mejor foto, ni mucho menos, pero me encantó el efecto de las luces gracias a que moví temerosa la cámara, no me fueran a regañar por andar tomando impresiones digitales del concierto.

NOTA: Además de musicazo, pinche Calamaro papacito.

3 comentarios:

Celestina Terciopelo dijo...

Eso, papacito y chingón. Qué padre que lo viste, lo cantaste, lo no lloraste y hasta le tomaste fotos.

("Crímenes perfectos" es una de mis rolas favoritas ever.)

Natalia dijo...

Es un guapo pero guapo en serio pero ya con su música y sus letras tiene uno para enamorarse de él. Yo quiero volverlo a ver ahora que vuelva a finales de mayo si es que con esto de la influenza no posponen en concierto.
Un abrazo mujer!.

Mariana M* dijo...

¡Abrazos!

Yo todavía sigo flipando. Amo a Calamaro.