viernes, mayo 22, 2009

Objetos de salva

Hace mucho que no lo veo. Un par de años o así. Hace mucho más que ya no lo siento, no lo extraño, no lo busco de manera obsesiva por las calles, como flash en el recuerdo de la última vez o como rastro impregnado en mis comisuras, en la entrepierna. Pero, como quien no busca a nadie, me imagino que lo encuentro en alguna parte del país, nos tomamos unas cañas, vamos a un concierto. Nunca fuimos de los que bailan a lo loco. Tranquilitos, atentos al espectáculo, la música llenándonos las venas, así nomás. Y luego del concierto, los efectos de la bebida que nublan lo suficiente la visión, nos dan licencia, nos prestan fuego.

La curiosidad por saber si la combustión es posible ahora y no mata, pero envenena un par de sueños en plena vigilia. Y es normal. Tanto, o más, que esa historia con final feliz que solemos armar en menos de 5 minutos, justo después de conocer a alguien que nos gusta y que parece que se muere por llevarnos a su casa a follar. Si el acostón resulta exitoso, la historia crece y le salen hijos, casas, nietos, perros, viajes transatlánticos, insomnios, alegrías y demasiado amor.

El punto es que hoy está en Sevilla con esa cara larga de pocos amigos, magneto indiscutible, inexplicable para muchos, hermoso para tías como yo, que buscamos de quién asirnos, a quién salvar, aunque no sirva de nada y devenga sólo en un montón de sufrimiento y sangrías largas en cualquier época del año. No se menciona eso de amar. Aquí,  tiene que ver más el grito de adentro, el que parte las entrañas y desgarra corazones, que esa cualidad balsámica del amor. Y no se salva absolutamente a nadie, sólo se abrazan falsas esperanzas. Es una pelea de una misma contra una misma y todos los demás, incluyendo al objeto de salvación. A lo largo de la vida hay unos cuantos.

Y me perdí en el grito. Cesó hace tiempo y si bien lo extraño, esa línea salvaje yendo hacia arriba, hacia abajo brutalmente y sin aviso, se extinguió.

En este silencio sólo hay cavilaciones vanas, como lo del encuentro, el concierto y las babas que desprende una antigua historia de "amor".

Y es que el grito siempre vuelve
y con nosotros morirá,
frío y breve como un verso,
escrito en lengua animal.
Ahí donde solíamos gritar
LOL
1999 (o cómo generar incendios de nieve con una lupa enfocando la luna)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

no puedo más que estar de acuerdo.... y luego qué.....

Mandarina Concupiscente dijo...

Las historias efímeras y unidimensionales que armamos en 5 minutos, en el primer acostón, también tienen su maravilloso encanto, aun cuando su derrumbe es igualmente proporcional al tiempo en que las construimos. Pero alimentan nuestro ego y experiencia.
Las otras, las duraderas, las que nos marcaron y que se materializaron en años, en domingos por la tarde, en calles y olores, dejan a veces un dolor tan profundo que pareciera que solo le corresponde al tiempo llevárselo. Pero también se convierten en una dimensión recurrente que nos refleja todo el amor que somos capaces de entregar y creo fervientemente que la vida, en su momento, se encargará de retribuirlo.

*__*