viernes, febrero 20, 2009

Quejosiraptor


El piso cruje. Cuiqui-cuiqui. Como si de un ensañamiento carnal se tratara sobre un batiente muelle de colchón antiguo. Ruiditos que delatan mi paso. Si a eso le sumamos el reclamo por "su tazón comprado aposta" para comer los crispies de una de las chicas y que el catalán vegetariano (¡otro catalán vegetariano! ¿Qué cruz estoy pagando yo?) critique que hay demasiadas botellas de agua (ninguna de su propiedad) y termine tomando de la mía (¿?). Sólo la sueca parece flotar ligera como el viento. Veredicto: ya no estoy para pisos de niñatos imberbes, ya no para encontrar migajas de pan la mañana siguiente de haber limpiado, mucho menos para soportar delimitaciones de espacio, ni qué decir de catalanes encima vegetarianos con mal aliento por las mañanas.

Todo, pero todo eso me ha pasado a mí: tengo mal aliento al despertar; me caga que utilicen mi taza para el café, si ensucio yo, no pasa nada, pero que no ensucien los demás; si necesito algo de tú comida, lo tomaré sin preguntar si puedo o no, por eso me caga la madre que los demás lo hagan.

Por eso cabe la enorme posibilidad que me vuelva a mudar de piso, todo es soportable menos el crujir del piso de madera más viejo que mi abuela, así que invariablemente se tendrán que chingar y acostumbrar a alguien nuevo que no sea yo. El cambio era necesario, pero hay demasiados negritos en el arroz. Y no, no soy una perita en dulce (ni perrita dulce, ni modo, ja), menos con los 32 tacos que me cargo. Digamos que con la edad, una se vuelve más mañosa o menos mañosa: soy capaz de tolerar más cosas, de tomarlo con más filosofía; alcanzo a ver detalles que antes no, pero ambas cosas no quieren decir que me tenga que chingar. Ora sí que hasta no quedar a gusto. Y si no, siempre estará México lindo y jodido como la verga por la crisis, pero siempre abierto de patas. ¡Uuuups!

Y todo esto que llega con el arribo de Gemma y Cyril a tierras catalanas. Entre medio de la queja, hasta eso, siempre hay felicidad.

FOTORRÓN: "¿Amor?", sí, amor, esa cosa rara que comienzo a extrañar en serio. Y por eso pregunto, ¿dónde estás corazón? Ja, ja, ja. Al más puro estilo de telediario de tonalidades rosáceas de televisión abierta española. Porque creo que lo valgo, ajá.

4 comentarios:

NTQVCA dijo...

andale cambiate, tú mereces estar donde te sientas mejor.
¿Pues que son tan mugrosos esos españoles?

Anónimo dijo...

Ja! y todavia preguntas! NTQVCA

Mariana M* dijo...

Ja, ja, ja. Pues sí, son un poco cerditos, pero no sé, en según qué cosas, unos si se bañan, pero no limpian, y otros sí limpian, pero a veces no se bañan. Pero no es de una sola nacionalidad eso de ser cochinito. A veces, la neta, todos lo somos un poco. En fin, yo es que me quejo tanto a veces. ¡Chin!

JULY dijo...

pues qué chinga volverse a cambiar, pero la neta que es BIEN RE-DIFÍCIL encontrarse el lugar o la gente a la que te adaptes chido. Chingao, qué difícil. Quialcabo ya tienes el teléfono de Miguel y eso hace que las mudanzas no se vuelvan tan caras, así te podrás cambiar una y otra vez sin más pedo.