sábado, febrero 14, 2009

Juntarse y procrastinar


Estaba un día escaqueándome de mis labores como becaria en CasacAsia paseando por la mediateca, cuando por curiosa me acerqué a una de las salas de lectura por las que nunca, pero nunca se me había ocurrido pasar y ¡tómala barbón! Que veo a Josep, un joven estudiante de filosofía que conocí en una de las despedidas de Gemma el año pasado, la del Chico Chango para ser más exactos, quien formaba parte de la plantilla de becarios como mi amiga, por eso fue invitado a la reunión, por eso, y no por otra cosa, lo conocí, y por nada menos y nada más que eso me tocó sentarme junto de él y, en un desparpajo de sociabilidad mío, charlé con él el resto de la noche sintiendo al final de la velada que habíamos hecho un lindo click.

Vi al joven Josep un par de veces más y el chistecillo no duró mucho por dos cosas: hacía ruiditos acto seguido de besarme, así como de festejo, sí, weird total; se parecía demasiado a mi reciente ex, de hecho Shari y Álvaro el día que lo conocí me hacían señas desde la barra para que me acercara a ellos y pudieran decirme que no la cagara, que era igualitito al ex y pos que no mamara, que si no había aprendido la lección, y pues va a ser que sí.

La tercerísima cosa que no me gusto ni un pelo fue que cuando estuve segura que no quería nada más con Josep, al tonto se le ocurrió aplicar la treta de "chin, ya se me fue el último tren a mi casa, ¿me puedo quedar a dormir contigo?" y yo pues me vi obligada a albergar al jovencito en mi casa. El bato más prendidos en concierto no podía estar, menuda macana se cargaba y yo cero líbido, cero provocación, cero antojo del fulano, así que me puse la pijama de abuelita en putiza y le dije buenas noches mientras ma daba la vuelta y cerraba los ojitos. A la mañana siguiente yo tenía que trabajar, así que el güey me dijo que se quedaba un rato y luego se iba a casa de sus papás a comer (que por cierto, vivían a una o dos calles del mentado ex), así que dije, no hay pedo, que se quede un rato más a tirarla y listo. ¿Pues no se quedó hasta bien tarde el cabrón y encima pidió toalla para bañarse? Qué decir de los vellos púbicos que dejó como rastro. Ese día cayó de sorpresa por CasaCasia al término de mi turno. A plena luz del día Josep no era más el gato pardo y medio atractivo que llegué a ver. Pretexté cualquier cosa y lo dejé ahí en medio de la calle. Me lo volví a encontrar un día en el tren. Justo entré en putiza, me senté en el primer asiento vacío y escucho un "hola Mariana". ¡Era él! Y no pude escapar de media hora de contacto bastante embarazoso, porque claro, lo mandé al cuerno y pues ahí intentando charlar de los más amenos los dos.

Así que cuando lo vi salir del baño, cuando alcancé a identificarlo a vuelo de pájaro, me di la media vuelta y me fui directamente para el otro lado, sintiendo sus pasos detrás mío, sólo pude pensar para mis adentros: que no reconozca mi trasero, que no reconozca mi trasero. Y nada, que me hice la occisa y salí corriendo de la mediateca.

Hoy procrastino. Hoy y siempre.




FOTO-EYES: ¡Ay ojón! Del ocio tambaleante que me acecha en mis jornadas laborales. Cuando no leo algún diario, hago una que otra fotico.

2 comentarios:

FG dijo...

No sé porque me acordé de esa cumbia que dice: "Ojitos mentirosos no me miren, tu mirada tierna me enloquece..." jaja.

FG dijo...

"La procrastinación es el ladrón del deseo"