jueves, noviembre 20, 2008

Los pelirrojitos no son como los pinto

Así que estoy aquí sentada en CasacAsia, hinchándome a caramelos, tolerando el incipiente cólico, y pensando en que los pelirrojitos sexys no son como los pinto.

Me explico.

Ayer, mágicamente, me topé con mi vecino motorista. Venía llegando del Video Club, porque me estoy dando una atascada de Sex and the City, la serie, ya que al ver la película la nostalgia me ganó y fui a alquilar un par de dvd's. Eran casi las 9 de la noche y al irme acercando a casa, al percatarme de que era él bajándose de la moto, no lo pude creer y me dio mucha risa interior, así que pasé de largo, pero le dejé la puerta abierta del edificio; en lo que él entraba, yo pedí el ascensor y miré el buzón de correo. Ya estábamos los dos parados frente al ascensor; él movía la cabeza de un lado al otro y hacía ruiditos de cuando te duelen los hombros por cansancio, y yo ahí, sin saber qué decir, así que volteo y le pregunto que cuánto tiene viviendo ahí. Tengo la teoría de que sólo es cuestión de hablar con la banda para sacarle una sonricita, y pues va a ser que si. Me dijo que justo había hecho un año. De ahí, saltamos al tema de la moto, de lo abrigado que iba, de que tuvo una bici y se la robaron, que él va hasta Sabadell en moto, y llegamos al tercero y me tuve que bajar, pero iba con una sonrisa pícara por haberle sacado plática, que me hizo sentir bastante bien. Es sólo cuestión de tocar tantito la puerta para que te abran. Luego, a media noche, me textea el otro pelirrojito sexy porque no lo atendieron en urgencias y tuvo que volver a casa con el dolorón de sinucitis que traía. Ni hablar, me hizo gracia que respondiera así a mi consejo de que tenía que exagerar el dolor para que lo atendieran.

Pero no, ninguno de los pelirrojitos sexys son pelirrojos, ni son tan sexys como mis ojitos los ven. Sea como sea, me alegran la vista y es todo lo que quiero por ahora. No está nada mal, los dos dando señales de vida el mismo día. ¡Ay! ¡Cómo me encanta!

De lo que sucede o sucedió en mi piso, aún no me atrevo a revelarlo. Digamos que sucedió algo que trastocó el orden, la paz y la tranquilidad. Si bien soy en parte responsable de eso, ya no soy responsable del comportamiento de las que habitamos el piso. Uno piensa que como adultos, las cosas se pueden sobrellevar mejor que cuando eres un adolescente imberbe, pero no siempre sucede así, sino todo lo contrario. El nivel de hormonas se elevó a niveles estratosféricos. Mi cabeza voló, pero pude recuperarla unas calles abajo. Me la coloqué bien y ahí voy tratando de no volver a pisar ningún explosivo del campo que alguien minó para calmar su dolor, porque sus ilusiones se vieron avasalladas. Ese dolor, todavía no se va, queda bastante, pero es trabajo de cada una hacerlo. El problema es que las 4 habitantes quedamos salpicadas, dos sin deberla, ni temerla, y si pronto no cambian las cosas, si habrá que llamar a reunión de piso para plantear posibles soluciones. No sólo trataremos los problemas personales de Mariana, será más bien un llamado a la buena convivencia. Es sólo que he entendido por qué el llamado del otro día.

Somos demasiadas mujeres en ese piso. Dios nos salve.

Quizá algún día me atreva a revelar el hecho.

PIC: Yo haciendo caras hace tiempo ya. En este piso desde donde suelo escribir, mi casa todavía.



2 comentarios:

FG dijo...

Bueno, pelirrojo no soy, al menos nunca lo he intentado. Tu si ya has sido pelirroja, pero castaña te sienta bien tia.

tona dijo...

yeeeeeeeeeeeeaaaaaahhhhhh!!!!