sábado, octubre 11, 2008

¡Esquina bajan!

No, no sólo me caigo de las escaleras de un bar estando borracha. No. También lo hago en plena sobriedad, por ejecutar un descenso veloz y torpe en el hostal. Así que no, no es mi costumbre sólo caer de las escaleras en pleno estado de ebriedad.

Lo anterior por la noche del jueves, cuando, después de beber sendas copas de vino (estoy en una etapa vinosa) cortesía del Ajuntament de Barcelona que, con motivo de la premiación de Jorge Herralde como gran editor, sirvieron un catering bondadoso, gracias al cual tuve a bien probar un canapé de trufa, esa seta prodigiosa de sabor inigualable.

Acto seguido, los incipientes estragos del alcohol nos condujeron a un muy tradicional bar en el Gótico, donde, además de descender por demás rápida las escaleras, vi como mi cerveza fue derramada en el vestido de una de las damicelas con quien departíamos.

Entre otras cosas, tengo miedo de entrar a revisar mi correo. El motivo es el siguiente: el lunes pasado, luego de una frenética búsqueda que realicé el domingo por la tarde, tuve dos citas para conocer dos habitaciones en renta. Digamos que coqueteé con la idea de iniciar una nueva etapa en Barcelona en un nuevo piso. El resultado fue conocer una habitación súper linda en un piso recién reformado, todo a estrenar, sólo había un pequeño detalle: el que rentaba era el dueño del piso, quien también viviría en el piso. La verdad es que me pareció que sería muy, pero muy raro vivir con un señor, aunque valdría la pena, porque además de que el lugar está situado en pleno Grácia, todo olía a nuevo ahí (menos el dueño, claro). La siguiente opción me atraía bastante por el precio y porque estaba cerca del gimnasia al que estoy afiliada, aunque todavía no voy ¡desde hace meses!, y porque está cerca de casa de Lulú, pero me llevé una verdadera decepción: el piso lucía realmente sucio, polvito por aquí, polvito por allá, la cocina llena de cochambre y, para rematar, la mascota del piso era "Omarcito", una tortuga. ¿Así o más feo? Entonces me dejé de tontería y pensé, ya tengo piso, el precio es bastante asequible, las mevas companyas son la onda, no me puedo quejar, lo único malo es que el piso está un tanto desvencijado y hay un horrible pollo de mural en el salón principal, lo cual no es nada bonito, da la impresión de estar en un kinder. En fin, tengo piso y es lo que cuenta. Y otra, se vale soñar. Lo freak del asunto fue que el dueño del piso bonito respondió a mi negativa que la verdad le hubiera gustado que yo me quedara con la habitación, que si le hubiera dicho que era un poco caro, hubieramos hablado del precio y que si tenía algún problema con aquello de encontrar piso, tenía un sofá cama en la sala. O sea, what???? No quiero ni pensar mal, me quedó con su amable ofrecimiento. Todo en interrogantes, obviamente. Como siempre, quién me manda.

SOUNTRACK: Es que a falta de fotos, ¡pos música maestro! Una de Karl Blau. Porque somos indies. Tampoco tengo que estar peda para repetir eso.

3 comentarios:

No tiene que ver con amor dijo...

Que envidia andar bebiendo vino en el Barrio Gotico, ¡pero regresare!.
Creo que el lugar donde vivamos tienes que contener detalles que nos hagan sentir bien, por ejemplo, la gente que viva contigo. Buena idea rechazarle la oferta a ese "Don".

Mariana M* dijo...

Pues acabo de entrar a mi cuenta, sólo para corroborar lo estimado: el tío me sigue ofreciendo su sofá cama, ¡qué pedo!

Anónimo dijo...

wey eso es una tactica de los abuelitos solitarios con todavia fuerzas para folletear, ya ves que aqui viven chorrocientosmilaños y mira no se por que yo y mi carnala tenemos un pegue con los abueletes, asco.. grrr..