jueves, octubre 23, 2008

Bajo mis cobijas

Lo tengo crudo. Son alrededor de las 7 de la mañana y un coágulo me ha despertado. Como zombie camino hacia el baño. Trato de no pensar demasiado, no recordar el sin fin de cosas que tengo qué hacer para volver a ser una ciudadana legal en España. Aunque no quiera, se obstinan en convertirme en una especuladora: tengo que demostrar un saldo total de mil 500 euros yo solita y, además, los movimientos de dos meses donde, claro está, se compruebe que en dicha cuenta hay movimiento. Logro volver a la cama luego de comprobar que ya está haciendo un frío de su reputísima madre que me hace estornudar y tener que sonarme tremendos mocos. Sólo quiero volver a estar debajo de las cobijas y quedarme ahí escuchando el golpeteo de la incipiente lluvia que impide a mi última colada secarse en el terrado.

Terapia a las 10 y una comida cancelada más tarde, estoy a las 11 y cacho visitando a Álvaro, uno de mis prestadores para engordar la cuenta y a punto de encontrarme con mi tercera prestadora. A la segunda le tengo que enviar mi número de cuenta en un SMS.

Es hasta casi las 2 cuando dejo a mis dos facilitadores del dinero que, dicho sea de paso, no les sobra, pero tampoco les hace falta de momento. No puedo pasar de largo y no disfrutar de la plática y la compañía, pero apenas tengo tiempo de volver a casa, ducharme, preparar la comida y volver al mismo punto de encuentro para cubrir mi turno vespertino en CasacAsia. Ya ahí, reviso mi correo y tengo que ir cuanto antes al edificio aledaño para recoger el convenio de prácticas. Mañana vuelvo a la universidad, ubicada a unos 40 minutos en tren de mi casa, para entregar el papelito que ya firmé yo, el director de CasacAsia. Sólo falta lo signe la vicerrectora de la UAB y oficialmente podré permanecer contratada hasta abril entrante. Es una lástima que no tenga listo el asunto dinero para llevar entonces todos los documentos que me exigen para la renovación de mi permiso de estudiante. Si bien es la tercera vez que lo hago, no dejan de darme nervios por más que tenga todo lo que se requiere tener para que extranjería te dé chance de seguir viviendo en suelo catalán. Tampoco es que te pidan tanta mamada ni la santificación de la virgen, pero es un acto de prestidigitación y heroismo: ir a plantar cara a la secretaría del doctorete para que te haga cartitas, al director del posgrado para que te la firme, así como juntar vía préstamo de todos tus amigos la cantidad arriba mencionada.

Desde la 9 y 22 que me puse en pie no paro de querer volver a estar debajo de las cobijas, soñando. Y para el coágulo, ya habrá salvaslip. Mujer segura, vale por dos. ¡Aaaaaaaaaaaaaaaah!

5 comentarios:

Xhabyra dijo...

Vaya tramite tan engorroso por el que estas pasando °~°

Verónica Nieva dijo...

Que tu acto de prestidigitación salga bien... En este tiempo la tramitología es una ciencia que sí requiere de mucho heroismo. Échele ganas, mija. ya vendrá el fin de semana...

Rox dijo...

A mi siempre me pusieron de nervios esos trámites. Y me parecía que a ellos les valía, no se... no se ponían tantos pedos como los gabachos para sacar la visa gringa.

Al menos esa impresión me dieron a mi.

Suerte! y que padre que tengas amigos ayudadores :)

NTQVCA dijo...

Pues se escucho un poco estresante, te deseo mucha suerte.

Mariana M* dijo...

Gracias, sus buenos deseos son órdenes.