martes, septiembre 16, 2008

Panicología y locos forever



Mientras contemplo matricularme a un máster en Comunicación, cultura y educación, leo animadamente el site del libro Panicology y siento mariposas en el estómago. Quiero leer, quiero escribir, quiero volver a tocarme a través de todo eso que me encanta. Ya fueron demasiadas vacaciones las que le dí a mi maceta y la verdad es que el programa de doctorado en que me matrícule, no me encantó tanto y al final creo que puedo hacer la tesina de aquí a un año, nomás por no dejar, total, con un aprobado me basta, porque no me encanta la idea de escribir justo eso, una tesina.

Los autores del mencionado libro, Simon Briscoe y Hugh Aldersey-Williams, nos platican desde un discurso bastante relajado, que roza incluso con la ironía, de los miedo que tiene la humanidad actualmente, la cual vive mucho mejor que nuestros ancestros quienes, puntualizan, vivían mucho menos estresados y sin miedo alguno de los terroristas o de la gripe aviar. Fui leyendo algunos de los tópicos que tocan en el libro y flipé sobre lo cierto que puede resultar eso.

Alguna vez, llegué con mi padre y le externé mi preocupación acerca de que podría morir a la vuelta de la esquina aplastada por un avión. Estaba realmente consternada por los peligros que nos rodean. Mi padre me dijo entonces que no se puede vivir preocupado a cada segundo de lo que te podría matar cada segundo. Verdad pura. De hecho, estamos convencidos de que el cáncer es un amasijo de emociones mal encausadas, de miedo guardado, rencor aquilatado y mil mamadas más, es decir, que ni por más veggie que seas, como lo fue Linda McCartney (que en paz descanse, nada contra ella), puedes morir de cáncer. El chiste, es vivir la vida, comer bien, hacer ejercicio, follar lo que se pueda y cuando se pueda.

Aunque me esté enemistando con bastante gente porque digo lo que digo, no voy a procurar el anquilosamiento de lo que siento. Ora si que disculpe, pero hay que vomitar. También hacer yoga de vez en cuando.

Estamos bien pinches locos, pero todos, yo y todos los demás. Pero lo confieso: quiero ser una loquita chida y querida y respetada y estimada, que no represente un peligro, que no me saquen la vuelta, que no me den el avión si les hablo peda (si ya sé, para qué les hablo peda) y que huela bien, jajajajaja. Oler bien es importante.

Anyway, clávense en la textura que prefieran.

ILUSTRACIÓN: De un bato que me ha gustado bastante, Álvaro Abarca. Caíganle a su blog.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hijos! yo tengo harto rencor a mi suegriz, mejor la ignoro, no vaya siendo, eres chida mariana escribe escribeee!!. Me pienso que junto con el chango son de los mejores escritores blogueriles de nuestra generación... bueno los que conozco.. saludines de la mex que anda por aca.