lunes, septiembre 29, 2008

Yo tuve un novio


Tuve un novio y nunca le juré al separarnos que le sería fiel, ni que el duelo duraría X meses. Tuve un novio al que quise, pero desde el principio sabía que no era para mí. Para mí, él se empeñó en quedarse a mi lado, en parecer imprescindible. Y lo fue. Y para poder dejarlo tuve que superar ataques de ansiedad, porque no me hacía sola en el mundo, en un país distinto al de origen, para ser exactos, en la capital catalana. Y heme aquí, escribiendo en mi pinchurriento blog, lo que mis pinchurrientas ganas me dan para escribir. Y heme aquí descubriendo comentarios anónimos de alguien que parecía demasiado infantil a veces, pero que también era lindo, cariñoso, atento, maravilloso, extraño y tierno.

De repente, tuve un novio y hasta una familia. Hoy, tuve un par de insultos que ni cosquillas me hacen. Es sólo que no entiendo, ¿dónde firmé que sangraría de dolor por determinado tiempo? ¿Dónde quedó estipulado que no podría fantasear con X cabrones pasado el tiempo de la ruptura? ¿Dónde firmé que le debía hasta los calzones?

He estado ahí, supongo que estoy ahí un poco. Pero hay que tener estilo y clase y no vestir nunca, ni aunque te lo haya regalado tu mamá, un jersey anaranjado.

SNAP: De Miss Van en la pared de una calle catalana. Hermosa, efímera y, lo mejor, gratis.

domingo, septiembre 28, 2008

Síndrome de abstinencia

Hoy no me quiero enamorar, la última vez me sentó fatal. Pasé noches enteras sin dormir, bebiendo, fumando y sin parar de reirme de mis miserias. Entonces: ¿por qué deseo tener un cabrón a mi lado?

La historia de mi pinche vida ha sido estar colgada de un cabrón y luego de otro. Todo comenzó hace no sé cuántos años y la verdad es muy aburrida esa historia. Ni yo misma la soporto, ni soporto ahora a mujeres heridas, porque su respectivo en turno no les da lo que necesitan que, básicamente, es una buena cogida. No hay truco: las cosas simplemente fluyen cuando les toca ser. Ya puedes patalear, berrear y chillar y nada va a devolverte a la persona amada. No existen polvitos mágicos para hacer que te amen nomás porque tú lo quieres así.

Y a pesar de comprender que no se puede ser un pinche dictador en lo que a amores se refiere, me encantaría ordenarle a la pinche vida que me mande a algún cabrón, algún valiente, eso sí, que no me conozca nada para que se aviente al ruedo, para así dejar de soñar con Chandler Bing, que fajoteamos en un planetario, bajo un cielo estrellado fake, que nos damos besitos, que me da cariñito (eso es todo y no mamadas). No mamar, soñé con Chandler Bing, házme el pinche favor.

La verdad acerca de toda esta historia es que necesito a un cabrón para camuflar mis enormes defectos, por lo menos los que yo considero grandes y enormes defectos, que son muchos ante mis achinados ojos. Así que el tortuoso camino hacia el amor verdadero, representa también el tortuoso camino hacia una saludable autoestima.

Y al momento en que engullo un Twix que compré en el Spar junto con unos bizcochitos de chocolate, concluyo: tengo síndrome de abstinencia, pero no me quiero enamorar.





sábado, septiembre 27, 2008

Confesiones de último minuto

Este medio día gasté mis veintiúnicos 2.50 euritos en mi comida: paella valenciana precocinada lista para calentar en el micro y servir. Luego, como pude, escarbé en el monedero y pude sacar 75 céntimos para un Twix. Tenía un antojo garrafal.Y me fui acordando de ayer, de cómo con Álvaro bebimos vino tinto, comimos pollo asado con ensalada en su casa, luego le caimos con Arabella, bebimos cerveza, cenamos ensalada de atún; regresamos a casa en bicicleta y pos me caí en Plaça Tetuán, más adelantito, ya sin Álvaro, perdí un arete en pleno pedaleo, entonces me harté de la bici, la boté en Joanic (porque era de las de alquiler citadino) y me subí a patín a mi casa. Entré, vi a mis compañeras de piso reirse y convivir sanamente, puse jeta, me pasé de largo, cogí el teléfono y me dormí llorando y aferrada a él.

Llevo días dándole vueltas a lo que hago aquí o lo que no hago y estoy, francamente, cansada de trabajar en el ramo de la hostelería. Me urge escribir y hacer algo creativo. Aunque todavía tengo un poco de miedo y no sé ni por dónde tirar.

Y no me gusta, porque se ve mal, porque se mal juzga, pero creo que borrachuza soy y es mi estado natural. ¿Cuándo dejaré de ser tan peda? Eso sí, extraño las pedas con gente querida, son más divertidas. Bueno, es que el pedo es que ahora me pongo peda y estoy nostálgica y salen de mí borbotones de tristeza y ansiedad y, según yo, antes, en mi terruño amado, rodeada de mi gente, pos me divertía poniéndole al chupe. En fin, figuraciones mías, en el fondo es pura justificación para la peor de mis adicciones.

Por lo menos sé de cierto que: no tengo ni un quinto, hasta en euros, soy pobre; aunque me esté recuperando a mis dependencias emocionales, me siento de la verga porque no tengo una, o sea, tengo mono, y quiero un abrazo y besitos, pero al mismo tiempo no gracias, me dan ñañaras los cariñitos.

Como siempre y desde siempre, ambigua. ¿Qué me podrá cambiar?


NOTA: Encima de todo, esta semana me vino el periódo. Bendito sea dios que nunca, ni borracha, se me ha olvidado quitarme el tampón cada noche y bendito sea dios porque no uso Moon Cup.

martes, septiembre 23, 2008

Caer lentamente

El respeto por el cambio del estado de la materia, de las cosas, debería practicarse a diario. Para no lamentarse luego, cuando se está cayendo lentamente y no se puede dar vuelta atrás. Aunque sea lenta la caída. O es que rotos debemos aprender a reunir las piezas y entonces comenzar a respetar la cualidad de regeneración del espíritu. Ése que es capaz de renovarse y volver a creer en él luego de haber descreído tanto.

¿Por qué estamos solos? ¿Por qué no nos reunimos otra vez? Porque no se puede dar vuelta atrás y la regeneración dio resultados muy distintos a lo que una vez unido estuvo.

Y se marchó en busca de su alma. Y lo maldijo todo. Rota, reunió los pedazos y siendo más ella que de costumbre, dio marcha atrás, pero no siguiendo las mismas huellas que dejó. Dio la vuelta y recuperó el curso, aunque no ha visto ni una estrella fugaz en su vida, cree que es afortunada de ser.

SOUNDTRACK: "Once", de la película en la actúan y cantan Glen Hansard y Markéta Irglová. Si no la han visto, no sé qué chingados esperan.



No acción








Comer y tener la sensación de no haber comido nada. Beber agua y seguir teniendo sed. Querer más, querer algo diferente a lo que tienes, querer lo que no tienes. Querer. En lugar de estar tranquilo, sosegado, satisfecho. Dormir y sólo desear dormir más y más y más.

No se trata de no valorar. Pero, ¿de qué se trata? ¿De qué se trata todo? ¿Dónde estar? ¿Dónde? 

Hoy amanecí en el piso de Lulú, que no está. Llovía y el ambiente era frío y la sensación en el cuerpo de la memoria era a DF. Al volver a casa pensé en la Condesa. ¿Dónde estar? ¿Dónde?

Por horas no hablé. Por días no posteé. Por años no amé.

FOTOGRAFÍAS: De la serie "Montaje". Súper ilegales de una nueva expo que habrá en CasAsia. Súper llegadoras. Súper buenas. 

viernes, septiembre 19, 2008

Autoestima varada y ando que salpico


El día que entienda por qué mi autoestima es tan baja, seré la mujer más feliz del mundo, porque no basta con parecer segura de una misma, como bien podría parecerlo, sino serlo de verdad. Digamos que estoy guapetona, soy inteligentona, divertida y aguda, pero me cargo un látigo parte madres con el que me doy constantemente. Practico el sadomasoquismo, pero conmigo misma. La cosa no podría estar peor.

Once again le llamé anoche al Sujeto T. Tengo una debilidad extrema por oir su voz y que me diga 'guapa'. Tengo unas ganas de fornicar con él, que no puedo dejar de imaginarmelo como una de las últimas veces que le dimos al pump up the jam en nomeacuerdo qué motel tapatío. Quiero hacer rechinar mi colchón con él encima. ¿Caliente? ¡Noooooo! ¡Cómo creen! Nomás poquito y eso que la fluoxetina me mantiene a raya la líbido. Estoy lubricando nomás de pensar en los huesitos del Sujeto T. ¡Por dios! No sé qué tiene Casa Asia que me pone tan cachonda y de buenas. A lo mejor es mi ovario quístico que ha estado un poco latoso este mes.

Volviendo a lo de la autoestima baja, tengo que elevarla lo necesario para salir del atolladero. Por cierto, quería matricularme a un máster en Comunicación, cultura y educación, pero se me hace que mejor me voy a meter a algo en donde aprenda a hacer podcasts. Y a darle al photoshop y a tomar millones de fotos, es decir, darle a la creatividad que para inventar historias me pinto sola (para tomar fotos quizá no tanto, pero me encanta, qué le vamos a hacer. Puta, ahí el látigo acudiendo raudo y veloz a machacarme). Se me ocurren muchas, nomás me tengo que poner a redactarlas, sin contar que a veces mi vida misma me sorprende por lo inverosímil que parecen las cosas que me pasan y lo narrables que son. Mi vida es mucho más divertida que la de Addison Montgomery o la de Meredith Grey, aunque me encanten sus series. ¿Así o más presumida?

Sujeto T, donde quiera que estés, en este momento mismo querría llegar hasta ahí para que me rellenes el rellano. O sea, qué Adrien Brody (que por cierto, me gusta mogollón), ni qué ocho cuartos: el Sujeto T rules.

¡Un cubo de agua fría por favor!


FOTOGRAFAFA: "Usted camine por favor, su reflejo también" que sólo me recuerda el hecho de que ¡este blog se está quedando sin fotos! Me urge cambiar de cámara, la que tengo, quiero e idolatro no da pa' más.

martes, septiembre 16, 2008

Panicología y locos forever



Mientras contemplo matricularme a un máster en Comunicación, cultura y educación, leo animadamente el site del libro Panicology y siento mariposas en el estómago. Quiero leer, quiero escribir, quiero volver a tocarme a través de todo eso que me encanta. Ya fueron demasiadas vacaciones las que le dí a mi maceta y la verdad es que el programa de doctorado en que me matrícule, no me encantó tanto y al final creo que puedo hacer la tesina de aquí a un año, nomás por no dejar, total, con un aprobado me basta, porque no me encanta la idea de escribir justo eso, una tesina.

Los autores del mencionado libro, Simon Briscoe y Hugh Aldersey-Williams, nos platican desde un discurso bastante relajado, que roza incluso con la ironía, de los miedo que tiene la humanidad actualmente, la cual vive mucho mejor que nuestros ancestros quienes, puntualizan, vivían mucho menos estresados y sin miedo alguno de los terroristas o de la gripe aviar. Fui leyendo algunos de los tópicos que tocan en el libro y flipé sobre lo cierto que puede resultar eso.

Alguna vez, llegué con mi padre y le externé mi preocupación acerca de que podría morir a la vuelta de la esquina aplastada por un avión. Estaba realmente consternada por los peligros que nos rodean. Mi padre me dijo entonces que no se puede vivir preocupado a cada segundo de lo que te podría matar cada segundo. Verdad pura. De hecho, estamos convencidos de que el cáncer es un amasijo de emociones mal encausadas, de miedo guardado, rencor aquilatado y mil mamadas más, es decir, que ni por más veggie que seas, como lo fue Linda McCartney (que en paz descanse, nada contra ella), puedes morir de cáncer. El chiste, es vivir la vida, comer bien, hacer ejercicio, follar lo que se pueda y cuando se pueda.

Aunque me esté enemistando con bastante gente porque digo lo que digo, no voy a procurar el anquilosamiento de lo que siento. Ora si que disculpe, pero hay que vomitar. También hacer yoga de vez en cuando.

Estamos bien pinches locos, pero todos, yo y todos los demás. Pero lo confieso: quiero ser una loquita chida y querida y respetada y estimada, que no represente un peligro, que no me saquen la vuelta, que no me den el avión si les hablo peda (si ya sé, para qué les hablo peda) y que huela bien, jajajajaja. Oler bien es importante.

Anyway, clávense en la textura que prefieran.

ILUSTRACIÓN: De un bato que me ha gustado bastante, Álvaro Abarca. Caíganle a su blog.

domingo, septiembre 14, 2008

Niña mala

where does my heart starts to beat?
at the bridge to your eyes
at the path to your scars
at the sway of your diamond black ocean


Joan as a Police Woman, "Holiday".




Las chicas malas trastocamos semblantes serenos y llenamos de pasión las manos vacías. Nos encanta ser el centro del universo y sufrimos el desencanto de lo que no es auténtico. No nos derretimos ante el típico hombre, hombre, porque nuestros caballos desbocados necesitan la valentía de los que además de ser hombres son personas. Y mientras, intentamos no estampar la cara contra el pavimento. Llenamos la casa de flores hermosas y bailamos en aquelarre hasta que llega la luna.

Hace mucho que no me estremezco de amor profundo. ¿Será que lo podré volver a sentir? Será.

sábado, septiembre 13, 2008

Farsa de tristes aferrados


No cabe duda que mear fuera del hoyo es lo mío. Tan lo es, que sólo me bastan un par de horas para desdecirme y tentar al diablo. Generalmente no tengo que beber una botella entera de ginebra para cagarla, pero como que ya en punto pedo la cago más padre y hasta tengo público. Se ríen, amablemente, conmigo, y un poquito de mí, porque debo ser la mar de graciosa cuando empino demás el codo. No está mal hacerlo, pero es que con los antidepresivos, es un error garrafal. Total, la cosa sucedió de la siguiente manera: nos armamos un comidón loco en el piso de Sors, la nenas carnívoras de la casa elaboramos el menú que incluiría tallarinas (unas almejas pequeñitas) al ajo y perejil; gambas al ajillo; vastas ensaladas de espinaca con aguacate y zanahoria con semillas de girasol hiper deliciosas y, por supuesto, vino. Hubo vino de todos los colores: blanco, rosado y tinto, que, en mi copa, voló cual pajarillo delicado. Más bien, desapareció tan velozmente como cuando se va el agua por el desagüe. Debo aclarar que no amanecí con resaca, pero estaba bastante cansada y pos éntrale a trabajar a las 8. Creo que apestaba a gin tonic. No, no lo creo, la afirmo, llegué apestando a ginebra. Lo exudaba a cada respiración. Y hablé con todo México: con Gemma que está de vuelta en el D.F., con Liliana que está en el bello Mazatlán, con Lulú que está aquí a la vuelta (todavía que luego se nos va de vacación al terruño amado) y...con el Sujeto T.

¿Qué se debe sentir que tu ex novia te llamé punto pedo para decirte que qué onda, que hay que hacer las paces? ¿Se sentirá bonito? Esta mañana estaba convencida de que el bato me dió el avionazo nomás para tenerme contenta y que no le vuelva a montar el pollo del año y cebarle (o no, la verdad es que no sé si le cebé algo, sólo sé que le causé un gran disgusto) la movida con la Zorra de Bajo Perfil, pero eso es too much paranoic, lo cual es normal en mí. La verdad es que me acuerdo de la mitad de la conversación, porque para haberle llamado sólo podía estar medio inconsciente, si no, hubiera mantenido mi postura de hacerle el vacío. Me acuerdo de que parecía contento de escucharme, de que le propuse encontrarnos en un punto medio del planeta, de que repetía que no pasa nada, que todo está bien, lo cual es muy típico de él, pero no puedo decir que lo recuerde vívidamente como en realidad me gustaría recordarlo, lo cual me convierte en un personaje realmente patético. ¿Por qué me hago pendeja? ¿Por qué chingados no he vuelto a México a plantarme en frente de él y ver de una vez por todas si lo que creo que siento es un espejismo o la más pura verdad? ¿Por qué no lo suelto? ¿Por qué me aferro? En resumidas cuentas, ¿por qué me atoro ahí? Pues para no hacer lo que tengo que hacer que es ver qué quiero hacer con mi vida, mover las nalguitas y dar el paso de que lo que sea que quiero hacer. Básicamente se trata de dejar de hacerme pendeja o tan siquiera decir "si, me estoy haciendo pendeja y qué". Creo que lo mío es una farsa de tristes aferrados, de seguir viviendo en el pasado, de no hacer nada con mi vida, de no escribir como querría, de no enfrentar. Yo critiqué hasta la inmundicia al Sujeto T por evadir responsabilidades, pero creo que la especialista en hacer como las avestruces soy yo, llevo ya rato haciéndolo. El primer paso es reconocerlo. El siguiente es actuar.

Practicaré: Hola, me llamo Mariana y no sé qué hacer con mi vida. Siempre que veo a personas éxitosas, con mucho talento, me pregunto cómo le hacen para hacer cosas. No sé cómo se hace para hacer cosas, así que veo la vida pasar. Tengo un patético blog en donde cuento mi vida de borrachuza irredenta, le arruino la vida a un par de seres humanos, incluida la Zorra de Bajo Perfil, soy mentirosa, traicionera, egoísta, pendenciera y me odio tanto como al resto de la humanidad.

Vale, en este punto debo parar porque el tono comienza a ser totalmente autocompasivo, lo cual es otra de mis maravillosas características. Eso de ser víctima se me da muy bien.

Por cierto, esta noche debería estar en el Chico Chango celebrando una fiesta mexicana, pero no voy a ir. Mañana trabajo todo el día. ¿Y qué más? ¡Ah! Si, mi ex novio se encabronó por el post anterior, me pidió que le devolviera todo, pero todo lo que le debo y tengo de él, lo cual es bastante, no sé, tendré que vender mi cuerpo (literalmente, los óvulos) para saldar cuentas, porque a ver, cuando era mi novio me dijo "no, tú no me debes nada, yo te lo doy" y hoy dice "no es justo que tú ganes más que yo y encima tenga que pedir un adelanto para pagar el seguro de la moto". Además, me va a odiar más por decir esto, lo sé, pero en este blog se dice lo que se tiene que decir.

Mi hermana pronto se va y me va a pesar demasiado. Su presencia, además de encantadora, ha tenido el puntillo cuestionador de "morra, qué vergas estás haciendo de tu vida", lo cual, me vino demasiado bien. No hay como la familia para decirte "mija, si quieres te paso la pala, si quieres, o ¿te ayudamos a salir de ahí?". No cabe duda, la vida te da sorpresas y es cuestión de uno abrir los brazos o voltear la cara y seguir cavando.

FOTOGRAFRAFRA: "Allá en la fuente había un chorrito", tomada en la terraza del nuestro hogar. Nótese la primera botella de ginebra. Chéquese que mi hermana y yo nos uniformamos sin querer. Y ahí la bella Nat y la bella Úrsula.

martes, septiembre 09, 2008

Fantasía


El momento que precede al instante en que todo cambia para siempre es parecido a aquel en que una es capaz de sentirse poderosa y atractiva, capaz de invitar a salir a ese pelirrojito que tanto se cuestiona acerca del valor que tiene aprovechar el tiempo, estudiar y redactar una tesina. Ya mismo me estoy resbalando sobre su pecho, su tersa piel blanca, bordeada por uno que otro lunar, dulce, sobre todo dulce; me estoy enredando en su lengua y su barba me raspa la piel, el rojo salta de la fricción; sus manos me están elevando, me encrispan hasta el sofoco, estoy a punto de explotar. Pero, del todo, no puedo. Cuando alguien me gusta tiemblo, sudo y hasta tartamudeo. Intento sonreir y hago comentarios que considero apropiados y graciosos, pero no sé realmente lo que está sucediendo en la cabeza de mi interlocutor, por lo tanto la inseguridad me carcome por dentro y soy un tanto torpe.

Estoy a un instante de tontear hasta la inmundicia y dedicarle la miradita perfecta; estoy analizando la estrategia para que tropiece conmigo y parezca todo la más hermosa casualidad. No me importa que mire mi escote de tanto en tanto; eso lo consideraremos un punto a favor. Y que no tenga novia. Aunque un pelirrojito así, tendría que tenerla por fuerza. Es un bombón.

Creo que estoy en una fase pelirrojitos, porque tengo un vecino motorista que me mola bastante y creo de cierto que su pelo roza el rojizo por fuerza. Anoche coincidimos mi hermana y yo con él en el portal, pero, una vez más, los nervios me traicionan y cuando preguntó si subíamos para esperar en el ascensor, yo, tajante, dije que no. Cuando le dije a mi hermana que me gustaba, flipó por lo cortante que fui. ¿Entonces cómo vas a llegar un poquito más lejos? Pues no, no llego ni a la esquina con ninguno de los pelirrojitos sexys, porque apenas estoy experimentado el momento previo a cuando todo cambia para siempre. Para bien o para mal, pero las cosas van a cambiar. Quizá me tarde dos semanas más en obtener una cita. Quizá no haya cita alguna. Y es que puedo estar deseando volver a sentir un poquito de fuego, un incendio aunque sea menor, mientras adoro estar sola. Una cosa no está peleada con la otra. Tampoco estoy esperando ya de ya al amor de mi vida. Pero sentir bonito…Justo anoche me arruyé al sueño tejiendo una historia entre el vecino y yo. En mis fantasías, tengo un vecino imaginario que me quiere sólo a mí, lo cual rifa, porque me lo tropiezo de repente en el pasillo y resulta ser una chulada; luego lo veo comprando en el súper, más tarde en algún bar del barrio y ¡cataplúm! Ahí es cuando sucede el encuentro triunfal: entre copa y copa charlo con él, quedamos otro día, porque no, en la primera cita o encuentro no hay que darlo todo, hay que permitir a la emoción llegar, al misterio rodearlo todo con su halo poderoso de atracción, así que no será como hasta el tercer o cuarto encuentro cuando después de una cenita a medias luces el vecino imaginario me mira fijamente a los ojos y se acerca para plantarme el besazo del milllón. En seguida, sonricitas, más besitos, fuera ropa y lo terminamos haciendo en el sofá de la terraza, porque claro, justo ese vecino, es el vecino con terraza en el ático.

Me encantan mis fantasías. Llevan narración y todo. Las he tenido de todo tipo y me han permitido alcanzar el sueño en incontables ocasiones. Es algo que practico desde muy, pero muy pequeña, lo cual quizá me torturaba un poco, porque pensaba que estaba mal hacer eso no sé por qué, pero le daba rienda suelta a mi imaginación creando escenarios, vestuario, diálogos.

Acabo de cruzarme por tercera vez con el bomboncito y no ha pasado nada. Seguimos informando.

FOTOWET: "¡Ahí va el chorrazo!". El resto, imagínenselo ustedes.

domingo, septiembre 07, 2008

El idiota

Estoy convencida de que la intolerancia es decadente, pero en algunas ocasiones es totalmente permisible. Así como juzgar a la gente, sin conocerla de cierto, es muestra de una total falta de humanidad, irrumpir a las 5 de la mañana en tu casa haciendo toda clase de ruidos sin importarte que tus compañeros de piso estén o no durmiendo, es una falta de humanidad. Sólo los animales, carentes de raciocinio y un criterio propio, serían capaces de pasar por alto la existencia de ciertas reglas de oro, innombrables en algunas ocasiones porque resultan por demás obvias, que cada persona lleva consigo siempre y cuando cuente con la conciencia de que no vive sólo en este mundo, mucho menos en un piso, porque para vivir solo en un piso en una ciudad como Barcelona se tiene que tener mucha pasta y justo eso es lo que no le ocurre a Vito. Vito Andrea Sampreoni, italiano de 25 años, estudiante de la licenciatura en Humanidades en la Universidad Pompeu Fabra es una muestra de ello. Al parecer, a la edad de 18 meses se cayó de la cuna por descuido de su madre (vaya usted a imaginar qué rasgos de esta cuidadosa madre fueron a replicarse en los accidentados genes de su crío). Esto le ocasionó una ligera lesión en el parietal superior izquierdo, justamente el lugar en donde el cerebro alberga las capacidades motoras más importantes, zona que además reune al conjunto de neuronas que desencadenan acciones tan básicas en el ser humano como la capacidad del orden y la limpieza en todos los sentidos. Cualquier persona que carezca de la madurez necesaria en el área mencionada, padecerá de ciertos desordenes considerados como normales por el común de la gente, ya que estudios recientes del Departamento de Neurociencias de la Universidad Complutense de Madrid, publicado por un importante journal de casos de éxito en la ciencia moderna desarrollada en Europa, comprueban que en un 75,9 por ciento de la población de este continente se manifiesta este tipo de lesión, en algunos casos por golpes accidentales sufridos en la niñez, en otros por problemas de opresión craneal al momento de nacer, debido a la utlización de forceps, lo cual deriva en diversos comportamientos. Algunos de estos, señala el reporte del equipo de neurocientíficos encabezado por el Doctor Ramón Alcala y Reynoso, resultan tan simples y cotidianos como dejar tirada la ropa en el piso en lugar de colocarla en el cesto de la ropa sucia; no ser capaces de limpiar la cocina tras haber cocinado pasta acompañada de un buen pescado frito o cualquier zona de trabajo que se haya utilizado, y transgredir el espacio vital de las personas que le rodean sin percatarse de agresión alguna, entre muchas otros. Vito Andrea Sampreoni, oriundo un pueblecito ubicado cerca de Milán, al norte de Italia, era un excelente ejermplar de este tipo de lesión. Era capaz de llegar a las 5 de la mañana al piso que pude habitar con él por algunos meses, acompañado de su novia, una catalana sin pena, gloria o atributo alguno, azotar la puerta tras de sí, encender todas las luces que encontraba a su paso y comentar con su damicela de los momentos fugaces de la velada. Por alguna razón que sólo puedo acuñar a la tacañería del ramo inmobiliario catalán, las paredes de los pisos son una burla, un mal chiste que no contiene los ruidos, ni el más mínimo, que pueden suscitarse en el interior de una habitación. Encima, hay que sumar que el cuarto de Vito no cuenta con puertas de madera, sino con unas risibles cortinas de mal gusto, que hacen las veces de una compuerta pleglable, que además Vito suele no cerrar porque su gata, la tierna Lilaput, suele rasgar en medio de la noche para entrar como Pedro por su casa (tendré que revisar los anales que estudian el comportamiento animal o simplemente atender al dicho ese que reza que todo, pero todo se parece a su dueño), lo cual me permitió escuchar la conversación entera que sostenía con su chica. Rogué a dios y a todos los santos en esa particular ocasión y en las innumerables subsiguientes que estuvieran embriagados o drogados como para caer redonditos en la cama en unos cuantos minutos, los necesarios para que yo no tomara la conciencia necesaria para comenzar a derramar bilis porque alguien había interrumpido un sueño que me había costado mucho concicliar. Llevaba varios meses de insomnio a causa del cambio de horario entre México y España. Pero no, no era posible tal cosa. Vito Andrea Sampreoni, me quedaba claro, a causa de las lesiones que le causó la bestial caída de la cuna a los 18 meses, no tomaba en cuenta el delgado grosor de las paredes del piso que compartimos y lo hacía con una total soltura y desfachatez. Podía dormir tranquilo, como el bebé feliz que nunca fue, después de haber roto los sueños de la gente que lo rodea, además de dejar bien claro que había llegado al piso. Yo no puedo tolerarlo, no me da la gana y además me parece de mal gusto dar muestras de humanismo ante tan bestial comportamiento. Ni el porro que tuve a bien fumar para, insisto, conciliar el sueño con o sin mi consentimiento, valía la pena entonces. Consciente de los daños que drogarse causan al organismo, lié tabaco y haschis como lo había observado un montón de veces y me hice al mundo feliz del humito patrocinado por los inmigrantes paquistaníes que consideran a España como el sueño dorado, pero ni eso valía la pena cuando a las 5:48 am estaba yo con los ojos en blanco mirando al techo esperando que por obra y gracia divina viniera a mi un rayo enceguecedor que me hiciera caer, por lo menos, en un coma profundo. Pero no, no era tan buena mi suerte. Encima de limpiar las vomitadas de Vito en el baño, de recoger las cagaditas de su gata, de remover sus cabellos de la bañera, de trasladar al cubo de la basura los restos del pescado que lo alimentaba y apestaba la cocina entera porque se quedaban en la coladera del fregadero, encima de todo eso, había que soportar el bello insomnio patrocinado por la impertinente llegada al piso del magnánimo italiano que se empeñaba en estudiar Humanidades en una prestigiosa universidad a pesar de no contar con mucho talento y reprobar varios exámenes como un mal crónico. Si bien estoy consciente de que la tolerancia en la vida cotidiana de todo individuo es como el embrague al auto, como la mantequilla al guiso o el oxígeno para un ser humano, me vale madres, no apliqué nunca a este especímen carente de cualquier orientación y orden, que deja barras de pan endurecerse arriba del refigerador como el niño que colecciona mocos duros debajo del pupitre en la primaria; que pasa la aspiradora en su cuarto pero no barre o trapea ni en defensa personal para así atesorar el preciado polvo catalán debajo de su cama; que agita al caminar la única rasta que cuelga apestosa de su cabeza. Supongo que estoy pagándolas todas con esta experiencia que tuve que soportar porque yo tampoco tenía la pasta suficiente para vivir sola en un piso en Barcelona ni en el puto Raval, rodeada de paquis, filipinos e hindúes capaces de dejar parados los calcetines luego de vestirlos un mes entero.

Por la boca muero, pero no del todo


Actualmente, a pesar de encontrarme tan bien, me veo en la necesidad de enfocar mi energía en mejorar mis cualidades comunicativas y por ello me refiero a la importancia de saber transmitir sentimientos, ésos que sentimos, pero que no es fácil materializar a través del habla. Sentir, siento mucho y me la paso pensando en todo eso. De ahí a que sea capaz de expresarlo, pues va a ser que no. Si, estamos en problemas. Por otra parte estoy supeditada, por ahora, a callarme todos los impulsivos comentarios que deseen brotar de mi boca cuando estoy enojada, de manera que pueda identificar el origen exacto de mi malestar durante el tiempo de reflexión y mientras se bajan los ánimos. Confío en dios en poder hacerlo.

Más de una vez he puesto ojos de plato pensando al mismo tiempo "yo y mi gran boca", por hablar mal de alguien que casualmente se encontraba justo ahí o por decir barrabasada y media. Insisto, parece divertido hasta que no lo es.

Y en plena visita de mi hermana, en la colita del verano barcelones, cuando da un poco de temor la pronta desaparición del calor, por más agobiante que pueda resultar a veces, luego de una semana ininterrumpida de fiesta, mucha fiesta, como dios manda fiesta, vuelvo a trabajar 12 horas en domingo, a salir de casa tan temprano que ni tráfico hay y hasta puedo estacionar la bici en frente de la panadería y comprarme un croissantcito pal desayuno.

Hasta eso, las bestias del hostal se comportaron.

Con el deseo de cruzar el océano en noviembre, me despido sin más novedad.

FOTOCHUS: "Luces de bengala", nomás por nombrar más entusiastamente a las pinches luces que iluminaban una mesa de billar aburrida y formal en un club por la Rambla.