sábado, agosto 16, 2008

El guardia que era presidente

¿Sábado bizarro? No, bizarrísimo. Debí sospecharlo desde que crucé el umbral de Casa Asia 30 minutos después de la hora en que en realidad debí llegar. El motivo: mi jefe en el hostal regresó de vacaciones y se entretuvo demás en el ordenador, por ende, me entretuvo demás a mí y así como una bola de nieve todo el brete fue ganando volúmen.
El guardia que de por sí es mamón, mamó con aquello de que ningún pretexto vale para llegar tarde, que siempre ha sido así desde que él se acuerda y que lleva 5 años viendo becarios pasar y llegar tarde uno tras otro. Yo, como sea le doy el avión y hasta le saco platiquita, porque como es re mamón, pos hay como que echarselo al bolsillo (debe ser un estúpido porque no darse cuenta que la gente te tiene que hacer la barba para llevar la fiesta en paz y no porque realmente hay chispa y buena onda, está cabrón). Subo a la sala, subo más para saludar a Álvaro, le digo que me voy a comer a la cocina como hago últimamente desde que tuvo a bien mostrarme el camino hacia el comedor de los empleados en este sacro santo recinto. Voy, me caliento la comida, parto el tomate, doy 2 bocados, oigo pasos, entra el guardia (que por cierto, se llama Data. ¿Qué coño de nombre ese, por dios? A menos que sea apodo de algún veinteañero, no entiendo que hace un garañón de casi 40 tacos haciéndose llamar Data) y comienza el cagoteo. Que qué hago ahí, que quién me dijo que podía ir a la cocina y, sobre todo, que qué hago comiendo en mis horas de trabajo.
Como pude contesté, ahí, medio sacada de onda, pero sin chistar, le dije que lo sentía, que no sabía que yo no podía estar ahí, que Álvaro me había dicho que sí que se podía. Termina la primera parte de la perorata, me quedo sola y pienso: pero, ¿qué coño? Si los becarios tenemos al menos 15 minutos para poder subir a tomar agua o así, pero claro, no reparé en que había llegado muy tarde. Me lamenté enormemente y caí en la cuenta: pero si llegaste tarde pendeja, hoy no debiste subir así tan pronto, hoy tocaba cuartito de la puerta roja. Y es que desde que trabajo aquí y tengo que comer aquí, pos suelo calentar la comida en el micro del hostal, llegar aquí, checar tarjeta y entonces si, ponerme a comer mis sagrados alimentos en el cuartito de la puerta, ése donde me metí a dormir el día que no podía con mi alma.
Bajé en putiza pensando en decirle que por derecho los becarios tenemos 15 minutos para descansar y que ese tiempo pensaba usarlo para comer, pero que voy escuchando sus gritos conforme me hacerco a la sala donde estaba Álvaro y pos que apuro el paso para interceptarlo. Como preví, ya estaba cagoteando a mi amigo, así que entró en la sala y le digo que si él dice que no se puede ir ahí, pos ya está, no lo hago más, que simplemente no lo sabía, y que la suelta: que si llegó tarde, cómo encima me ausento de la sala para ir a comer, que ni él puede hacerlo, subir a la cocina (que en realidad es como lo que le ardió más, que él, EL GUARDIA, no pudiera calentar su comidita de tuper ware y comer sentadito ahí, es que lo repitió hartas veces), que la exposición vale una pasta y que estoy ahí para vigilar que no se vayan a robar los proyectores (que por cierto, están montados a un nivel bastante alto, empotrados en unas bases que cuelgan del techo, o sea, muy por arriba de la altura de cualquier ser humano de estatura promedio) y qué blah.
Por mi cabeza pasaban imágenes de alguien saliendo de la sala con un proyector en la mano, ante lo cual me cagaba de risa, porque sería prácticamente imposible, pero luego pienso, en esta vida tooooooodo es posible, así que mejor me callo, pero mientras le iba respondiendo al hijo de puta éste, porque en realidad lo que tenía era un berrinche cavernario porque la pinche becaria se lo pasó por el arco del triunfo, llegó tarde, no se disculpó, no le lamió las botas ni los huevos y con todo, se fue a comer toda concha y como dios manda al comedor.
Pocas veces me puedo reir tanto interiormente al presenciar pataletas de niñato en garañones muy garañones.
Eso sí, me dejó un retortijón que se fue luego de un rato y la certeza de que, si tú jefe no es un pendejo, siempre hay un pendejo que se cree el jefe.
Por eso, estamos como estamos, ja, ja, ja.

4 comentarios:

Malintzin dijo...

"si tú jefe no es un pendejo, siempre hay alguien pendejo que se cree el jefe."

Jajajajajajajajajajajaja no sabes como me he puesto a reir cuando lei esto.. tienes TOOOODAAA la razon.

Yo conozco unos cuantos aqui en mi chamba.. y jamas los hubiera descrito tan bien.

Saluditos y regalale una horchata al GUARDIA, o una tortita de aguacate, pa que le siente bien.

Mariana M* dijo...

Odio al guardia casi desde que lo conocí, no podría regalarle nada aún.

Quizá un día trascienda y entonces si le regale hasta un nuevo nombre.

Ya quisiera yo no hablar de esto, es decir, no tener que pasar por ahí. Pero es el pan nuestro de cada día. Ya qué. No queda más que hacer de tripas corazón.

¡Saludos!

Anónimo dijo...

Habra jefes gachupines buena onda normales de perdis con sentido comun??

sha.

Mariana M* dijo...

Hasta eso en el hostal el mero jefazo es bien buena onda, pero bueno, a veces se les hace bolas el engrudo como a todo el mundo.