lunes, febrero 26, 2007

Recuerdos y oropel

Todavía recorro algunas noches casi completas. Puto jet lag de mierda. O putas preocupaciones. Como sea. Un día antes me desvelé neceando hasta las tantas porque hubo fiesta en el piso, una velada estupenda con una concurrencia variopinta: catalanes a dios dar; los italianos que nunca faltan, están en todas pinches partes; un francés, una alemana, un eslovaco, un holandes y un belga. La delegación mexicana bien representada. Gemma, Lulú, Enrique (que vino con su brasileña bajo el brazo), y una servidora. A la parte catalana, sólo le falto el Pere. Y este desvelo me valió el de ayer. Así que anoche, antes de conciliar el sueño, el brillo y oropel que recubren los recuerdos se pusieron de marco para regresar al día en que Liliana se despidió de Guadalajara. Para el convite eligió el Acne y para el bailongo los beats de Jorge Triana. Recordé lo fría que sentí esa noche y no por la temperatura ambiental, sino porque en mi vida las cosas habían cambiado: ya no estaba Tomás, sólo estaba de holograma, como cuando al final de una de las películas de la Guerra de las Galaxias se aparecen Darth Vader, Obi-Wan Kenobi y Joda: miraban la escena desde el otro lado en calidad de fantasmas. Me dio risa imaginar a Tomás así, pero no está nada mal el símil. Coincidentemente fue la última vez que me topé con Lilián y con el Orva. Me acordé porque ya una vez me los había encontrado ahí, pero entonces no pude saludarlos, ya que todavía me calaba Orva y odiaba con todo mi corazón a Lilián por estar con él, porque ellos se flecharon una noche en La Santa, una noche que yo iba decidida a todo con el Orva (hasta me había comprado ajuar para estrenar y todo) y pues iba a ser que no, que el destino tenía preparada otra cosa y ellos se encontraron para bailar un rato juntos mientras yo bailaba en otra parte, al compás de otros acordes. El odio me consumió algún tiempo, realmente estaba obsesionada con él y me dolió en el orgullo que posara sus ojitos tristes en otra persona. Digamos que aún creía que eso era amor, pero no era más que una vieja esquina de mi vida por la que no quería dejar de pasar.
Todo eso también cambió, bendito sea dios. Yo ya no odio a Lilián y ya no quiero a Orva (los dos me caen bien y ella tiene uno de los blogs que más me gustan). Tampoco estoy con Tomás, ni estoy en Guadalajara. Estoy acá intentando conciliar el sueño a horas apropiadas, evitando siestas vespertinas, montando la bici para cansar el cuerpo y consumiendo santa valeriana (jiji, soy adicta total) para regular los ciclos. Y mientras llega el sueño reparo en el pasado y sus reflejos de oropel y pienso en la bola de pendejadas que una hace cuando está desesperada por obtener la atención de un chico por sobre todas las cosas, incluso una misma, y de cómo odiamos a personas que son interesantes o en cómo amamos a alguien a quien creemos conocer pero que en realidad idealizamos y adornamos con tantos atributos que sólo existen en nuestra cabecita loca, que perdemos piso. Such it's life in the tropics dicen por ahí y yo ya no quiero pasar por ahí.



FOTOGRAFÍA: "Holograma", el puto holograma ése que se me apareció en la fiesta, fantasma recurrente, gran amigo en el pasado y puerto seguro que se hundió. Lo perdimos.

4 comentarios:

Lilián dijo...

Híjoles, yo pensé lo mismito en la despedida de Liliana. La diferencia: Orva, tú y yo ya estábamos completamente en otro mood.¡Qué alivino!, jiji. A otra cosa mariposa querida, y no te achicopales por lo de la beca, son pruebas y todo eso que ya sabemos.
Un abrazo.

Mariana* dijo...

Jajaja. Apenas le estaba dando los últimos toques al post (es el post que más rápidamente ha sido comentado).
Y sí: neeeeext!

Lilián dijo...

Jajajaja... wow!
Ya me dejé ver bien stocker... chin :P

Mariana dijo...

¡Nombre! De stalcker nada. Fue una grata coincidencia.

^_^