viernes, enero 26, 2007

No soy Sylvia Plath


Dirigida por Christine Jeffs, Sylvia es una película que cuenta la linda historia de la poeta Sylvia Plath (1932-1963), quien se suicida aspirando gas en la cocina de su casa, porque su marido, el también poeta Ted Hughes, le puso el cuernazo luego de que ella diera muestras de inseguridad y desconfianza, es decir, que le armara sendas escenas de celos crónicas. De acuerdo con el filme rodado casi totalmente en Nueva Zelanda, la mujer se pone loca, loca nomás con ver a su amado platicando con las wanna be poetas, y de plano se desquicia cuando nota cierta amabilidad de éste con Assia Wevill, con quien finalmente termina amarrándose al procrear un hijo. Justo la noche del día en que Hughes le anuncia a Sylvia el embarazo, ella encierra a sus dos pequeños hijos en su recamara, sella bien la entrada, se encierra ella en la cocina y abre el gas que le permitiría descansar por fin de este mundo.
No les voy a negar que me sentí un tanto identificada con la manera de actuar de Sylvia. De hecho, he leído artículos sobre los celos en los que se maneja la posibilidad de que los celos son manifestaciones claras de homosexualidad, lo cual, voy a ser sincera, no me asusta, pero no me cuadra del todo y ahora que vi Sylvia, tengo mi propia teoría.
Si bien Plath es bipolar, estado que propicia en ella los desgarradores ataques de inseguridad, llámense "celos", hay mujeres que en algún momento de su vida manifiestan ataques parecidos, cuya primordial característica es que no existe ninguna prueba tangible de que la pareja esté consumando un engaño, pero vamos, les da por hacerla de pedo al más mínimo movimiento ocular del macho tras un par de tetas o nalgas voladoras que deambulen por ahí.
En la película, se observa que inmediatamente después de que Hughes desposa a Plath, la mujer se sume en una etapa improductiva y mientras su marido escribe sus mejores poemas, ella no consigue hilar ni dos versos. En esos momentos se pone a hornear pasteles como loca porque tiene una clara tendencia obsesiva debido a su bipolaridad.
Mi conclusión es que hay mujeres que manifiestan celos en algún momento de su vida en la que no se encuentran realizadas. Generalmente una mujer no realizada resulta poco atractiva para un hombre (y para ella misma. Se da de topes contra ella y contra todo consumada por la angustia de ser alguien y estar aún en el camino. Son procesos, pero bueno), así que esta sensación produce inseguridad y se suma al cúmulo de inseguridades bien cabronas que nos ponen bien pendejas y entonces abrimos la boca, salen los demonios y la regamos.
Pero no, no quiero ser Sylvia Plath, aunque a veces, admitámoslo, pasa. ¡Y qué miedo! Y tampoco quiero dejar de mencionar, que qué chingona poeta fue. De sus oscuridades sacó la médula de sus palabras.


FOTOGRAFÍA: "Ni horizontal, ni vertical, sino todo lo contrario" la sombra de una bebida refrescante 0 calorías en su botella de plástico reflejada en mi mano. En honor a la verticalidad plathiana. El sol tapatío, qué cosas hace.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sin embargo creo que los celos esos enfermizos de los que hablas sólo suelen ser un elemento consecuente a un estado en las mujeres bien cabrón: tener como pareja a una “estrellita” provoca una estúpida, ESTÚPIDA, distracción hacia lo que nos atañe como seres productivos que somos: él brilla, por ende lo admiras, te conviertes en otra de sus fans y en consecuencia intentas competir con las otras que le rondan, cuando lo único que tenemos que hacer es ponernos a hacer lo nuestro, con la misma pasión, así despejamos nuestra mente de pendejadas, nos hacemos iguales de chingonas y ganamos, entonces, la misma admiración del wey hacia nostras. Aunque, cabe decir que algunos no quieren tener como pareja a una chica a su mismo nivel, les parece mucho más cómodo tener una noviecita fan, que no cuestione ni robe destellos. Ya me engrané en dar mi opinión, ya sé, pero la verdad es que yo me identifiqué un chingo con esa ruca, en fin. Saludos.

Mariana* dijo...

La verdad no lo hubiera visto desde esa perspectiva si no lo hubieras mencionado, yo me clavé en la pura reacción de la morra y me clavé más pensando por qué no se detuvo a pedir ayuda, por qué se cayó al barranco, por qué su bato, que claramente la amó, no se detuvo a entenderla. Como verás, estoy consternada con los pedos de incomunicación en las parejas. Yo digo que ya se trate de novios "estrellita", de novios ingenieros, si te ven ponerte pendeja, ¿por qué no parar para hablar del por qué? Las relaciones son de dos y las actitudes de los estrellitas y de los ingenieros repercuten en las reacciones de sus morras. Causa y efecto. Yo también me engrané, ja. Un gusto verte de nuevo por aquí.