martes, enero 30, 2007

Fin de temporal

"...las tormentas son para hacer las raíces de los árboles más grandes y profundas."
Natalia (Y no sabes, cuánto me hubiera gustado que en este caso fuera así.)


Hace dos horas apenas apreté el botón de reset de algo que pensé no querría borrar nunca, algo que inició hace 11 años con miradas de flirteo en un bar de la extinta Ruta Vallarta, algo que me tomó años superar y que, cuando por fin vi como la más pura amistad, se empeñó en conquistarme de nueva cuenta. De verdad me conquistó, creí con vehemencia en sus premisas y acciones, me enamoré de su flacura, de sus tatuajes, me enamoré de su pasión, de su sonrisa, de sus manos pequeñas. Lo amé y me sentí correspondida. Creí que se trataba de esas historias para siempre, un amor de raíces fuertes, capaz de sobrepasar el temporal más crudo, el temporal de las ausencias.
El 5 de diciembre pasado percibí que algo se había roto. Vi demasiada tristeza en los ojos de Tomás conforme me fui acercando a él en el aeropuerto. Lo abracé y lo noté ligeramente renuente al gesto, pero lo pasé por alto pensando que era parte de los desajustes que traen el tiempo y la distancia, sólo para constatar más tarde que no eramos tan fuertes y que no fue.
Igual que hace 11 años, a Tomás no le salió la voz para hablar con franqueza y eso me enloqueció demasiado; me culpo un poco por no haber propiciado el terreno apacible y seguro para dialogar con él de nuestras vivencias el último año, pero no puedo culpabilizarme de una manera de ser, la misma que hace 11 años agotó las posibilidades para ser pareja.
Hace 3 años que nos reencontramos, yo estaba hecha pedazos, y él, otro tanto. Nos ayudamos a reagruparnos, pero la magia no duró tanto, era magia pasajera.
Mi madre dice que cuando es, una relación no se tambalea con las diferencias que genera la distancia. Mi tío dice que cuando no es, no es, que un puerto seguro trae mucha calma, pero el que sí es, es a pesar de todísimo. La gente a mi alrededor dijo y dijo y yo descreí y sentí que si yo lo amaba, lo encontraría más tarde. Pero hace dos horas comprendí que se puede ser polite, y se agradece (caballero hasta el final, eso sí), para no herir más de la cuenta, pero que cuando se deja de querer, se acaba la voluntad y no hay pa' dónde hacerse. Y como hace 11 años me quedo con un montón de coraje, comprendiendo que es mejor separarse antes de terminar destrozados, sin dejar de ver que me dejaron libre y no sólo para estar conmigo, sino para intentar encontrar alguien que quiera despertar conmigo cada día, alguien que se meta hasta la cocina siempre, que quiera construir la casa de esa cocina, que disfrute mis triunfos, que me acompañe en mis caídas, pero que me quiera siempre tal como soy ahora: una mujer de 30 que se le cayó un poquito el mundo y, que encima de todo, atravesó un oceáno sólo para constatar algo que venía presintiendo y que no quiso ver. Yo digo que hay que hablar para entender la causa de los problemas, pero también, cuando hay tantos problemas que ni siquiera se quieren ver, ni hablar, es que no es, no era.
Todas las mujeres estamos locas, dices, pero tú no te quieres quedar con esta loquita. Y yo, yo no quiero volver a sentir esa incomprensión que desata un temporal así en mis mares, porque eso que no dijiste yo lo vi en tus ojos, vi el pabilo corto, la flama casi extinta y rabié porque no supe bien a bien qué estaba pasando y fui una idiota, sí, y tú también.





FOTOGRAFÍA: "Rota". La moto que se me arrancó, tú me la vendiste. Saber qué pasa que nadie se avienta el tiro completo. Saber qué fue de la seguridad que me diste cuando sí querías meterte hasta la cocina. Saber a dónde se fue el amor, la comprensión. Eso debió haber sido la emulsión para lubricar el engranaje.

4 comentarios:

fruitman dijo...

ánimo mariana. la vida sigue, y eso es lo importante... nada más importante que eso. un abrazo desde el otro lado del océano :)

Lexéemia dijo...

Lo mismo que en el mensaje pasado: ánimo Pollo y aunque suene a librillo de de superación personal, "después de la tempestad llega la calma"... y así es. Además ya sabes... "que pase lo que tenga qué pasar".

ojoambulante dijo...

Uf! pues hasta en la cocina suceden los accidentes más inesperados. Mejor que fuera así, de frente, es lo menos que se merece uno chingao! CO-MU-NI-CA-CIóN, será mucho pedir?.
Un abrazo solidario.

Mariana* dijo...

Pues ya estoy más tranquila. Ya pasó el shock de las primeras horas, los primeros días, cuando no entiendes, simplemente no entiendes que de repente lo tienes todo y de repente ya no. Las pérdidas humanas duelen demasiado y como que se me juntaron los 30, el regreso a casa, el reencuentro con Guadalajara, la pérdida de la maleta, uff, pero lo más triste, ver partir a Tomás para salvarse como una consecuencia de mi crisis, de mi incapacidad de frenar mi carro para no chocar con él. Hizo bien, cada quien tiene que ver por uno mismo. Los quiero, gracias.
*…*