jueves, enero 25, 2007

En busca de la pasión perdida

El señor hablaba de Legorreta. Yo me dí cuenta de que hace ya tiempo dejé de hablar. Recorrimos todas las salas de exhibición. Alrededor de 12. El señor insistía en cómo Legorreta hermanó el arte de varios artistas plásticos, como Mathias Goeritz, a su arquitectura, además de adaptar sus proyectos a la naturaleza del lugar en donde se planea la construcción. Yo pensé en lo difícil que es adaptarse a la naturaleza de los lugares, de las personas. Al final del recorrido, con una amable sonrisa, el señor estrechó mi mano. La suya estaba algo fría. Ayer en la madrugada una ligera lluvia cayó en Guadalajara y esta mañana hacía frío. Yo me dí cuenta de cuánto extraño entrevistar a alguien, fijarme en las palabras que estructuran su discurso y utilizar las mejores frases para redactar una nota que al otro día saldría publicada. Me dí cuenta que dejé de hacer lo que más amo en la vida porque tenía que salir del lugar en donde me encontraba. "Estaba harta de todo, iba a trabajar enojada, estaba molesta con todo el mundo y no me gustó, no quería seguir así", argumentaba.
La pasión con la que hablaba el señor me quitó el aliento y me dejó más helada que los 19 grados de la temperatura. Extraño estar cerca de esa pasión y emocionarme porque cuando la encontraba en los ojos de alguien me tocaba, me encendía, me hacía sentir muy viva. El último año lo pasé sobreviviendo a un medio ambiente un poco rudo. Bien dicen que lo que no te mata, te hace más fuerte. Yo digo que lo que no te mata, te hace vivir algo para contar y aprender. Pero no me hace sentir tan viva como el contacto con las pasiones que tanto me gustaba. Era feliz encontrando esas vidas y hablaba con ellas. Hace mucho tiempo que dejé de hablar.
A veces pensamos que lo que tenemos no es en realidad lo que queremos, que lo que en verdad queremos está allá, lejos, del otro lado del mundo, quizá, pero no aquí en donde estamos ni en lo que hacemos. Hoy supe que siempre estuve donde quise estar y estuve haciendo lo que amo hacer: escribir, contar un fragmento de vida de una persona llena de pasión. A veces creemos que salir corriendo de aquí es la solución y, a lo mejor, sí que ayuda a tomar perspectiva de las cosas el tomar cierta distancia, pero no vale la pena mantenerla si te aleja de tus ideales.
Yo ya quiero estar aquí de nuevo, pero mientras llega ese día, voy a seguir escribiendo aquí.



FOTOGRAFÍA: "Yo, la de ese tiempo", luciendo una sonrisa, de ese tiempo, cuando la pasión enmarcaba mi vida como mi pared roja esta fotografía de aquellos tiempos. Yo, en la habitación de mi primer departamento en los inicios de mi vida de mujer independiente. ¡Dios! Sólo quiero eso. Tengo que traer lo mejor de ese tiempo a éste.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Pienso que es muy válido hacer una parada en el camino, para pensar lo que a uno le gusta, y eso esta muy chido, la verdad irte a otro lugar, cruzando el océano, empezar de cero, se necesita mucho valor y tu mariana, eres una mujer con mucho, apasionada por lo que escribe. El no hacer lo que a uno le gusta, es engañarse, es entregarse a la amargura.

Mariana* dijo...

Ciertamente no quiero vivir engañada y entregarme a la amargura. La tarea de los 30 es repasar los logros, las metas; hacer un recuento de lo que está y no está, entender por qué y conciliarse con las rupturas necesarias, con los reencuentros con uno mismo.
Hoy soy una mujer de 30 años que está sola porque decidió irse a buscar en otra parte y todavía no termina del todo esa búsqueda.
Quiero ser la mujer de 30 o 30 y pico segura de que está en donde quiere, con esa calma que da hacer lo que a uno le gusta hacer.
Pero sí que tengo que terminar lo que inicié, cambiar la página, hacer inventario y regresar a casa.
Gracias Tona. Siempre sabe bien saber que te leen. Es importante y lindo saber que tus amigos y seres queridos te leen. Chido y hasta la próxima.

Lexéemia dijo...

...a lo mejor ya te encontraste y no te has dado cuenta de ello...
Qué tengas éxito Mariana.

Mariana* dijo...

Aimeé, parte de la crisis es porque crees que no has dado con ello. Una montaña de "no sé" se me viene encima, me aplasta y me deja exhausta de tanto pensar, pero confío en que todo fluirá a pesar de mis necedades y dudas.
Te quiero. Gracias por tus palabras.