lunes, enero 08, 2007

30

Hoy cumplo 30 y lo único que me gustaría hacer sería comer un buen pedazo de pastel de fresas, para volver quizá a algún periódo de mi infancia, cuando mi padre y mi padrino peleaban por regalarme pasteles de fresas que tanto me encantaban. Las cosas eran más sencillas para mí entonces y no ahora cuando cumplo 30 sólo para enterarme que cumplir la treintena no te hacen ni más inteligente, ni más maduro, ni mejor, ni nada por el estilo. Sigo siendo la misma idiota que hace escenas de celos a su novio y no tiene claro por qué, ni razones para hacerlo. ¿Habrá sido porque mencionó el episodio de los chiles jalapeños que tuvo que comer a fuerza en casa de Nicole en Uruguay? ¿Fue acaso la molesta espera por la que tuve que pasar pensando "a Tomás ya se le fue el pedo, qué pedo, ahora qué hago"? ¿Fue porque nada más tomamos unas cuantas cervecitas, vino rosado y también algo de blanco? Lo que sea que haya sido, le armé un pancho a mi novio y tronó la bomba, se derrumbó todo el resto del fin de semana, se cayeron los planes de lo que sea: se paró el mundo en el capítulo del dolor.
Tengo ya 30 y sigo siendo el manojo de inseguridades que fui a los 15. Tengo 30 y no me he convertido en lo que siempre pensé que sería a los 30. De hecho, no pensaba en ser nada a los 30, porque simplemente no pensé que cumpliría 30. 30 es una putada y a la vez me da un gusto enorme, es un sentimiento encontrado: es verdad, temo envejecer y no hacerlo dignamente. Por lo pronto he dejado en su sitio a las 3 canas que ya tengo entre mis cabellos castaños y no pienso arrancarlas aunque crezcan todas tiesas cuales canas y den un nuevo brillo a mi cabeza.
Volviendo a lo de los celos estúpidos e irracionales: nunca ni por un momento sentí de verdad celos por ninguna de las féminas con quienes estaba Tomás tragando rosca, pero me volvió loca que estuviera ahí como si nada departiendo, mientras yo lo esperaba como pendeja y yo hacía esperar a mi vez a Tona, Natalia y Alma que ya querían montar su casita de campaña y dormir.
Merezco lo que viví ayer: me cargó la verga por lo menos unas 30 veces en el día por pendeja, porque no sé lidiar con mis impulsos. Me cargó la verga con todos los silencios y desprecios de Tomás hacia mí. Entonces me dio miedo y ahora sí que no supe ni qué vergas hice. Pobre pendeja de 30 años que sigue igual de pendeja que a los 15. Ja. Sólo por eso deberían cantarme la canción ésa de "...y mueve la caderita, olvidate del estréss..." que ponían en un programa mamonsisímo de Televisa.
Crecer duele, pero más duele quedarte en la pendeja y no aprender. Cómo duele aprender, chingado.



[¡Ay! ¡Ojitos! Ya perdóname lo pendeja, ¿si? Que ya aprendí la lección.]








FOTOGRAFÍAS: "Beautiful Sayulita", que aunque se tornó triste, las imágenes sólo documentan la parte feliz. Y qué feliz que fui. Nunca te voy a terminar de agradecer Tomás, toda la dicha que me has dado y sí, me merezco un puntapié con tu desprecio.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

El crecer es algo que no podemos parar, algo natural en la vida, asi como el nacer y la muerte. Siento que lo que nos queda son los buenos momentos que permanecen en nuestra vivencia personal la cual nos va formando y en lo pesonal, yo jamas me imagine a los 10 años que a mis 31 iba a vivir lo que he vivido y la percepcion cambia, ya no me importan los juguetes, ahora me atrae vivir para morir. Ayer platicabamos de las canas, que no me han salido, se ven bonitas, y esta chido darles su lugar, sera una pequeña señal que no se puede parar al tiempo, que suele ser cruel y bondadoso, feliz cumpleaños Mariana!!

Coché dijo...

Ah qué la marianita, Feliz cumpleaños pues, seguro que cada cana encontrará su lugar, que cada rabieta se irá desinflando y que lo importante importará. Hay que vernos un día de estos, páseme su fon... el mio es 333 954 45 07. Un abrazote...

Mariana* dijo...

¡Gracias muchachos, qué lindos! Sí que nos estaremos viendo Coché, te mando un mensaje por el cel.

fruitman dijo...

uh, anduve desconectado estos días y se me paso tan grande día!

feliz cumpleaños para mi alumna preferida que, como todos, aprende y desaprende y vuelve a aprender. así es la vida, y lo importante es estar ahí para seguir viviéndola, con las gafitas rojas y la sonrisa de la última foto :)