viernes, noviembre 24, 2006

Ser bien amado


"En mi mundo chatarra lo más importante es el amor", escribí en mi adolescencia en un arranque visceral de sinceridad y autocomplascencia. En cierto sentido, no estaba tan errada. ¿A quién le disgusta ser amado, pero bien amado? Sólo algún tonto o primate se decantará por una negativa rotunda, creo yo. E igualmente los tontos y los primates buscan el seno cálido que les resguarde con mimos y atenciones.
Lo más doloroso del caso “quiero ser bien amado”, cuando se establece una relación, es que en la realidad se puede convertir en lo que no debiera ser: una ríspida cuestión de desasosiego existencial en algunas ocasiones basado en la carencia de un verdadero diálogo entre los implicados. En cuanto una de las partes se reusa a prestar atención, en el instante en que cancela la presteza de los sentidos que le habilitan la recepción, aprehensión y comprensión del mensaje que se le intenta entregar, desde el extremo en que se encuentre, así esté en frente de su interlocutor, no se efectuará la reciprocidad que, vinculada a los afectos, cumplirá el ciclo supuestamente natural de la comunicación, de manera que la relación se resquebraja un poco y otro poco cada vez que esto sucede.
Mi mundo chatarra ha cambiado sin duda desde mi abigarrada adolescencia y ciertamente entonces no estaba consciente de la parte relacionada a la comunicación y de que resulta vital para que realmente exista eso de poder “ser bien amado”.
Lo más irónico de las sociedades en que vivimos actualmente, integradas por individuos que persiguen el estatus de “bien amado”, es que si bien perpetuan día a día el consumo de aparatos electrónicos habilitando con éstos los supuestos medios necesarios para la comunicación, es que el acto que se busca consumar a través de ellos no llega, ni tantito, a realizarse de manera efectiva.
Las precupaciones surgidas desde mi mundo chatarra no difieren mucho de las de otros habitantes de otros mundos y, creánme, cómo me gustaria que fuera de otra forma.


FOTOGRAFÍA: “If I were Clementine, would I be happy?”, una poética alusión.


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