domingo, noviembre 12, 2006

Fauna laboral

Pensaba que la fauna que me había topado en todos mis anteriores trabajos era insuperable en cuanto a las peculiaridades propias de las subespecies confinadas al trabajo de oficina: siempre hay una tonta con suerte; un huevón con suerte; una víbora que ansía todo el poder del universo, cual Golum, y un reinado eterno; el lambiscón insoportable, pero con suerte al fin; un farol que exhibe en su escritorio todas la Letras Libres posibles como “señal” de inteligencia y, al final, tiene suerte; la mosca muerta que ya se cogió a toda la redacción y que siempre va por más, porque tiene suerte; el que aprieta la palanca del spray para ladrones que justamente dice “no utilizar en espacios cerrados” y que jode a la hipersensible y delicada fresa cool de al lado; el totem intelectual al que todos acuden para obtener una respuesta insuperable o que simplemente es alabado incuestionablemente por el resto de simples mortales; la esquizofrénica que come frenéticamente mientras escribe las 5 notas del día; el cerdo que mira tetas y culos sin discriminar; el que golpea el escritorio cuando su equipo de fútbol va perdiendo; el gay de closet con ínfulas de algo; la que quiere renunciar desde el primer día que fue contratada, por mencionar algunos ejemplos en una larga e interminable cadena de especímenes oficinezcos.
Pasé por una redacción, por la docencia, por una estación de radio, por una agencia de publicidad, y nunca, nunca pensé entrar a un submundo tan bizarro y por momentos incomprensible como lo es el mundo de la hostelería, pero el hambre está cabrona y me ví obligada a aceptar la oferta del trabajo en un restaurante.
Si bien el episodio terminó, por ahora, quedaron en mí secuelas post traumáticas de las que estoy intentando sanar. Nada que el tiempo no cure.

FOTOGRAFÍA: “Y todos tan felices, tendremos que trabajar sin volvernos locos”. Buenos tiempos con mis extraños compañeros de jornadas laborales que llegaron a parecer interminables, extensas, largas y tediosas cual sermón dominical que te obligan a escuchar cuando tienes 11 años.
De derecha a izquierda: amable servidora, llegando al aventón; Víctor Ramón Camisa Botón, alias "El Johan"; Señorito Matteo o simplemente Mati, poniéndo cuernitos; Edu, primo de Johan y amante del cortado special; Paolo Tanadini o Taradini a secas, y Arnel Sotero, adicto a las trufas, su único mal.

3 comentarios:

fruitman dijo...

tú relación de personajes es completa y transferible... casi creo que describiste a la gente de mi oficina. bueno, te faltó el diseñador alternativo con rastas. un saludo :)

Mariana* dijo...

Jajajajaja...Es verdad, pero es que donde he trabajado no era territorio alter, y algunos sitios tenían incluso tintes fascistoides, jeje. No me premio de ello, pero hay que comer y ya sabes, lo libre uno lo lleva adentro y blablabla.

Carlos dijo...

Muy buen blog, le felicito. Tal vez le interese EL ARTE DE LA VENTAJA, libro virtual para descargar en

http://www.personal.able.es/cm.perez/Extracto_de_EL_ARTE_DE_LA_VENTAJA.pdf

El trabajo, la responsabilidad y el esfuerzo son necesarios pero insuficientes para alcanzar el éxito y aún para sobrevivir. Sobran ejemplos, quizás usted también se ha dado cuenta. ¿Entonces, qué más es necesario? Saber sobrevivir con astucia en el mundo. Lo que te han contado no es suficiente para triunfar: los conocimientos de este libro se aplican de forma inmediata con resultados excelentes.

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http://www.personal.able.es/cm.perez/

Un saludo