jueves, noviembre 30, 2006

Beldades a medias



La belleza de las calles recién lavadas. La belleza del viento frío del amanecer. La belleza que atrapan los ojos de Tomás. La belleza de la felicidad minúscula unos días antes de hacer maletas parte de la nueva vida y retornar. Esas bellezas no están en la cola de 7 horas para pedir una Autorización de Regreso que me exige el gobierno español para volver a la que por ahora es mi casa aunque la espera haya estado amenizada por las mejores voces de mi iPod. Y todo porque mi permiso de estudiante está en trámite y me tengo que ir ya.

*

Un día un amigo me preguntó por el msn en qué creía yo que nos parecíamos a los españoles. No pude, a pesar del corto tiempo de mi estancia aún, sino responderle: en lo pendejos.

*

La belleza de las diversas culturas que poblan el planeta. La belleza de la precariedad en que se funden los pobladores de las culturas más ricas, pero más pobres de esta tierra. Esa belleza que tanto alaba y admira el llamado primer mundo, la quiere, sí, la respeta, sí, pero allá en su casa, allá en su parcela, allá tras lomita, con su mugre y su analfabetismo. Aquí, aunque los que hacemos filas de 7 horas les limpiemos el culo, aquí no somos bellos, ni humanos, ni queridos, ni respetados por el sistema más retrógrado que he conocido. Quién me manda, ya lo sé.






FOTOGRAFÍAS: "Citadino I y II". Lo único realmente hermoso de haberme levantado onda 7.30 am de la cama ese día, fueron estas hermosas tomas de las torres de La Sagrada Familia de Gaudí, vistas desde la azotea de mi piso. Tenía que tender la ropa al sol.

martes, noviembre 28, 2006

Mirror friend



FOTOGRAFÍA: "En los espejos de un café" (je, je, je) o "Gemma en la pared" o como quieran y manden vuestras mercedes.

domingo, noviembre 26, 2006

In the city that never sleeps...


Viviendo en la ciudad que nunca duerme esta noche yo misma no consigo pegar ojo. No cuando dormí durante 15 horas este domingo, de 7 am a 10 pm.
Supongo que mis neuronas se repusieron de todo el estrés del universo vivido durante una semana de trámites e incertidumbre y yo logré sobreponerme al robo de uno de los accesorios de mi bicicleta, lo cual, me dolió bastante. El robo, aunque minúsculo, me hizo sentir ultrajada.
Ahora sólo me resta finiquitar algunos pendientes y por fin subiré al avión. Por fin. Aunque no sé con qué Guadalajara vaya a encontrarme y esa reunión la sé difícil, premonición que no puedo evitar sentir, aunque me tiene sin cuidado, me preocupa más el hambre que me acaba de dar ahora que en realidad debería estar durmiendo.


FOROGRAFÍA: "Threesome". Torres en Avinguda Paral.lel.

viernes, noviembre 24, 2006

Ser bien amado


"En mi mundo chatarra lo más importante es el amor", escribí en mi adolescencia en un arranque visceral de sinceridad y autocomplascencia. En cierto sentido, no estaba tan errada. ¿A quién le disgusta ser amado, pero bien amado? Sólo algún tonto o primate se decantará por una negativa rotunda, creo yo. E igualmente los tontos y los primates buscan el seno cálido que les resguarde con mimos y atenciones.
Lo más doloroso del caso “quiero ser bien amado”, cuando se establece una relación, es que en la realidad se puede convertir en lo que no debiera ser: una ríspida cuestión de desasosiego existencial en algunas ocasiones basado en la carencia de un verdadero diálogo entre los implicados. En cuanto una de las partes se reusa a prestar atención, en el instante en que cancela la presteza de los sentidos que le habilitan la recepción, aprehensión y comprensión del mensaje que se le intenta entregar, desde el extremo en que se encuentre, así esté en frente de su interlocutor, no se efectuará la reciprocidad que, vinculada a los afectos, cumplirá el ciclo supuestamente natural de la comunicación, de manera que la relación se resquebraja un poco y otro poco cada vez que esto sucede.
Mi mundo chatarra ha cambiado sin duda desde mi abigarrada adolescencia y ciertamente entonces no estaba consciente de la parte relacionada a la comunicación y de que resulta vital para que realmente exista eso de poder “ser bien amado”.
Lo más irónico de las sociedades en que vivimos actualmente, integradas por individuos que persiguen el estatus de “bien amado”, es que si bien perpetuan día a día el consumo de aparatos electrónicos habilitando con éstos los supuestos medios necesarios para la comunicación, es que el acto que se busca consumar a través de ellos no llega, ni tantito, a realizarse de manera efectiva.
Las precupaciones surgidas desde mi mundo chatarra no difieren mucho de las de otros habitantes de otros mundos y, creánme, cómo me gustaria que fuera de otra forma.


FOTOGRAFÍA: “If I were Clementine, would I be happy?”, una poética alusión.


jueves, noviembre 23, 2006

Reflejante



FOTOGRAFÍA: "Skyscraperless", porque hoy me sentí carente de algo y seguramente fue porque yo misma no lo dí. Sin altura, ¿se pierden de vista cosas importantes? Qué pareja: ciega como polilla pegada al foco, evadido como avestruz sumergido en la tierra.

martes, noviembre 21, 2006

Ésta cyborg que soy


Estoy un poco triste porque mis extensiones tecnológicas no me dan para ser la cyborg que siempre he querido ser. La iBook que compré en el 2001 como herramienta indispensable de la vida académica que postergué cuatro años, no tiene la memoria ni la capacidad para cumplir mis sueños de naciente blogger y mi Canon G2 balbucea unas cuantas imágenes con la poca batería que le queda.
Creo que no es justo. Apenas estaba convirtiéndome en la mujer que siempre había soñado ser cuando mis limitaciones tecnológicas cuartan ahora la posibilidad de ser esa linda cyborg que aspira llegar a ser toda habitante de esta aldea global, cuasi vegetariana por compañerismo, recicladora practicante, pedaleadora incansable y amante de la soja, el te verde y de un mono rojo que abrazo cada noche para dormir como yo.
Criticamos las dependencias emocionales, pero, ¿qué tal con las tecnológicas? Supongo que como con las emocionales, habrá que asumirlas y aceptar que se es “sanamente dependiente”.
*_*


FOTOGRAFÍA: “Zá, zá, zá”, por como se pronuncia la palabra cyborg, no vayan ustedes a mal pensar. Jajaja.

domingo, noviembre 19, 2006

Olvido






















Lo había olvidado. El miedo dificulta mis movimientos.

[Es injusto sentir que no puedo abandonarlo. Es injusto llamar para pedir ayuda habiendo tantos kilómetros de por medio, porque las palabras no son las adecuadas para vestir el nudo en la garganta. Pensé que me iría a dormir tranquila, feliz al sentir la voz, sus texturas, su risa. Perdí fuerza, brío. Estoy de vuelta en mi limbo personal y floto, si, incierta, cansada de tanto hablar y ser magníficamente patética en mis aleteos verbales. No tengo ese asidero. No sé lo que quiero y entonces lo pierdo todo. Con las migajas apostaré otra vez.]

El miedo se me había olvidado.

viernes, noviembre 17, 2006

Metáforas gastronómicas

- ¿En que se parece una relación a la comida china?

- En que comienzas con un rollito primavera y terminas con un cerdo agridulce.

jueves, noviembre 16, 2006

Otro cielo


















FOTOGRAFÍA: "Cielito madrileño". Allá en la memoria, donde reside la felicidad. Allá en pasos de chancla veraniega. Casi puedo tocar con los dedos la efímera sustancia de tranquilidad de esos días en otra ciudad.

martes, noviembre 14, 2006

Chez moi, chez vous


J'habite dans un rue très tranquille à Barcelona. Il'est à Gràcia, une belle zone dans une belle ville.

Si vous montez au troisième étage, vous me trouverez dans le numéro quattre.


J'aime bien les visites. Vous êtes bienvenues. La porte est ouverte.


lunes, noviembre 13, 2006

The Modern Cat as it is


There’s no such a thing as a modern cat, dijo Thom. I’m telling you, for real, the fucking cat appears only when I’m alone and it speaks about things I can barely understand, but that has something to do with my life.
No importó qué argumentara, Thom descreyó totalmente lo que le dije y pensó que era el chiste del mes o algo así. Y como el gato, se dio la media vuelta y se fue. Claro, pensé yo, a estas alturas montarme una historia de gatos que se aparecen ante mí como fantasmas y entonces pensé en Leandro Fresco y la maravillosa mezcla que hizo de una rola de Cerati. Eureka, sólo debía llegar a casa, quitarme los zapatos y esperar a ver si hoy tocaba.
Había dos cosas que disfrutaba enormidades hacer con Thom: beber te con galletitas e ir él al cine, lo cual, resultaba bastante estimulante, sobre todo si la película tenía algo qué ver con Inglaterra y en este caso fue el turno de la monarquía en aquel fatídico capítulo de la muerte de Lady Di. Recordé el instante en que yo me enteré del deceso de la ex princesa de Gales. Fue un día después de que asistiera al último concierto que Soda Stereo ofreció en el Palacio de los Deportes en el D.F. Thom rió bastante durante la película, se mofó una y otra vez de las muecas de la actriz protagonista.
Me desprendí de chaqueta, bufanda y botas. Fui por un vaso de agua y a punto estaba de tumbarme frente al televisor para mirar cualquier bobada cuando un silvido que entonaba una canción de Cri-Cri me obligó a fruncir el seño. ¡Gato cabrón! Si, sí, gato cabrón, pero este gato te va a salvar la vida. Mi cara de incredulidad no cambió durante los siguientes 10 minutos. Que si Pollock, que si Chillida. A mí no me interesa el arte por ahora, yo estoy en otras cosas. ¡Mecachímdena! Ni la realeza o ver Operación Triunfo te van a salvar la vida, tendrías que haber comprendido ya que la vida está en otra parte y que las cremas no disminuirán las arrugas que el tiempo tanto ha tardado en labrar en tu delicado rostro, así que pon algo de atención que no por nada me llaman el Gato Moderno desde hace medio siglo ya. Cerveza en mano, porque sí, el gato bebe cerveza, aseguró que teníamos poco tiempo. Y absorta, me rendí ante su lavia.

FOTOGRAFÍA: “Gato de ojos grandes”, de Liliputa, algo manipulada para el realce natural de su belleza.

domingo, noviembre 12, 2006

Fauna laboral

Pensaba que la fauna que me había topado en todos mis anteriores trabajos era insuperable en cuanto a las peculiaridades propias de las subespecies confinadas al trabajo de oficina: siempre hay una tonta con suerte; un huevón con suerte; una víbora que ansía todo el poder del universo, cual Golum, y un reinado eterno; el lambiscón insoportable, pero con suerte al fin; un farol que exhibe en su escritorio todas la Letras Libres posibles como “señal” de inteligencia y, al final, tiene suerte; la mosca muerta que ya se cogió a toda la redacción y que siempre va por más, porque tiene suerte; el que aprieta la palanca del spray para ladrones que justamente dice “no utilizar en espacios cerrados” y que jode a la hipersensible y delicada fresa cool de al lado; el totem intelectual al que todos acuden para obtener una respuesta insuperable o que simplemente es alabado incuestionablemente por el resto de simples mortales; la esquizofrénica que come frenéticamente mientras escribe las 5 notas del día; el cerdo que mira tetas y culos sin discriminar; el que golpea el escritorio cuando su equipo de fútbol va perdiendo; el gay de closet con ínfulas de algo; la que quiere renunciar desde el primer día que fue contratada, por mencionar algunos ejemplos en una larga e interminable cadena de especímenes oficinezcos.
Pasé por una redacción, por la docencia, por una estación de radio, por una agencia de publicidad, y nunca, nunca pensé entrar a un submundo tan bizarro y por momentos incomprensible como lo es el mundo de la hostelería, pero el hambre está cabrona y me ví obligada a aceptar la oferta del trabajo en un restaurante.
Si bien el episodio terminó, por ahora, quedaron en mí secuelas post traumáticas de las que estoy intentando sanar. Nada que el tiempo no cure.

FOTOGRAFÍA: “Y todos tan felices, tendremos que trabajar sin volvernos locos”. Buenos tiempos con mis extraños compañeros de jornadas laborales que llegaron a parecer interminables, extensas, largas y tediosas cual sermón dominical que te obligan a escuchar cuando tienes 11 años.
De derecha a izquierda: amable servidora, llegando al aventón; Víctor Ramón Camisa Botón, alias "El Johan"; Señorito Matteo o simplemente Mati, poniéndo cuernitos; Edu, primo de Johan y amante del cortado special; Paolo Tanadini o Taradini a secas, y Arnel Sotero, adicto a las trufas, su único mal.

viernes, noviembre 10, 2006

Oh! L'amour!



Dice Natalia que estabamos afuera de la Mutualista. La verdad no me acuerdo con exactitud, pero puede ser, puede ser.
Al mirar esta imagen, me remití a diferentes momentos que he pasado en su grata compañía: la fiesta que hicieron ella y Tona en su depa atrás del Fiestamericana; algún jueves de Calavera; una carne asada en la casa de Miguel Blanco, e inevitablemente la fatídica cena de Año Nuevo de 2003, que estuvo como a pedir de boca para cerrar tan lindo año, digo, tomando en cuenta que vi a mi ex novio posar con una naciente playmate tapatía, que luego llamaría al periódico donde laboré varios años, para amenazar con una demanda que porque yo la mandé entrevistar, lo cual no fue cierto, pero bueno, ver al tipo con el que estás enrollada en una secuencia de fotos como la que yo vi, no se lo deseo a nadie, ni a mi peor enemigo.
Dice Natalia que está muy contenta viviendo en Vallarta con Tona. Me imagino, además de vivir con su pareja, cumplió un sueño, vamos, todos queremos vivir en la playa y qué mejor que con nuestra media naranja.
Yo definitivamente celebro parejas tan lindas como esta. Además, en la foto parece como si justamente estuviera haciendo eso, pero no, sepa dios qué andaba tramando.


FOTOGRAFÍA: "L'amour", tomada por alguien, ja, pero rolada por Natalia, tan linda ella y dueña de la cámara con que se tomó.

jueves, noviembre 09, 2006

Cuckoo for pan amb tomaquet!

No sé a qué huevón se le ocurrió que la frescura del jitomate no sólo iba bien en rebanadas, sino que cuando de bocadillos se trata, embarrarlo en el pan es tan bueno como llevarlo en medio. Por influencia gabacha, en México lo que solemos embarrar en el pan de un emparedado es la mostaza y la mayonesa que, hay que reconocerlo, ha sido una excelente contribución yankee al mundo.
En España, no sé por qué chingados, se degluten bocadillos secos. Si no tienes un trago cerca, puedes morir ahogado. Pero son así, bien pinches secos: pan, un pedazo de fiambre al gusto, ya sea jamón del país, jamón dulce, o sea, jamón york, chorizo, salami, atún o queso sin más que otro pedazo de pan del otro lado y ¡a hincarle el diente!
Qué triste es comer así, cuesta mucho acostumbrarse. Hasta que un día, no sé cómo ni por qué di con el pan con tomate y resulta que por lo menos el pinche pan del bocadillo ya no es tan pinche como antes.
Celebro al huevón ése que dio en el clavo (por lo menos alguien dio con uno).






Receta para tapatíos

Ingredientes:

-Pan en rebanadas. Si es integral es mejor, aunque si estás intentando prepararte uno ahora que regresas de haberte tomado media docena de cervezas, pues lo que sea es válido. Agarra ese birote del desayuno y pártelo a la mitad, como si de un lonche se tratara; mejor aún, toma esa vieja baguette que sobró del fin de semana pasado, como la vas a tostar, no importa que esté dura y rancia. Es más, hasta el pan bimbo jala.

-Jitomate saladet, de ese ovalado, los redondos grandotes que te sirves en rodajas para la hamburguesa o el sandwich son demasiado, es material fuera de control tomando en cuenta tu estado.

-Aceite de oliva.

-Queso, tu favorito, el que haya en el refri; o jamón o cualquier cosa que se te antoje que vaya sobre el pan, el atún o sardinas también aplican, es al gusto. El Philadelphia untable es una buena opción, sobre todo si le esparces pimienta negra molida encima y le pones unos trocitos de aguacate. ¡Para chuparse los dedos!

-Un barrilito de Corona si es que te sobró alguno de la fiesta, jejeje.

Instrucciones:

1. Toma la rebanada de pan y, literalmente, exprime el jitomate como si de un limón se tratara, con la única diferencia de que no hará mucho jugo, sólo el suficiente para aderezar con su esencia el pan. Luego de exprimir, úntalo en la rebanada, el chiste es embarrarlo de jitomate.

2. Pon unas gotas de aceite de oliva. Procura hacer todo sobre un plato, en tus condiciones, seguro harás reguero y medio y tu mamá no lo va a apreciar mañana por la mañana.

3. Agrega el queso o lo que hayas encontrado, más que elegir, en el refrigerador.

4. Si lo que quieres es un bocadillo estilo baguette, pues repite la operación en otra rebanada de pan y colócalo sobre la anterior. ¡Mmmmmmh! ¿A qué está bueno? En realidad es lo único bueno que he podido probar de la comida catalana.

¡Buen provecho! Y no, no le agregues picante, no va con el sabor del típico pan amb tomaquet.


FOTOGRAFÍA: “¡Panecillo ven a mí!”, porque sí, estoy loca por el pan con tomate. ¡Mola!

martes, noviembre 07, 2006

Código: camper


Debo tener un ácaro instalado en mi garganta y en mi nariz, y otro seguramente en mi cerebro. Otro más en la brújula que guía mi camino, porque voy errada enterándome de las oportunidades justo cuando ya no puedo tomarlas.
Ese ácaro maldito me está causando una alergia gilipollas que he logrado controlar a ratos, pero ¡en mi vida había sido alérgica a otra cosa que no fuera la estupidez!, talento que me saca incluso ronchas del tamaño de una moneda de 10 pesos.
¡Ácaro de mierda, sal de mí! Y no sale, seguro está enchinchado de tal forma que ya hasta tumor se hizo y crece, crece como el grito del que tiene una bola de boliche por corazón, por alma. No he de hablar mucho más por hoy de los boludos éstos, los que destilan ese aroma petulante del que quiere, pero no puede, del arribista que ni esposándose con la realeza llegue a lamentar el guisante bajo el colchón porque, básicamente, no tiene esencia.
Pasé el tiempo suficiente sintiendo su aliento chocar contra mi cara, demasiado incluso y ni mi paso errante o necesitado de una piedra en donde asirme me llevará ahí, al lugar donde tantas ronchas rasqué.


FOTOGRAFÍA: "Get a life, if you can", grafitti ubicado en el costado derecho del Mercat de la Boquería hecho por una tía que justo ahora, por pendeja, no me acuerdo del nombre y como me da por nombrar cada una de mis fotos. La víbora mordiendo su propia cola. ¿Será posible tal cosa? Nomás ver...

sábado, noviembre 04, 2006

Relaciones

"Están las que te abren hacia algo nuevo y exótico, aquellas que son viejas y familiares, las que te traen montones de preguntas, las que te llevan a algún lugar inesperado, las que te alejan del punto en donde empezaste y las que te traen de regreso. Pero la más excitante, retadora e importante de las relaciones es la que tienes contigo mismo. Y si encuentras a alguien que ame al tú que tú amas, bueno, eso es simplemente fabuloso". Carrie Bradshaw



Dos años y muchos meses después de la emisión del último capítulo de Sex & the city, una de mis series súper favoritas, he podido ver por mí misma el episodio final y pude llorar con mis chicas favoritas por celebrar el amor por el puro gusto de celebrarlo en sus vidas.
Debería agradecer en realidad a los guionistas o a Candace Bushnell por crear a Carrie, ya que las últimas palabras que dice ésta son simplemente geniales y comulgo con la idea por sobre todas las cosas: encontrar a alguien que ame el tú que tú amas, lo que en verdad eres sin todos esos velos y máscaras que llevamos por la vida debajo del brazo para protegernos del medio ambiente, eso es lo mejor que te puede suceder en la vida. Eso y nada más. Por eso cuando lo encontré me tuve que hacer tiempo para reparar mis caídas alas académicas. Por eso cuando lo encontré me tuve que dar cuenta de que nada de lo que viví antes era amor, sino una serie de dependencias emocionales mal interpretadas y mal llevadas, en las que mis múltiples personalidades se disputaban el corazón de seres que por inalcanzables, parecían ideales.
Lo único maravilloso de aquellas vanas experiencias fue conocer lo peor de mí en diferentes situaciones (¡auch! Sí, ¡auch!).
Lloré con Carry. Sé quedó con su "grandote", se dejó de patrañas y siguió con su vida adelante. Me encanta esta serie, aunque la he recorrido completa, nunca dejará de sorprenderme. Sirve como el pequeño manual de toda chica moderna. Jajajajajajaja.

Yo, insegura


Reconocer la existencia de los celos en la carne cuesta menos aún que reconocer la inseguridad propia. Grande como las torres que Gaudí edificó para la Sagrada Familia, como la Torre Agbar de Jean Nouvel o como el miembro de Ewan McGregor, la inseguridad nos hace sombra y ensombrece con su talento muchas de nuestras actividades cotidianas.
Realmente son poquísimas las personas que hacen algo al respecto y acuden a un gimnasio para esculpir un cuerpo más sano, por ende, más atractivo; más pocas son las que levantan su voz a todo lo alto vestida por las palabras: si, soy inseguro, pero quiero cambiar.
Promover un cambio, no obstante, es menos probable aún, sobre todo tratándose de personas que han trascendido a una supuesta adultez en años, pero que siguen siendo los adolescentes imberbes que adoraban excitarse con el escote de su maestra de secundaria. Por eso es más fácil aceptar los defectos de las personas como una realidad que o se ama o se deja, porque nunca va a poderse evitar.
Hay estudios que aseguran que de tanto repudiar nuestra imagen proyectada en un espejo, forjamos la inseguridad que tanto rechazamos. Somos nuestro peor enemigo, somos nuestro más duro juez.
Luego de poco más de un año de vivir alejada de mi típico cotidiano, lejos del ser amado, he olvidado muchos de los bordes propios de las relaciones. Por irónico que parezca, estaré como pez en el agua, pero de vuelta a ser vulnerable al entorno, a ser presa de mis propias inseguridades. El mentado anónimato del que he hablado me libera de tal forma que puedo salir sin más arreglo que recoger mi cabello y coger la primera chaqueta que encuentre a mi paso para andar en la calle y sentirme así segura, tranquila, hermosa y feliz. ¿Saben ustedes cuándo la voraz sociedad tapatía me va a permitir eso? Nunca, aunque salga con unas super gafas Prada, de esas que tapan la mitad de la cara; las vibraciones emitidas por cada juicio se transmiten vía terrestre provocando cosquillitas a flor de piel, la tremenda cosquilla maligna que te obliga verte bien para ser juzgado bien que además sólo sentimos los pendejos, los inseguros.

Somos la tierra en la que nacimos, el color del cielo. Somos la mierda que abona esa tierra que nos parió, el color del barro. Somos la belleza y la bondad de los índigenas ultrajados. Somos caquices y asesinos como los cabrones que nos conquistaron. Y somos en cada acto esta inseguridad de la verga.

















FOTOGRAFÍA: "Moi, l'insécurité en marche". Y digo, tampoco está tan de la verga, no soy un manojo de inseguridades, pero llevo unas cuantas a cuestas, es sólo que aparento muy bien, como todo el mundo, ¿no?

viernes, noviembre 03, 2006

Come kitty, come!

El gato no daba señales de vida. Me asomé por los rincones, desordené los cojines segura de que lo encontraría debajo de alguno, abrí gavetas, ventanas y puertas que cerré al tiempo que me convencía de que no volvería jamás, aunque resulte un atrevimiento nulificar hechos que no dependen de uno mismo, pero pequé de soberbia y aseguré haberle perdido.
Pero este gato cabrón, además de moderno, se paró detrás mío y de una carcajada irrumpió en el salón, me sacó un susto tremendo y dio inicio a su aleccionamiento del día: si buscas no encontrarás nada en la nevera, vacía como tu vida a veces, fría como el invierno en ciernes, enorme como tus errores. Simple mortal, me dijo, no acabas de entender que debes ser paciente y aprender a esperar las bondades que la vida te tiene preparadas, que, mi estimada humana, la vida te pone las cosas en frente, que tú no quieras verlas es otro cuento, como el que te voy a contar.
El relato del gato moderno me dejó fría como la nevera descrita. El gato es generoso y se inserta entre Sherman y Ono, aunque prefiere a Duchamp. ¡Qué gato éste!