lunes, octubre 30, 2006

No todos los gatos son lo que parecen

Estaba terminando de disfrutar la última cucharada de mi Sojade, delicia 100 por ciento proveniente de agricultura vegetal, con 0 por ciento de lactosa, bifidus y aderezada con un sútil toque de ciruela, cuando se apareció ante mi un gato moderno. Lo miré incrédula y expectante mientras me contaba de las maravillas de la playa de Blanes. Supondo, le dije, que iré a Blanes en algún momento de mi vida, porque así como fui a Cadaqués para constatar el pasó de Dalí por tan bello pueblecito ensartado en la Costa Brava, tendré que tocar con mis propios dedos la arena que pisó algún día Roberto Bolaño. Tan lejos y tan cerca, me dijo el gato moderno. Sí, así son las cosas mi querido amigo, aparentemente tan cercanas, pero alejadas lo suficiente para que vivamos de la ilusión de tenerlas algún día, de hacerlas propias en una versión personal, de estrujarlas en la memoria y masticarlas para alimentar nuestra miserable vida. El gato se despidió y desapareció por el pasillo rumbo a quién sabe dónde mientras yo terminaba de revolver con la cucharilla los restos de mi sano alimento. De tan sana me doy miedo. Espero que el gato me visite otra vez.

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